jueves, 9 de julio de 2009

YO, LIENZO....LOS TATUAJES

EXPRESO 13 de octubre de 2008

Cuidado con piercing bucales

El 80% de adolescentes peruanos con esas piezas de metal en la boca presenta perdida de dientes.

Los piercing bucales facilitan las infecciones y la posible transmisión de microorganismos como el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y las hepatitis B y C debido a la obstrucción de metal que se coloca en la lengua, afirmó Jim Tulio Romero, coordinador de la Estrategia Sanitaria Nacional de Salud Bucal del Ministerio de Salud.

El especialista dijo que en los casos de incrustaciones de piezas de metal en la lengua puede ocasionar un edema debido a la obstrucción, además que facilita la transmisión del virus del VIH, las hepatitis B y C, así como del herpes simple y de otras toxinas que dentro del torrente sanguíneo pueden tener un efecto devastador para el sistema nervioso y el sistema inmune, detalló. La colocación de piercing, igualmente, provoca contracción de las encías, con lo que el diente queda desprotegido y puede llegar a caer. Además de los daños típicos luego de la incrustación del piercing, Tulio Romero dijo que también existen lesiones periodontales en los tejidos duros y blandos porque la colocación de esas piezas metales es lingual y labial. Ello origina, explicó el experto, que el 80 por ciento de jóvenes y adolescentes peruanos con piercing lingual o labial presente pérdida en su estructura dentaria o en la zona de los molares e incisivos inferiores.

“La cicatrización y las reacciones adversas como consecuencia de los piercing intraorales son numerosas, pero las más observadas son el dolor y la inflamación constante”, afirmó. Por esas razones, Tulio Romero recomendó que todas aquellas personas que lleven un piercing en la boca visiten a su odontólogo cada dos meses. “Es importante educar e informar a los jóvenes peruanos sobre los cuidados que deben tener cuando se lleva un pendiente en la boca ya sea en forma prolongada o eventualmente”, finalizó.
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El Comercio 06 10 08

TATUAJES
Yo, lienzo

Lejos de la pose, el tatuaje es una opción estética y hasta una propuesta artística. Tanto para quienes deciden llevarlo como para los que trabajan haciéndolo.
Por Fernando González

El quejido de Anita se ahogó tras el zumbido de la máquina tatuadora. El sonido --que recuerda a un estudio de dentista por el rapidísimo martilleo y la mueca de dolor-- invade incesante el pequeño ambiente y se detiene cada cierto tiempo en intervalos irregulares, como un código morse indescifrable que oculta el significado de la mariposa que Anita se acaba de tatuar en el tobillo. Siempre hay una primera vez. Y una segunda, porque ni bien terminaron de hacérselo, se recostó y le hicieron otro más. Uno no es ninguno, dicen.

Anita (23) llegó al mediodía a Coyote's Tatoo (en la bajada Balta en Miraflores) y ya se habían hecho al menos cinco tatuajes y un piercing antes. Coyote's lleva ahí más de 15 años y a su lado hay otros estudios: Inmortal Art y Dakar, lo que le da a ese lado de las tiendas comerciales de la bajada Balta un aire a rincón especializado.

Genaro, tatuador de Coyote's, cree que el tatuaje es más que un dibujo en la piel, es arte --afirma--, es un trabajo. Lo mismo piensa 'Jade' --como prefiere ser llamado--, del estudio Arte Sagrado. Ellos coinciden en su pasión por el arte en la piel y en su definición de esta forma de estilizar --o malograr, según otros-- el cuerpo.

Modificar el cuerpo con dibujos con algún sentido para el portador o su círculo social tiene una remota trayectoria. Esto ya se hacía en el Perú hace 1.700 años, en la cultura Moche. Se hacía en la antigua Europa y en Filipinas. Y se sigue haciendo ahora, y pese a significados o poses, termina siendo una cuestión de estética corporal. Por eso mismo hay un buen número de personas que no lo harían, pues simplemente no escogen ese tipo de estética.

Genaro y 'Jade' coinciden también en que las cosas han mejorado bastante --en términos de profesionalismo y salubridad-- desde que comenzaron a surgir los primeros estudios profesionales de tatuajes en Lima hace una década y algo más. Mariola Saavedra, aprendiz del reconocido tatuador Stéfano Alcántara, piensa lo mismo. No solo tienen en común la pasión por los tatuajes, también el arte en las manos. Los dos primeros han llevado varios talleres de dibujo, y Mariola pasó por las aulas de Bellas Artes, antes de dedicarse completamente a sus hijos y a decorar cuerpos, comenzando por el suyo: ya va por los nueve tatuajes.

Anita salió de Coyote's cojeando ligeramente por las dos gracias que acababa de hacerse y con la sonrisa de quien se ha salido con la suya. Y para los que prefieren no alterar su piel por cuestiones de religión, temor o prudencia, siempre les quedará la opción de no hacerse nada.

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