viernes, 9 de septiembre de 2011

RESTOS DE SALVADOR ALLENDE FUERON SEPULTADOS EN CEREMONIA PRIVADA EN CHILE


EL COMERCIO SETIEMBRE 9, 2011

Restos de Salvador Allende fueron sepultados en ceremonia privada en Chile

Familia del ex presidente chileno decidió cancelar el funeral masivo por respeto a las víctimas del accidente aéreo en el archipiélago Juan Fernández

(Fotos: AP)
Santiago de Chile (EFE) . Los restos del ex presidente chileno Salvador Allende fueron sepultados ayer en el mausoleo familiar del Cementerio General de Santiago en una ceremonia privada, informó hoy la familia en una declaración pública.

El cuerpo de Allende fue trasladado desde el Servicio Médico Legal (SML), donde permanecía desde el 23 de mayo tras ser exhumado en el marco de una investigación judicial, al cementerio capitalino, donde su hija, la senadora Isabel Allende, dirigió unas palabras en recuerdo del fallecido gobernante.

En un principio estaba previsto que los restos de Allende fueran inhumados en un acto público el pasado domingo 4 de septiembre, en coincidencia con el 41 aniversario de su elección como presidente de Chile.

Sin embargo, la familia decidió cancelar la ceremonia pública y enterrarlo en privado por respeto a las 21 víctimas mortales del accidente aéreo del viernes de la semana pasada en el archipiélago Juan Fernández.

“La familia Allende y la Fundación Salvador Allende reiteran sus agradecimientos a todos aquellos que quisieron acompañarnos desde todos los rincones del país, pero debido a los distintos acontecimientos ocurridos recientemente se optó por un acto privado e íntimo”, explica la familia en la declaración difundida hoy.

EL TERCER FUNERAL DE ALLENDE
El cuerpo de Allende fue exhumado en el marco de una investigación que dirige el juez Mario Carroza, con el propósito de determinar judicialmente las causas de su muerte.

Los exámenes, en los que participó un equipo internacional de expertos, corroboraron la versión de que Salvador Allende se quitó la vida de un disparo en la barbilla el 11 de septiembre de 1973, en La Moneda, durante el golpe que encabezó Augusto Pinochet.

El de ayer fue el tercer funeral para el político chileno, que primero fue enterrado en un cementerio de Viña del Mar, de noche, sin testigos y en una tumba sin nombre, por orden del régimen castrense que derrocó su Gobierno.

En 1990, restablecida la democracia, los restos de Allende fueron trasladados a Santiago e inhumados, tras un acto multitudinario, en el mausoleo familiar del Cementerio General de la capital.
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EL COMERCIO JULIO 19, 2011

Confirmado: Salvador Allende se suicidó durante el golpe de Pinochet

Tras conocer el informe de la justicia chilena, hija del ex mandatario dijo que lo hizo “antes de ser humillado”

(AP)
Santiago de Chile (DPA). La Justicia chilena confirmó hoy que el presidente socialista Salvador Allende se suicidó con un fusil AK-47 durante el bombardeo al palacio presidencial de La Moneda el 11 de setiembre de 1973, encabezado por el general Augusto Pinochet.

“Ante las circunstancias extremas que vivió, tomó la decisión de quitarse la vida antes de ser humillado”, dijo al conocer el informe la senadora Isabel Allende, hija del mandatario.

La versión del suicidio, cuestionada por algunos tanatólogos y periodistas, fue ratificada en un informe del Servicio Médico Legal (morgue), en el que participaron expertos internacionales. “Estamos en condiciones de poder asegurar que se trata de una muerte violenta de etiología médico legal suicidio sin lugar a dudas”, dijo el médico español Francisco Echeverría. “La lesión que existe en el territorio encefálico se ha producido como consecuencia de un disparo por arma de fuego con un fusil que estaba prácticamente en apoyo con la mandíbula”, agregó el experto.

La información, entregada al juez que investiga los hechos, Mario Carroza, fue confirmada además por el director del Servicio Médico Legal, Patricio Bustos.

Por su parte, el representante de la Cruz Roja Internacional para el Cono Sur, el veedor colombiano Felipe Donoso, calificó el proceso de “ejemplar”, destacando su “trasparencia”.

SE DESCARTA ASESINATO
Las pericias, solicitadas por la Corte Suprema, la familia del presidente Allende y organismos de derechos humanos, partieron en mayo con la exhumación de los restos del líder socialista. El informe, firmado en forma unánime por peritos nacionales e internacionales, desvirtuó así versiones que apuntaban a que Allende fue ultimado por los militares o sus propios colaboradores.

El presidente Allende, el primer marxista que triunfó en las urnas en una elección democrática, siempre intuyó que el proyecto político que lideraba sufriría un golpe militar desde sectores conservadores. “De aquí, al cementerio, yo no soy hombre de exilio”, dijo a sus ministros en su primera reunión de trabajo en La Moneda. “Esta es carne de estatua”, agregó a otros en diversas reuniones.

El día del golpe, cuando aviones Hawker Hunters y tanques atacaban La Moneda, Allende ordenó a sus colaboradores que abandonaran el palacio presidencial y resistió con un puñado de hombres la asonada, entre ellos sus amigos, guardaespaldas y médicos personales. “Otros hombres superarán este momento amargo y gris”, resumió en una arenga final que hizo a sus seguidores en un mensaje radial grabado momentos antes de su suicidio.

Cuando los militares ingresaban a La Moneda, Allende ingresó a un salón, tomó el fusil AK-47 regalado por su amigo Fidel Castro y se disparó. El arma fue tomada por los militares y nunca apareció.

Este año, en una decisión histórica, la Corte Suprema ordenó investigar todos los cientos de casos de violaciones de derechos humanos que permanecían sin juicio en el país. Entre ellos estaba la muerte de Allende, considerada la primera violación de derechos humanos por los informes oficiales emitidos en democracia.

En Chile, durante la dictadura militar unas 3.000 personas fueron ultimadas o desaparecidas, según estos reportes. Otras 50.000 fueron torturadas, incluidos niños de dos años.
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PERU 21 MAYO 23, 2011

Exhuman los restos de Salvador Allende

Forenses examinan el cadáver del exmandatario chileno para determinar si se suicidó o fue asesinado durante el golpe de Estado de 1973.

Un grupo de médicos chilenos y extranjeros exhumaron esta mañana los restos del expresidente chileno Salvador Allende para esclarecer si se suicidó o fue ejecutado durante el golpe de Estado que instauró la dictadura de Augusto Pinochet en 1973.

La diligencia, ordenada por el juez Mario Carroza, se efectuó en el mausoleo de la familia Allende en el Cementerio General de Santiago. Tras ser exhumados, los restos fueron sometidos a algunas pericias antes de ser trasladados al laboratorio de antropología del Servicio Médico Legal (SML), donde serán analizados por un equipo de forenses chilenos y extranjeros.

“Este proceso judicial busca establecer la verdad sobre lo ocurrido en ese trágico 11 de septiembre de 1973, y en especial las circunstancias que rodearon la muerte del presidente”, señaló Isabel Allende, hija del exmandatario, en una declaración al final del procedimiento.

“Nuestra convicción de que el presidente Allende tomó la decisión de morir como un gesto de coherencia política en defensa del mandato que le fuera entregado por el pueblo, no debemos olvidar que su muerte ocurrió en el contexto de bombardeo y asalto al Palacio Presidencial de La Moneda ”, añadió.

De otro lado, Patricio Bustos, director del SML, indicó que se le practicará un examen radiológico y una clasificación de antropología a las osamentas de Allende y que trabajarán junto a odontólogos y forenses balísticos para determinar la causa de su muerte.

“Nosotros objetivamente tenemos la dificultad del tiempo transcurrido y el estado de conservación de los restos, pero al mismo tiempo tenemos el avance científico ocurrido en estos años”, manifestó.
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COMERCIO 12 de septiembre de 2008

CHILE. A 35 AÑOS DEL GOLPE MILITAR
Nueva teoría forense señala que Allende fue asesinado

Michelle Bachelet reabrió el despacho del ex presidente en La Moneda
Por Moisés Ávila Roldán. Corresponsal

SANTIAGO DE CHILE. El 11 de setiembre de 1973, en medio de disparos, explosiones y de la toma del Palacio de La Moneda por parte de las tropas militares enviadas por Augusto Pinochet, el hasta entonces presidente Salvador Allende decide quitarse la vida, poco antes de que los soldados ingresaran a su despacho. Este testimonio fue corroborado por un grupo de médicos, que no solo constató profesionalmente el hecho, sino que lo vio de cerca. Sin embargo, a 35 años de esos acontecimientos, aparece una nueva versión que habla más bien de un asesinato.

Para el perito forense Luis Ravanal, existen elementos suficientes para creer que hubo intervención de terceros en la muerte de Allende. Asegura que hubo una serie de omisiones en los procedimientos forenses que se practicaron en esa época y ha pedido un segundo análisis de los restos para establecer con precisión la causa y la naturaleza de la muerte.

Según Ravanal, hubo al menos dos impactos de bala ocasionados por armas de fuego diferentes: uno que genera el orificio de salida en la bóveda craneal y otro que hace estallar el cráneo. "Las lesiones descritas en el informe de autopsia del presidente Allende no son compatibles con un disparo de tipo suicida", precisa el análisis de este perito, publicado por la revista "El Periodista".

La hija del ex gobernante, la diputada por el Partido Socialista Isabel Allende (prima y homónima de la escritora), rechazó esa versión. "Ese es un capítulo cerrado. Si el doctor Ravanal quiere tener esa opinión, está bien, que la tenga; pero la familia Allende desde hace muchos años ha sustentado fidedignamente lo que establecieron los médicos que lo acompañaron hasta el final", señaló.

Para los testigos, entre ellos los médicos Patricio Guijón y José Quiroga, una vez que los militares ingresaron a la casa de Gobierno, Allende entró solo al salón Independencia y se colocó la ametralladora --con la que intentó defender La Moneda-- en la mandíbula y luego accionó el gatillo.

PAÍS DIVIDIDO
El mismo escritorio, la misma silla, los muebles y la sala en la que recibía a sus visitas. A 35 años de su muerte y del golpe militar, el Gobierno restauró la oficina de Allende, en el lugar en el que probablemente habría estado hasta el día de su muerte, y que luego fue desarmada por orden de Augusto Pinochet.

Con la ayuda de testigos, entre ellos su secretaria y un grupo de jóvenes que estuvo en La Moneda aquel día por la mañana, además de algunos ministros de Estado de la época, se trató de reconstruir cada espacio que albergó al desaparecido gobernante. "La fuerza logró avasallar físicamente la sala donde murió el presidente Allende, pero la memoria permaneció allí. Y eso es lo que hoy recuperamos para todos los chilenos, porque la historia la hacen los pueblos", dijo la presidenta Bachelet, ayer en una ceremonia. Al palacio presidencial llegaron multitudes con ofrendas florales y cánticos.

La fecha fue ocasión para poner en evidencia que Allende y Pinochet siguen partiendo Chile en dos. La noche del martes también hubo una celebración de parte de la Fundación Pinochet, en la que participaron los familiares del fallecido dictador, entre ellos su viuda Lucía Hiriart. "Gracias a él, Chile es lo que es hoy en día", sostuvo su hija y candidata al Congreso, Lucía Pinochet.

Rindieron homenaje a ex mandatario
SANTIAGO DE CHILE [EFE]. A diferencia de otros años, hoy hubo disturbios menores en la capital chilena por el aniversario 35 del golpe militar de Augusto Pinochet, pero abundaron los homenajes a Salvador Allende.

Los actos en memoria del ex mandatario, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años, comenzaron con un homenaje del Partido Socialista a los miembros de su guardia personal que el 11 de setiembre de 1973 fueron detenidos y ejecutados. "Salvador Allende dejó una profunda huella de lealtad al pueblo", señaló la presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Marta Godoy, quien recordó que hay más de 1.100 casos que todavía esperan justicia y lamentó la falta de apoyo del Gobierno.

Viviana Díaz, vicepresidenta de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos, recordó frente al monumento a Allende que hace 35 años "se interrumpió un Gobierno elegido democráticamente".
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LA PRIMERA 11 de septiembre de 2008

El golpe a Allende

(1) Salvador Allende, el ‘compañero presidente’, recibe a mineros de Lota. (2) El golpe de Pinochet fue una masacre contra su pueblo.

“O la tumba será de los libres o el asilo contra la opresión”. Así reza una parte del himno de Chile. Durante muchos años fue, junto con México, el asilo de extranjeros que llegaban al país huyendo de las dictaduras latinoamericanas. Pero, a la vez, su propia historia mostraba la falta de escrúpulos para imponer el orden de los poderosos. Caupolicán, Manuel Rodríguez, la masacre de Santa María de Iquique, la matanza de Puerto Montt, son nombres sombríos, pues todos ellos murieron a traición.

“Es Chile un país tan largo/ mil cosas pueden pasar/ si es que no nos preparamos/ resueltos para luchar…”, afirma en su final la Cantata de Santa María de Iquique, que cuenta la masacre cometida contra los trabajadores del salitre el 21 de diciembre de 1907.

La Cantata fue un emblema de los grupos militantes de la Unidad Popular, aquella coalición que llevó al gobierno a Salvador Allende, quien se adelantó a su tiempo al querer realizar transformaciones sociales en democracia. Allende, como se sabe, fue traicionado por un militar que se decía su subordinado: Augusto Pinochet; pero también por radicales de izquierda que rechazaban la vía democrática y creían que debían “extremar las contradicciones” para iniciar una revolución.

Allende, tildado por los envidiosos de ‘pijecito’ (pituco), intentó la "vía chilena al socialismo, con vino y empanadas”, diferenciándose de los modelos estalinistas. Nacionalizó el cobre, inclusive con el voto de la derecha; inició una profunda reforma agraria; estableció un conjunto de empresas bajo el régimen de propiedad social; dio gran importancia a la educación y a la cultura.

La respuesta fue el bloqueo económico impuesto por EE.UU., congelando las ventas del cobre, mientras se favorecía el mercado negro mediante el acaparamiento de mercaderías e insumos. La prensa chilena de derecha, pagada por el imperialismo, inventaba todos los días mentiras para desprestigiarlo, y había intensas presiones a las Fuerzas Armadas para dar el golpe de Estado.

A diferencia de presidentes de pacotilla que se entregan a los intereses oligárquicos, y pese a los enormes escollos que los sectores fascistas le imponían, el “compañero presidente” subía cada vez más en las encuestas. En las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, la UP obtuvo el 45% de los votos.

El Congreso, con una mayoría de derecha, aprobó un voto que planteó la inconstitucionalidad del Gobierno Popular.

Nixon dio la orden
En este tira y afloja era lógico pensar que Allende iba a ganar en el plebiscito nacional que iba a convocar ese 11 de septiembre. Los confabulados se concertaron para adelantar la realización del golpe, originalmente planificado para el 15 ó 16 de septiembre.

La orden había sido dada por Richard Nixon y secundada por Henry Kissinger. La preparación del golpe de Estado fue impartida desde la Escuela de las Américas en la zona del Canal de Panamá.

El derribo de Salvador Allende fue uno de los más sangrientos de la historia de Sudamérica, con un número de víctimas entre cinco mil y treinta mil. Augusto Pinochet suspendió la Constitución, disolvió el Congreso, impuso una estricta censura y prohibió todos los partidos políticos. Miles de personas fueron arrestadas y centenares de ellas ejecutadas o torturadas; muchos chilenos se exiliaron, otros simplemente “desaparecieron”.

Pinochet y los Chicago Boys
La periodista María Olivia Monckeberg asegura en su libro "El Saqueo de los Grupos Económicos al Estado Chileno" que "el proceso de privatización de empresas del Estado, desarrollado en Chile entre 1985 y 1989, fue el primero de América Latina y mucho más radical incluso que el de Inglaterra, considerada la cuna de las privatizaciones".

Según la autora, el Estado de Chile se deshizo de 30 empresas, “lo que le significó una pérdida calculada en más de mil millones de dólares".

El enriquecimiento ilícito de Pinochet es ampliamente conocido. No así las ilegalidades de su Ministro Insignia, Sergio De Castro. En el 2007, la Justicia declaró la quiebra de éste por deudas impagas por miles de millones de pesos. Existen diez juicios ejecutivos por deudas en contra de De Castro y otras deudas a Corpbanca y BCI, que alcanzan a cerca de 3 mil millones de pesos. Ese mismo año, la Tesorería General de la República solicitó el remate de tres inmuebles del ex ministro.
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LA PRIMERA 26 de Junio de 2008

César Hildebrandt

Cien años sin soledad

Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Salvador Allende, suicida a los 65 luego del bombardeo de La Moneda ordenado por Pinochet, ejecutado por Leigh y festejado por Nixon y todas las hienas de la Caverna latinoamericana, empezando por “El Mercurio”, el diario que la CIA infló con millones de dólares según los documentos desclasificados en los últimos diez años.

Yo tenía 25 años esa mañana de tragedia predecible. Recuerdo que estuve desde muy temprano en la embajada chilena en Lima, compartiendo con el embajador socialista de Allende las noticias que él recibía directamente, por radio y teléfono, desde Santiago.

Chile nunca había sido tan hermano como en esos años de sueños comunes. ¿Quién se hubiese atrevido a recordar agravios salitreros cuando todos mirábamos el futuro socialista y en paz, democrático y plural, que Allende se empeñaba en construir con lo mejor de la inteligencia chilena y frente a lo peor de la canalla derechista de todas partes?

No había tiempo para dedicarse al pasado en esos tiempos en los que todo lo bueno parecía amenazado. Y quienes nunca pudimos transar con el estalinismo habanero y su concentración pavorosa de poder en un solo hombre cada vez más intolerante, vimos en Allende y sus dificultades el trámite inexorable que los socialistas democráticos debían de cumplir para no parecerse a ningún patriarca vitalicio.

Y cuando vinieron los crímenes, las provocaciones, las voladuras de gasoductos, pensamos que enfrentar eso, al lado del pueblo chileno, era mejor y más limpio que ver a liberadores de antaño transformados en enemigos de la poesía de Heberto Padilla.

Pero luego vino la huelga de los camioneros encabezados por León Vilarín, agente de la CIA, y la guerrilla fascista de Patria y Libertad, ¬aceitada por Kissinger y liderada por Pablo Rodríguez y Jaime Guzmán, ambos en la planilla opaca de la CIA, y luego la huelga patronal de la Sociedad de Fomento Fabril, alentada por la CIA e instrumentada por el Partido Nacional, heredero de quienes habían empujado al suicidio al liberal presidente Manuel Balmaceda en 1891, y por la Democracia Cristiana, ya abiertamente militando en el golpismo.

Yo había estado en Chile en 1971, cubriendo las primeras elecciones complementarias del Congreso que Allende había perdido en Valparaíso. Había recorrido muchos lugares y había hablado con mucha gente –desde Volodia Teitelboim a Carlos Altamirano, de Luis Corvalán a Patricio Aylwin– y había llegado a la muy compartida conclusión de que Chile estaba en camino, por decisión de la Caverna internacional, de una confrontación armada en la que Allende y los suyos –en ese momento, la mitad de Chile– serían masacrados.

Recuerdo que una noche, en Valparaíso, en una boite que parecía el set para una película basada en un cuento de José Donoso, Augusto Olivares, “el Perro Olivares” –secretario de prensa de Allende– nos había dicho a un grupo de periodistas extranjeros que las cosas se iban a poner más feas prescindiendo de cuáles fueran las señales de paz que diera el gobierno. ¬“Aquí los momios están acostumbrados a ganar”, dijo el entrañable Olivares; el mismo Olivares que aquel 11 de septiembre de todas las infamias, metralleta en mano, resistió en La Moneda hasta donde pudo y a eso de las diez de la mañana se pegó un pulcro tiro en la sien.

Había visto también, en ese viaje, hasta qué punto la izquierda tanática, encarnada en Carlos Altamirano, en parte del Mapu y en la totalidad del MIR, facilitaban el trabajo de la CIA atizando el “enfrentamiento final” con las Fuerzas Armadas, por aquel entonces todavía en manos de comandantes en jefe decentes e institucionalistas.

Y cuando llegó, en marzo de 1973, ¬aquel proceso electoral en el que la ¬Unidad Popular obtuvo una victoria, a pesar del desabastecimiento salvaje impuesto por el empresariado y de las tomas de fábricas dictadas por el extremismo de izquierda, muchos sentimos un gran ¬alivio. ¿Se atreve¬rían los fascistas a ahogar en sangre a un gobierno que conservaba cifra tan alta de apoyo popular?

Ahora sabemos que fue en ese momento, precisamente, cuando la CIA y los Edwards, el fascismo y el empresariado golpista, Kissinger y la Democracia Cristiana, tomaron plena conciencia de que sólo con las armas echando plomo a discreción se librarían de la pesadilla de un gobierno que había nacionalizado el cobre en medio del fervor popular y que, pacientemente, gobernaba en el angosto margen que le había quedado para seguir siendo democrático.

Así que esa mañana del 11 de septiembre de 1973, 48 horas antes de que ¬Allende anunciara el referéndum que decidiría la continuidad del régimen, cuando al amanecer la flota chilena zarpó de Valparaíso, todos supimos que el espanto había empezado su última cuenta regresiva. Y mientras se decía que Allende buscaba a su recién nombrado comandante del ejército para que pusiera las cosas en orden y los teléfonos de Leigh en la Fuerza Aérea y de Carvajal, en la Armada, sonaban sin contestar, nosotros escuchamos, en la embajada chilena en Lima y gracias a una radio de onda corta, el primer y escalofriante mensaje de la Junta facista. Una de las órdenes era fusilar a quien quebrara el toque de queda, programado para pasadas las 6 de la tarde.

Después supimos de los bombardeos ¬aéreos en las instalaciones de las radios ¬allendistas –la Portales, la Corporación– y de la demolición, también desde un avión de la FACH, de la residencia presidencial de Tomás Moro.

Pero ni siquiera en ¬ese momento pudimos imaginar la crueldad exaltada de este sicariato en que se había transformado la Fuerza Armada chilena. Todas las masacres de mapuches, todas las matanzas de obreros sublevados en el norte (Santa María de Iquique fue la versión chilena de La Comuna de París), toda la furia de una derecha decidida a matar como escarmiento y a vengarse para recuperar sus certezas patrimoniales, todo el odio mugriento de los pelucones asustados, se comprimió en el rostro de Augusto Pinochet Ugarte.

¿Fue un iluso Allende? No. Fue un idealista. ¿Pudo hacer otra cosa que gobernar como lo hizo? No hubiera podido hacer otra cosa: fue leal a su compromiso de asomar a Chile a un socialismo en democracia. ¿Cometió errores? Por supuesto y el primero fue, probablemente, no romper con la izquierda provocadora que parecía aliada del fascismo.

He escuchado ayer algunos discursos de Allende. Resulta prodigiosa la vigencia tenaz de muchas de sus ideas en torno al abuso imperial de los Estados Unidos, la dependencia como desgracia, el saqueo de nuestras riquezas como destino impuesto por el llamado “orden internacional”, la asimetría del intercambio comercial y la urgencia de unidad de los países que no quieren borrar de su lenguaje la palabra dignidad.

Allende se mató para no caer en manos de quienes, un año después, harían volar de un bombazo a Prats y a su mujer. Como Balmaceda en Chile, como Eduardo Chibás en Cuba, Allende fue un héroe de la propia consecuencia. Su vida fue la de un demócrata impertérrito. Y su fracaso no fue el triunfo de Castro, que en privado dijo más de una vez que lo que le había pasado a Allende le pasaría a todos quienes quisieran construir el socialismo respetando las reglas de la tolerancia.

Digamos que ese fracaso fue episódico. Hoy el mundo reclama un liderazgo como el de Salvador Allende, un ¬ejemplo como el que predicó, una sensibilidad social como la que lo condujo al poder y al martirio casi al mismo tiempo.

Allende nos espera instalado en el futuro. Pinochet espera a los Edwards y afines en el fantasmal vertedero donde será, para toda la ínfima eternidad humana, el viejo tembloroso que mató, robó y esgrimió su ancianidad para no ir preso. El héroe de Milton Friedman resultó que, fuera del poder, se cagaba de miedo.

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