jueves, 14 de enero de 2010

AMANTE ASEGURO QUE MRS. ROBINSON ERA "INSACIABLE"

EL COMERCIO ENERO 14, 2010

Amante aseguró que Mrs. Robinson era “insaciable”

12:51 | Kirk McCambley confesó que tuvo que inventar un cáncer de próstata para alejarse de la mujer

Aunque para muchos el caso de la adúltera primera dama de Irlanda del Norte haya entrado en pausa tras la dimisión temporal del primer ministro Peter Robinson y el internamiento de Iris Robinson en un centro psiquiátrico, los norirlandeses continúan al tanto de los detalles del escandaloso romance que mantuvo ya la famosa Mrs. Robinson.

De acuerdo con el diario Daily Mail, el joven amante, Kirk McCambley, se había sacudido la lujuria sexual de la primera dama aduciendo que le acababan de diagnosticar un tumor en un testículo y el médico le había recomendado tomarse un respiro en su desenfreno genital. Según el periódico, el joven estaba abrumado por las demandas sexuales de la primera dama, a quien habría descrito como ‘insaciable’.

El diario británico sostiene además que McCambley se hartó del acoso excesivo de Mrs. Robinson, quien ponía en riesgo su relación con su novia legítima: una chica de su edad.

Iris y Kirk se conocen desde que él era un adolescente y ayudaba en la carnicería familiar. Cuando el padre murió (2008), ella se comprometió a velar por el muchacho y esa tutela maternal derivó en un romance. A la postre, la madura Iris quiso convertir en empresario a aquel huérfano sin experiencia e incurrió en un conflicto de interés por haberle ayudado a ganar levantar su negocio.

El romance entre ambos acabó en algún momento y por algún motivo que aún no se conoce con precisión, sin embargo, se presumen que al concluir el ‘affaire’, Mrs. Robinson debió adivinar que el cáncer de testículo era sólo una excusa macabra. Entonces, despechada por el rechazo de su amante, intentó vengarse reclamándole todo lo adeudado.
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EL COMERCIO DICIEMBRE 13, 2009

Los escándalos sexuales más sonados de los personajes públicos estadounidenses

8:45 | El ex presidente Bill Clinton y el ex gobernador de Carolina del Sur Mark Sanford son solo dos de los predecesores del desenmascarado Tiger Woods

Por Miguel Vivanco Corresponsal

Los escándalos sexuales, protagonizados por legisladores y funcionarios públicos, son hechos recurrentes en la política de Estados Unidos. Cuando la prensa aún explotaba el caso de infidelidad matrimonial del gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford, quien desapareció cinco días para reunirse con su amante porteña en Argentina, un nuevo escándalo estalló en Washington. Ahora se trata de Scott Brown, candidato a ocupar el escaño senatorial del recién fallecido Ted Kennedy, que en 1982 posó semidesnudo para la revista “Cosmopolitan”.

A estos hechos podemos añadir los casos de legisladores de la talla de John Edwards, Dan Crane, Barney Frank, Mark Foley, Gerry Studds, Gary Condit y Tom DeLay, quienes por obedecer a los deseos de la carne y el dinero arruinaron sus carreras políticas en la última década.

El único sobreviviente de los escándalos vinculados directamente con el sexo es el ex presidente Bill Clinton. Él sigue en la política y todavía goza de respeto en el mundo, a pesar de haber protagonizado el mayor escándalo político por su relación con la becaria Mónica Lewinsky, que incluso lo llevó a ser objeto de un juicio político en el Senado para determinar si había mentido bajo juramento al negar inicialmente su vinculación.

Hay que recordar que desde los albores de la república, los historiadores han revelado que las relaciones extramatri-moniales marcaron la vida de los políticos más influyentes de la época. Ahora se sabe que hasta Thomas Jefferson tenía al menos un hijo (no reconocido) con una de sus esclavas negras, Sally Hemigs.

Lo sucedido con Scott Brown no es casualidad. Sus adversarios políticos revivieron su desnudo juvenil con el único propósito de dañar la imagen del Partido Republicano. Hoy todos los legisladores demócratas le recuerdan que hace 27 años fue bautizado como el hombre más sexy de América por un puñado de dólares.

Ante la evidencia fotográfica y el acoso de la prensa, los responsables de la campaña de Brown no han tenido otra alternativa que aprovechar el alboroto mediático para convertirlo en el sucesor de Kennedy. Uno de los avisos más originales reza así: “Vote por Brown. Él sí que tiene un “paquete” de estímulo”.

PELEANDO POR UNA CURUL
Pero al margen de los comentarios socarrones de la prensa, no hay duda de que las fotos en cuestión le han dado un giro inesperado a la carrera por la sucesión de Ted Kennedy. Ahora la procuradora general de Massachusetts, Martha Coakley, podría asegurar el triunfo del Partido Demócrata en elección especial del 19 de enero.

En seis semanas, los votantes de Massachusetts deberán elegir entre Coakley (56 años), una liberal con trayectoria impecable, y Brown (50), un conservador de bajo perfil que de la noche a la mañana resurgió en un ícono sexista.

Las llamas del escándalo político, avivadas por los medios de comunicación, han generado un serio dilema entre los electores indecisos e independientes de dicho estado. Elegir entre una mujer liberal, con perfil feminista, o un hombre conservador, amante de los desnudos.

Ted Kennedy, quien falleció el 25 de agosto de cáncer al cerebro después de haber ocupado el cargo de senador por casi 47 años, jamás se podría haber imaginado que la elección de su reemplazante no giraría en torno a ideas políticas sino al pasado sexual de uno de los aspirantes.

AMORES QUE MATAN
Al igual que la Luna, la capital estadounidense tiene dos caras diametralmente opuestas. Durante el día, numerosos políticos, deportistas y hombres de negocios privilegian el rígido protocolo, pero al caer la noche sucumben ante la lujuria. Deborah Jeane Palfrey, conocida como “la madame de Washington”, sabía de esa dualidad e instaló una red de prostitución que pronto la convirtió en millonaria.

En el 2007, estalló el escándalo cuando Palfrey fue llevada a los tribunales por evasión tributaria y luego de amenazar con vender al mejor postor todas las listas de llamadas de sus clientes para pagar su defensa, optó por divulgarlas de manera gratuita. Entre los clientes se encontraba el senador republicano David Vitter, quien no tuvo otra opción que pedir disculpas por haber cometido “un pecado muy grave”.

En mayo pasado, antes del inicio formal del juicio, el cuerpo de “la madame de Washington” apareció ahorcado en casa de su madre en Florida. Al parecer, Palfrey se había suicidado con una cuerda de nailon, tras dejar una nota de despedida, cuyo contenido se desconoce.

No se encontraron indicios de la participación de terceras personas en la muerte de Palfrey, de 52 años. Ella se encontraba en situación de libertad bajo fianza y encaraba hasta un máximo de 55 años de cárcel.

Palfrey estableció en 1993 “Pamela Martin”, que se anunciaba en la guía telefónica y los periódicos de Washington como proveedora de compañía de mujeres jóvenes, con educación universitaria y empleos estables, a cambio de 275 dólares la hora. Las autoridades federales señalaron que durante trece años la empresa empleó a 132 mujeres y generó unos dos millones de dólares mediante “actividades relacionadas con la prostitución”.

Una debilidad presente en todos lados
Los escándalos de tipo sexual no son exclusivos de los políticos estadounidenses. Deportistas y artistas también suelen transitar por el zigzagueante sendero del pecado. Hoy todos hablan de la infidelidad de Tiger Woods, después de un extraño accidente de automóvil ocurrido casi en la puerta de su casa en Florida en la madrugada del 27 de noviembre.

El pasado 2 de diciembre, el golfista reconoció que había sido infiel a su mujer. Desde entonces ha aparecido una decena de mujeres que afirman haber sido amantes del golfista número uno del mundo tanto antes como durante su matrimonio, una lista que podría seguir creciendo.

Mientras tanto, la cantante Jennifer López lucha en los tribunales para impedir que dos videos, en donde se le aprecia manteniendo relaciones sexuales con diferentes hombres, sean vendidos a las cadenas de televisión.
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EL COMERCIO DICIEMBRE 2, 2009

Amores en Chollywood: Parejas que negaron un romance y luego confesaron la verdad

7:05 | Están Mauricio Diez Canseco y Paula Marijuán, Tula y Javier Carmona, Jéssica Tapia y Álvaro Maguiña.

Los fuertes rumores aseguraban que habían sacado los pies del plato para iniciar una nueva relación sentimental, polémica y llena de escándalo, pero ellos lo negaron por todos los medios, hasta que un ‘ampay’ o el paso del tiempo terminó por sacar a la luz la verdad, y juntarlos.

JÉSSICA TAPIA Y ÁLVARO MAGUIÑA. La periodista ya tenía fecha de matrimonio con su novio de toda la vida, pero un ‘ampay’ de Magaly dejó al descubierto la infidelidad. La bella periodista mantenía una relación paralela con Álvaro Maguiña, un hombre casado y con hijos, quien dejó a su familia por la ex conductora de TV de “Panorama”.

JÉSSICA TAPIA Y ÁLAMO PÉREZ LUNA. Más de una vez se rumoreó que la periodista dejó a Maguiña para entregarse a los brazos del conductor de “Fuego Cruzado”, hasta que hace unos meses, ambos decidieron hacer público su romance, no sin antes asegurar que la relación apenas tenía algunos meses y que de ninguna manera habían engañado a sus respectivas parejas.

CLAUDIA HERNÁNDEZ Y ALFREDO FERRERO. La ex Miss Perú y el ex ministro de Comercio Exterior y Turismo al principio negaron todo vínculo sentimental hasta que hace unos días la ex reina de belleza decidió confesar que había encontrado en el importante político al hombre de su vida.

RAÚL DIEZ CANSECO Y LUCIANA DE LA FUENTE. Trataron de llevar su relación oculta, pues ella había sido pareja de su hijo y él aún no estaba divorciado. Hasta que la verdad salió a la luz y actualmente después de seis años, la pareja aseguró que se sigue jurando amor eterno. Un amor que obligó al político a renunciar a su cargo de vicepresidente y ministro de Comercio Exterior y a huir del Perú.

MAURICIO DIEZ CANSECO Y PAULA MARIJUÁN. El empresario dejó a Daysi embarazada para vivir su amor con Paula Marijuán. Al principio Diez Canseco negó la relación con la argentina, hasta que empezó a lucirse con ella en sus eventos y restaurantes. Convivieron y tuvieron un hijo, pero terminaron separándose.

TULA RODRÍGUEZ Y JAVIER CARMONA. La ‘Peludita’ y el ex esposo de Gisela Valcárcel negaron los rumores que corrían por los pasillos de Frecuencia Latina sobre la existencia de un romance entre ellos, hasta que un buen día, la ex vedette emitió un “mensaje a la Nación”, en donde no solo reveló vivir un tórrido romance con Carmona, también confesó estar esperando un hijo de él.

VIVIANA RIVASPLATA Y ROBERTO MARTÍNEZ. Cuando más de una persona aseguró haber visto a la bella modelo y al ex deportista en una playa norteña, ambos negaron la relación. Gisela Valcárcel, que en ese tiempo estaba casada con Martínez, no podía creer lo que pasaba hasta que la polémica pareja hizo público su amor que se consolidó con una boda civil.

JANET BARBOZA Y FEDERICO ANCHORENA. La conductora de televisión y el alto directivo de Panamericana Televisión mantuvieron en reserva la relación durante varios años. Magaly Medina nunca los ampayó, pero la verdad salió a la luz cuando la propia cajamarquina confesó que el romance con Anchorena había existido.
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PERU 21 NOVIEMBRE 29, 2009

Los fogosos amantes de la Torre del Reloj

La pareja fue vista por cientos de personas que caminaban por el lugar, ubicado en Sidney, Australia. Las imágenes dan la vueta al mundo.

Al parecer a los amantes no les incomodaba el ser vistos por todo el mundo. (20minutos.es)
Un arrebato de pasión puede llevar a las parejas a cometer locuras. Este es el caso de “los amantes de la torre del reloj”, como han bautizado a este par de anónimos y fogosos personajes en Sidney, Australia, tras ser vistos teniendo relaciones sexuales en uno de los ventanales de la mencionada edificación.

Las personas que caminaban por el lugar no dejaban de comentar, reír y hasta fotografiar a estos intrépidos amantes, a quienes al parecer no les importaba ser vistos porque siguieron con lo suyo. Las imágenes ahora dan la vuelta al mundo.

“Me sorprendió. Es de día y todo el mundo puede verlos”, dijo un turista alemán que tenía una vista privilegiada pues la ventana de la habitación donde se hospedaba daba justo al lugar donde la fogosa pareja tuvo su encuentro íntimo.
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EL COMERCIO NOVIEMBRE 25, 2009

Pareja escogió una torre de Sidney para hacer el amor

21:38 | A los imperturbables amantes no les importó ser vistos por curiosos en plena luz del día. El hotel donde se hospedaban bajo la torre les quedó chico

Dos apasionados jóvenes hicieron de la histórica torre del reloj de Sidney, Australia, su lecho amoroso durante algunos minutos, según informa el Daily Mail.

La pareja fue vista a eso de las 3:30 de la tarde del día viernes. Una multitud de curiosos se congregaron frente al Centro Comercial en frente de la torre, cerca de la Universidad de Sydney, pero nada parecía intimidar a los amantes.

“Cuando empecé a tomar fotos, todos los que pasaban por la zona comenzaron a mirar hacia arriba, a reír y sonreír”, dijo un testigo al diario citado.

“La pareja parecía saber que estaba siendo observada, pero permanecía completamente imperturbable”, agregó.

Se cree que los jóvenes estaban alojados en el hotel Unilodge de la parte inferior, que tiene acceso a la torre del reloj, un monumento construido en 1904, un poco menos conocido que el Sydney Opera House.
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PERU 21 NOVIEMBRE 3, 2009

Un "Don Juan" al desnudo: huyó cuando llegó el marido de su amante

Los vecinos de la zona inmortalizaron al joven, cuyas imágenes ahora dan la vuelta al mundo vía YouTube. Ocurrió en China.

Es una imagen recurrente. Una situación que nos es más que familiar. La hemos visto en el cine, en la televisión o la hemos vivido en “carne propia”. Bueno, ahora le tocó protagonizarla a un joven chino de 25 años que fue sorprendido con su amante por el marido traicionado. El “Don Juan” tuvo que escapar desnudo por una ventana.

Pero el problema es que su amante vivía en los altos de un edificio de apartamentos. No se sabe si fue el clima o la altura, pero Sun Meng se quedó paralizado sobre un aparato de aire acondicionado. Sin ropa y ante la atenta mirada de todos los vecinos del esposo engañado. Era un “rock star”. Le tomaban fotos y lo saludaban desde abajo.

Ahora sus imagenes son del delite en Internet. Según el diario inglés The Telegraph, este muchacho alegó que tenía temor de que el marido de su amante lo matara, así que aguantó “las risas” de quienes le vieron desnudo en un “día muy frío”.
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En la página Purrsonals, los amantes de los gatos pueden encontrar pareja. (purrsonals.com)

PERU 21 OCTUBRE 25, 2009

Los diez sitios web más raros para encontrar pareja

Si estas buscando tu media naranja, pero las páginas a las que ingresas solo te muestran lo mismo, aquí tal vez puedas hallar a Cupido.

Buscar una pareja en Internet es una práctica muy usual en esta época en que la que la mayoría anda ‘pegado’ a su computadora o smartphone. Es por ello que aquí te presentamos los diez sitios más raros para buscar pareja.

Si tu estilo es gótico, tu media naranja la encontrarás en Gothic Match, la página web número uno para amigos y amigas cuyo color favorito es el negro. Si el punk es lo tuyo, PunkMatch.com es el sitio ideal. Si eres un verdadero fanático de los gatos y quieres a alguien que comparta esa misma afición, Purrsonals.com es para ti.

A los que les gusta la historia de Atlántida y quieren a alguien con quien compartir estas historias, entonces Atlasphere es una buena alternativa. Si te gusta la ciencia ficción, Trek Passions es el lugar que buscas. A los que les encanta las personas disfrazadas de animales, Pounced.org es el sitio perfecto.

Si eres fanático de la tecnología, este es el lugar preciso para encontrar a tu pareja Geek 2 Geek. Aquellos que disfruten de la vida en las granjas, tienen que entrar a Farmers Only. Incluso hay un sitio web para aquellos que fuman marihuana llamado 420 Dating.
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EL COMERCIO OCTUBRE 8, 2009

Píldoras anticonceptivas cambiarían los gustos de las mujeres por los hombres

11:18 | Entre otras decisiones, las mujeres que toman estas pastillas suelen elegir hombres más afeminados, revela un estudio de científicos británicos

Londres (Reuters). ¿Por qué a algunas mujeres el corazón les late más rápido ante los rasgos femeninos de Orlando Bloom, mientras que otras se sienten más atraídas por la imagen de macho de Daniel Craig? Los anticonceptivos podrían ser el motivo, según científicos británicos.

Un grupo de investigadores indicó que las mujeres cuyas hormonas están químicamente controladas son menos propensas a buscar a los hombres musculosos y duros.

En cambio, según el equipo, las mujeres en ovulación que no toman píldoras anticonceptivas “exhiben una preferencia por las características más masculinas, se ven particularmente atraídas por los hombres que muestran dominancia y competitividad y prefieren parejas genéticamente diferentes a sí mismas”.

Las mujeres que toman anticonceptivos suelen elegir hombres más afeminados, que luzcan como ellas. Esto podría generar problemas a la hora de concebir, de acuerdo con el estudio realizado por la University of Sheffield.

“Existe evidencia de que la similitud genética entre parejas estaría relacionada con la infertilidad”, señaló la investigación, publicada en la revista médica Trends in Ecology and Evolution.

La píldora de control de natalidad podría además interferir en el funcionamiento de las leyes de atracción natural, dado que evita que las mujeres emitan mensualmente las señales de fertilidad que se cree que seducirían sutilmente a los hombres.

“La ovulación está relacionada con un cambio profundo en algunas características físicas, conductas y percepciones femeninas vinculadas con la atracción masculina”, agregó el informe.
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LA PRIMERA 31 08 09

Besos que atrapan

Los besos son los primeros contactos eróticos en una pareja. Suaves, tímidos, húmedos, fugaces. Hay besos de todo tipo y sabor. Casi se puede afirmar que besar bien es todo un arte que requiere paciencia, dedicación y por sobre todas las cosas “entrenamiento“.

¿Te has preguntado si sabes besar bien? ¿Conoces, por ejemplo, las técnicas de un beso “francés“? Se llama “francés”, “profundo” o “con lengua” y dominarlo es todo un desafío. Muchos creen que simplemente introduciendo su lengua en la boca del compañero están “besando” y están equivocados.

La infinidad de terminaciones nerviosas que recorren los labios producen sensaciones muy interesantes para recorrer, descubrir y estimular. Si besar fuera tan sencillo, ¿por qué algunos besan mejor que otros?

Según los expertos, existen tres claves imperdibles para un buen beso francés: Recorra con el extremo de la lengua debajo del de la pareja, acaricie el borde interno de las encías del otro, y la parte anterior del paladar, suavemente. Permita que su pareja sea receptora de sus besos y usted dedíquese a explorar la experiencia. Finalmente, no se olvide de intercambiar roles.

Pues, si usted creía que sólo existe una manera de besar, significa entonces que tiene un largo camino por recorrer aún para convertirse en un buen amante.

El milenario Kamasutra, un clásico del erotismo, asegura que existen “al menos” 30 tipos de besos, y que cuantos más se ponga en práctica durante un acto sexual o amatorio, mejor amante será. De los 30, se estima que seis son los más practicados por los conocedores del tema:

l De lado: ambas cabezas se inclinan en direcciones opuestas. Favorece la penetración de la lengua en la boca del compañero.

l Directo: es la unión de los labios que se succionan como si fuese una fruta jugosa. Suele ser más excitante que un beso de lengua.

l Superior: los dientes de uno muerden suavemente el labio superior de la otra persona y aquella lo devuelve haciendo lo propio con el labio inferior.

l Contacto leve: cuando se recorren los labios del compañero con la lengua, de manera sutil y provocadora.

l De distracción: se dan al azar en lugares inesperados: la frente, un hombro, la espalda, el pecho. Son muy estimulantes.

l De mordisco: es un poco (sólo un poco) más fuerte que un beso directo, y suele dejar una excitante y sutil marca.
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LA PRIMERA 24 08 09

Parafilia
El placer de la humillación

Son diversas las conductas que la pareja puede presentar al momento mismo del encuentro sexual. Desde un encuentro corporal lleno de caricias, tal como manda la sociedad o los cuentos de hadas, hasta los abusos o humillaciones verbales que muchos prefieren cuando la calentura manda. No existe una regla psicológica que diga qué está bien o mal. La parafilia es eso y más.

Para entender el proceder de algunas conductas sexuales sería bueno conocer primero qué se entiende por parafilia, así podríamos entender mejor acerca del tema. Pues bien, las parafilias son un conjunto de conductas y tendencias (que bien podrían ser comunes o no) durante el mismo acto sexual de los seres humanos. Estas pueden ser convencionales o consideradas aberrantes; depende del cristal con el que se les mire.

Los expertos entienden que las parafilias son una manera sexual de comportarse en donde el placer no necesariamente se vincula con el acto copulativo propiamente, sino que se da de alguna otra manera o actividad.

Dicho accionar es considerado como parte integral de la psicología normal de los seres humanos, de hecho para muchos especialistas son consideradas como inofensivas, a menos que estas estén enfocadas a un objeto que pueda causar daño a sí mismo o hacia la otra parte o también cuando no se puede dar un buen funcionamiento de la sexualidad de ambas partes, es decir cuando la pareja no se siente contenta, satisfecha o se atenta contra su personalidad o integridad.

De hecho, una conducta parafílica se instaura y también refuerza durante la época de la pubertad. Entonces, a raíz de esto podemos hablar de los insultos, y humillaciones que le gusta recibir a algunas personas durante el acto sexual.

Palabras intensas
Los insultos, actos violentos, improperios o palabras soeces que las parejas se dicen en el momento mismo del sexo, están enmarcados dentro de una actitud de humillación. En ese momento la humillación toca importantes temas emocionales, sin embargo, en el campo de la sexualidad esto es mucho más complejo.

Cuando este hecho es practicado y preferido por los amantes lo mejor es que sea consensuado y que la parte que humilla tenga alto grado de atención y comunicación con la otra parte, para que así, se asegure que el resultado final es el deseado y no el del abuso.

Poniendo un ejemplo, una persona que es sumisa puede disfrutar que la insulten solo de algunas maneras pero de otras podría resultar terriblemente ofendida y por tanto, ya no resultaría placentero.

Como fuera el caso, lo importante es pasarla bien, disfrutar con responsabilidad y aprender los límites, también en el campo sexual. Aunque todo parezca estar permitido, no es más que un cuento de revistas calientes y el cine porno.
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LA PRIMERA 17 08 09

Amantes perfectos

Los “amantes perfectos” en la práctica, no existen. Quizá algunos hombres o mujeres se aproximen al ideal de ser excelentes amantes, pero hasta donde se sabe, sólo en el cine se puede encontrar al súper macho o la experta seductora que millones anhelan.

Quién no ha deseado ser el mejor amante entre sábanas y almohadas, hacer vibrar a nuestra pareja hasta que pierda la conciencia y sentirnos satisfechos al observar la escena complaciente de una sonrisa satisfactoria luego de gastar todas las energías que las testosteronas o feromonas provocan en ese dame que te doy.

Son miles las personas que se esmeran por lograr la ansiada perfección a la hora del amor, ya sea para satisfacer e impresionar a la pareja, elevar los niveles de su vida sexual y sentimental, o simplemente para sentirse seguros de sí mismos; pero tratar de definir cuál es el nivel máximo de destreza sexual, es como intentar ser dueño de la verdad en temas de política, fútbol o religión.

Como se sabe, existen diversas razones motivadoras para poder entrar en la llamada elite de los amantes perfectos, pero nada de esto se logrará con el simple hecho de querer ser una persona superdotada en la cama. De hecho lo que se necesita para lograr un buen sitial que deje huella en la pareja es en base a la experiencia.

Por la oreja
En cuanto a los hombres, existen errores clásicos que frustran su partida hacia el estrellato sexual. Y es que la gran mayoría de machos, cuya ignorancia sexual es más potente que sus hormonas, creen que la única manera de excitar a una mujer es a través de la penetración. Nada más lejos de la verdad. Si tan sólo se tomarán unos minutos de lectura o se preocuparan por conversar con una mujer, descubrirían que la manera más rápida para que una mujer se ponga en “fa”, es a través de la oreja; pero no se equivoque querido lector, con esto no estamos queriendo decir que le muerda el miembro auditivo, ni mucho menos; lo que estamos tratando de explicar es que use su cerebro para hablarle cosas interesantes al oído, verá que con buena práctica y sentido común, logrará grandes resultados.

Excitantes diferencias
El hombre, a diferencia de la mujer, logra estimularse en máxima medida a través del sentido de la vista. A su disposición el hombre tiene la testosterona, una hormona fuerte, de acción rápida, directa y decidida. Con una mujer medianamente atractiva el hombre tiene suficiente hilo para empezar a tejer su plan.

En tal sentido, la mujer debe saber que a los hombres los motiva sexualmente más una chica que se muestre atractiva, con movimientos sensuales, sugerentes e insinuantes, que la feminidad la tenga a flor de piel, en cada paso y en cada gesto en el momento de la intimidad.

Lograr la categoría de amante perfecto involucra tener paciencia, sentido común, pero recuerde que de nada sirve llegar a serlo si eso no lo conduce a una vida sexual sana, feliz y responsable.
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EL COMERCIO JULIO 31, 2009

Un estudio británico revela que los hombres y las mujeres "ven distinto"

22:12 | Los varones tienen una mayor capacidad para distinguir a larga distancia mientras la vista de las damas se enfoca mejor a corta distancia

Londres (EFE).- Los hombres y las mujeres ven distinto por una cuestión de programación cerebral derivada de cuando nuestros antecesores masculinos se dedicaban predominantemente a cazar y los femeninos a recolectar, según un estudio que publica el ““British Journal of Psychology”:http://www.bpsjournals.co.uk/journals/bjp/”.

Las conclusiones del estudio, dirigido por la psicóloga Helen Stancey, son el resultado de una serie de experimentos que demostraron que los hombres tienen una mayor capacidad de distinguir a larga distancia y las mujeres enfocan mejor a corta distancia.

La investigación, según sus autores, deja de manifiesto que el cerebro de los hombres y de las mujeres evolucionó de manera distinta a causa de las definidas tareas que tenían asignados los individuos de cada sexo para garantizar la supervivencia del grupo.

Los hombres eran los cazadores y tenían que agudizar su vista para las distancias largas, en busca de las presas, lo que desarrollo su capacidad para distinguir a lo lejos, mientras que las mujeres, en su condición de recolectoras de frutos o raíces, se adaptaron mejor a la visualización de objetos al alcance de la mano.

Para demostrar que hay una diferencia de percepción visual en función del género, los investigadores pidieron a un grupo de 48 hombres y mujeres que marcaran con un puntero láser el eje central de varias líneas trazadas en una hoja de papel.

El resultado fue que los hombres eran más precisos cuando el papel se situaba a una distancia de 100 metros y que las mujeres se acercaban más al punto central cuando se situaba a 50 centímetros.

“Ya existía evidencia de que hubo caminos separados en la manera de procesar cerebralmente la información visual. Nuestros resultados sugieren que la relacionada con las distancias cortas favorece a las mujeres y la relacionada con las distancias largas a los hombres”, dijo Stancey, profesora del Hammersmith and West London College.
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PERÚ 21 12 11 08

Sobre sexo
Descubriendo infieles
Autor: Esther Vargas

Hay mujeres, como Bárbara, que tienen un imán para los infieles. Hay otras, como yo, que se mueren de miedo de ser infieles otra vez porque se conocen débiles para lo bueno y lo prohibido. Y hay algunas, como Gabi, que alardean de no haber sido coronadas jamás con un par de cuernos.
El tema de esta columna no es solo para mujeres. ¿Acaso los hombres no quieren saber qué planean ellas a solas? Yo creo que sí. Si yo fuera hombre, me sacaría un nick bien Candy e ingresaría a descubrealinfiel.com para conocer qué diablos planean ellas en mi contra.

Descubrealinfiel.com es la primera red social de féminas unidas para descubrir a los machos 'sacavuelteros’ del planeta. Hasta el momento de mi búsqueda (el domingo) no había ni un peruano inscrito en la lista de infieles, inundada por españoles y por numerosos colombianos y mexicanos.

Tampoco había peruanas víctimas. Yo me había inscrito, pero no en calidad de víctima, sino de observadora. (Al igual que Gabi, yo juro que nunca me han puesto los cuernos).

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Las españolas Bárbara y Gabi son las creadoras del sitio. Ellas se han convencido de que la ayuda mutua de género es la mejor forma para no soportar más cuernos o quizás para estar lo suficientemente atentas como para que no nos cuenten cuentos.

“Hay hombres con gran capacidad para mentir y, a la vez, ser convincentes”, advierten Bárbara y Gabi. Y es cierto. Las mujeres allí reunidas hacen terapia on-line al contar lo que sufrieron, los miedos que ahora las dominan y el rencor que les pesa en el alma.

En el lugar encontramos foros, los blogs de Bárbara y Gabi, así como las bitácoras del psicólogo, de la abogada, de un infiel y de una casada.
¿Y cómo se detecta al desgraciado? Cada usuaria registrada añade a su infiel. Me parece bien que no se coloque ni la foto ni la identidad del sujeto, pues ya sabemos que una mujer despechada puede causar destrozos con la imagen de uno, así que el sitio actúa con prudencia. La usuaria –que puede firmar con nombre y apellido si así lo desea– coloca pistas suficientes para que el tipo sea identificado por alguna otra víctima. Si

LA OTRA cree que ese hombre es suyo, contacta en privado a LA VÍCTIMA para los detalles. Esas conversaciones son privadas.

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Es en este portal donde el sexólogo Esteban Cañamares ofrece 11 claves antiinfidelidad. Aquí, un apretado resumen:

-PROCURE TENER SIEMPRE CON SU PAREJA UNA META COMÚN POR ALCANZAR: Una batalla que librar codo a codo entre ambos estimulará, en ambos, el deseo de conservar la relación, de cuidarla y de centrarse en aquello que pueda ser provechoso. Ejemplos: un negocio entre los dos, sacar adelante a un hijo, realizar el viaje que a ambos ilusionó, etc.

-NO RECHACE LAS EXPERIENCIAS SEXUALES NUEVAS CON SU PAREJA: El sexo es una buena-excelente receta contra la infidelidad.

-DE VEZ EN CUANDO HAGAN JUNTOS UN BALANCE DE LA RELACIÓN: Una exposición sincera de qué gusta más y qué gusta menos de la convivencia o, simplemente, de las actitudes del otro. Naturalmente, esto hay que hacerlo con ánimo constructivo.

-NO DEJE DE PIROPEAR A SU PAREJA: Las ocasiones pueden ser muchas. Todos buscamos halagos, inyecciones de autoestima; y qué mejor que encontrarlas en casa.

-INTERÉSESE DE CORAZÓN POR SUS COSAS: Preocúpese de sus asuntos profesionales, académicos, familiares, etc. No debemos limitarnos a tratar las cuestiones que son de interés directo para ambos.

-SORPRENDA A SU PAREJA: No se limite a ser generoso y atento en días clave como su cumpleaños o el aniversario. No olvide los regalos inesperados y los detalles no habituales.

-JAMÁS INTENTE BOICOTEAR LAS FORMAS DE DESARROLLO PERSONAL QUE SU PAREJA TENGA AL MARGEN DE USTED: Participar en un equipo deportivo, militar en un partido político, mantener la costumbre de jugar una partida de dominó con los viejos compañeros de clase... no es algo que facilite la infidelidad. Al contrario, sirve para la estabilidad personal.

-OBSERVE: Siempre que ocurra un cambio vital en su vida o en la de su pareja, medite cómo y en qué medida esto puede cambiar la relación entre ustedes.

-NO OLVIDE QUE LAS PERSONAS ESTAMOS EN CONTINUO CAMBIO: No olvide esto ni en el terreno sexual, ni en cuanto al ocio, ni respecto a cualquier otro apartado de la relación. Si su pareja cambia con el paso del tiempo y usted no se percata de ello, no podrá adaptarse en alguna medida a esos cambios, lo que producirá insatisfacciones que el otro podría querer calmar fuera de la pareja. No es raro encontrar a personas que ansían conocer gente y ambientes nuevos, por más que en el pasado no hayan tenido estos impulsos.

-VALORE A SU PAREJA: Todos necesitamos ser valorados, aplaudidos, queridos...

-NO DESCUIDE SU FÍSICO: Siempre podrá estar mejor si se cuida. No deje de darle a su pareja información sobre aquellos piropos, miradas de interés u otros que usted pueda recibir. No hay nada más afrodisíaco ni que estimule mejor el deseo de no rder a la pareja que el notar que esta es deseable para el resto.
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LA PRIMERA 04 de septiembre de 2008

Cómo reavivar la pasión para dejar de escuchar el “ahora no mi amor”
Recupere la pasión con su pareja. Hacerlo le traerá nuevas satisfacciones.

Con el transcurrir de los años miles de parejas pasan al fatídico ritmo de la rutina y monotonía, permitiendo que estas causas se apoderen de terrenos importantes para la pareja, ocasionando que el deseo sexual disminuya drásticamente.

La famosa frase "ahora no mi amor" se escucha con mayor frecuencia en las parejas, convirtiéndose en un muletilla muchas veces insoportable y causando miles de problemas.

¿Pero cuáles son las causas para que se instaure en la vida erótica la falta de deseo sexual? Sin duda, son muchos los factores para que esta frase y consecuente anomalía aparezca. Veamos algunas:

Monotonía y el aburrimiento
Como principal causa encontramos estos dos aspectos, que por suerte son –con esfuerzo, creatividad y dedicación– las razones menos complicadas de tratar. Muchas parejas se instauran en la cotidianeidad y su vida erótica la ponen en segundo plano, aún más si existen ya infantes en esa relación, haciendo que en muchos casos la sazón vaya desapareciendo. Si en los encuentros sexuales no existe variedad, emoción, creatividad y deseo, ese suculento platillo pasará a convertirse en un potaje rancio y sin sabor.

¿Qué se recomienda? Lo primero es cambiar de escenario cada vez que los cuerpos se junten o bien sorprender y despertar el deseo de la pareja con ropa atrevida, flores, disfraces o utensilios eróticos. La diversidad es la mejor alternativa para que el aburrimiento no llegue a instalarse en la cama o donde se desee realizar el encuentro amoroso. Sin duda, el interruptor que enciende la pasión son los estímulos afectivos. Por ello es importante seguir estimulando a la pareja.

Muchas personas después de haber conquistado a su pareja pierden interés, descuidan su apariencia personal y pierden, inclusive, su atractivo intelectual. Una apariencia física llamativa es importante y una conversación amena e inteligente conecta con la pareja de manera sutil.
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CORREO 09 de Junio de 2008

El sexo y las pastillas
Por: JAIME BAYLI

No es fácil vivir conmigo. Martín lo sabe bien. Por eso no vive conmigo. Por eso me visita o lo visito cada mes o dos.

No tengo talento para la felicidad. Mi humor suele ser sombrío. Martín me quiere, creo que me quiere, pero cuando está mucho tiempo conmigo, se ahoga, se confunde, se pierde en mis silencios y en mi obsesión autodestructiva.

Esta vez se quedó un mes conmigo. Pensaba quedarse tres. Ahora se va. Es mejor que se vaya. Merece ser feliz. Merece sentirse libre, cantar las canciones de la radio, mirar y desear y tocar a otros hombres más jóvenes. Sé que debe irse, que es lo mejor para los dos, pero me da pena.

Creo que a él también le da pena, pero sabe que no puede quedarse. Son muchas las cosas de mí que le resultan insoportables. Ha tratado de cambiarlas o acostumbrarse a ellas, ha sido valiente, ha corrido no pocos riesgos, pero ha comprendido que vivir conmigo es una empresa suicida y amarme, un vicio que lo intoxica. Por eso se va. Por eso he tomado más pastillas para ser fuerte y no llorar.

No sé si lo que soy ahora es lo que solía ser o si es un estado de ánimo fabricado artificialmente por las drogas a las que me he hecho adicto. En mi caso, la serenidad se compra en la farmacia y es cara. Martín me educó en la peligrosa creencia de que las pastillas disuelven los problemas, las angustias, los insomnios. Ahora se va pero me quedo con sus pastillas.

Me ha prometido que volverá pronto. No sé si creerle. Ha dejado algo de ropa. Suele dejar algo de ropa. Cuando no está, a veces me pongo su ropa. No es fácil que me quede bien. No trato siquiera con los pantalones. Pero puede ser divertido ponerme una de sus camisetas o uno de sus calzoncillos, que por supuesto me aprietan mucho.

También ha dejado su laptop. Dice que es una prueba de que volverá pronto. No sé si creerle. Tal vez la ha dejado porque le fastidia viajar con ella, porque tiene otra en la ciudad a la que regresa, porque le da pena verme escribiendo en una laptop vieja y sucia que me resisto a abandonar y quiere que use la suya ya que no puedo seguir usándolo a él.

Con suerte volveré a verlo en un mes o dos. Pero esta vez no estoy tan seguro de que quiera volver. Creo que ya se hartó de mí. No soporta que no limpie nunca la casa. No soporta verme tosiendo y escupiendo y quejándome de una enfermedad imaginaria que, sin embargo, me está matando. No soporta verme gordo, viejo, cansado. Pero sobre todo no soporta que no hagamos nunca el amor.

Yo lo amo pero nunca tengo fuerzas para hacer el amor y todavía no he encontrado una pastilla que me convierta en una persona amorosa. He encontrado pastillas que me convierten en una persona serena, callada, adormecida, con ganas de montar bicicleta y meterme desnudo a la piscina. Pero no he encontrado ninguna que me devuelva cierto interés en el sexo. En realidad tampoco la estoy buscando.

El problema es que ya no sé lo que me gusta sexualmente. He perdido todo interés en las mujeres y quizá también en los hombres. Martín es un hombre bello pero sólo me apetece mirarlo. Los enredos del sexo me resultan fastidiosos y extenuantes. Prefiero mirarlo sin que se dé cuenta cuando se echa a tomar sol o cuando se ducha. El suyo es un cuerpo que sin duda envidio pero que no por eso deseo poseer. A mi edad o con mi enfermedad o con las pastillas que se disuelven en mi organismo, las posturas sexuales terminan siendo, por previsibles e histriónicas, imposturas.

Por eso terminamos peleando antes de que se fuera. Porque sentimos que debíamos hacer el amor como una manera triste y desesperada de despedirnos. Pero tal vez fue un esfuerzo por su parte y por la mía y todo terminó mal. No sabíamos qué hacer, cómo complacer al otro. Martín quería demostrarme que todavía me deseaba como me deseaba cuando nos conocimos hace seis años en su ciudad y tal vez por eso me dio una palmada en la nalga que me dolió, que resultó excesiva y hasta cómica, de la que me quejé y me reí. Le pedí que nunca más me golpease de esa manera. Su mirada se enturbió. Se sintió humillado. Nada hiere más que una sonrisa burlona en el acto del amor. Yo me burlé de su nalgada. No pude evitarlo. Y él, que estaba tratando de poseerme por última vez, comprendió que su esfuerzo era inútil, que yo no merecía ese esfuerzo.

Yo no quería que me poseyera porque no tengo esa vocación particular por el sufrimiento. He tratado con cierta obstinación de que el dolor se convierta en placer, pero lo que antes dolía sigue doliendo y no encuentro razones para entregarme al dolor en un acto que sólo debería procurar placer.

El problema es que Martín piensa lo mismo que yo y por eso nunca insiste cuando me pide que me entregue y yo me niego por amor a mí o por respeto a la poca salud que queda en mí.

Cuando le pedí que se diese vuelta, él también se negó. Insistí, le dije que me obedeciera, que no dijera una palabra, que se sometiera a mi voluntad. Pero para mi sorpresa me dijo en tono altivo y desafiante que él tampoco disfrutaba dejándose poseer por mí y que esa noche, la última juntos, haríamos lo que él quisiera, no lo que yo le ordenase.

Me paré de la cama, recogí mi ropa y lo miré con una sonrisa.

Me dijo: Eres un egoísta.

Le dije: Por supuesto. Tú también. Por eso te amo.

Salí del cuarto, cerré la puerta suavemente y me fui al baño a tomar dos pastillas.

Más tarde tocó la puerta, abrió y me dijo: Por favor, no escribas nada de esto.

Al día siguiente no hablamos del asunto. Fue sin embargo o por eso mismo un día razonablemente feliz. Lo fue hasta que tuvimos que despedirnos. El taxista miraba pero no me importó, lo abracé y lo besé y le pedí que se cuidase y que volviese pronto, que estaría esperándolo. Martín me dijo que volvería, pero no me dijo lo que sospecho que estaba pensando: que cuando vuelva será por menos tiempo y que buscará en otros cuerpos los placeres que ya no encuentra en el mío y que ha renunciado a la creencia o la ilusión de que como nos queremos debemos vivir juntos.

Me sorprendió verme llorando o casi cuando el taxi se alejó. Tomé una pastilla más, me quité la ropa, me metí a la piscina y un momento después escuché que sonaba el teléfono. No salí a contestar.

Sé que lo amo y que volveremos a vernos en un mes o dos. Pero sé también que mi interés en las cosas del sexo seguirá declinando y que ningún cuerpo, ni siquiera el suyo, me dará la felicidad que ahora encuentro en las pastillas.
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CORREO 18 de agosto de 2008

Impotencia

Ningún hombre está preparado para volverse impotente a los cuarenta y tres años. Yo ciertamente no lo estaba.

Desde que hace unos meses empecé a tomar pastillas para dormir y antidepresivos, advertí que mi apetito sexual menguaba, declinaba, se extinguía.

No lo noté porque alguien intentara hacer el amor conmigo, pues vivo solo la mayor parte del tiempo y así es como deseo vivir hasta que muera, sino porque, como consecuencia de los trastornos que dichas pastillas provocaron en mi organismo, interrumpí un hábito que hasta entonces había practicado -con perdón de mi madre- religiosamente: masturbarme todas las noches, después de leer, antes de dormir, menos por lujuria o excitación que como una técnica relajante que me indujera al sueño.

Lo hacía siempre con las luces apagadas para evitar el disgusto de ver la flacidez decadente de mi cuerpo y solía pensar en Martín, un joven argentino que me ama obstinadamente a pesar de que le he dicho con crueldad que quiero vivir solo, y a veces pensaba también en un actor torturado y talentoso que fue mi primer hombre. /ltimamente pensaba en una mujer muy joven, de veinte años, Lucía, a la que veo en Lima cada cierto tiempo y que ha dejado la universidad para ser escritora y que me permite mirarla, tocarla y besarla y terminar sobre ella, pero no entrar en ella.

Empecé tomando una pastilla para dormir, Lunesta, y un antidepresivo, Prozac, hace tres meses. Después de tantas noches insomnes, agónicas, volví a dormir profundamente y sentirme bien. Pero con las semanas fui tomando más y más pastillas para dormir más profundamente y sentirme mejor. Está claro que tengo una personalidad adictiva, fue evidente cuando era joven y tomaba cocaína. Ahora todas las noches tomo 3 Lunestas, 2 Klonopin, 4 Xanax y 3 Stilnox. No los tomo todos a la vez. Los voy combinando cada vez que despierto, haciendo coctelitos que me hundan en sueños abismales. No ignoro que corro ciertos riesgos mezclando tantos barbitúricos que me han vendido sin prescripción. Pero encuentro cierta belleza mórbida en el hecho de tragar las pastillas y no saber si será la última noche. Cuando despierto a las tres de la tarde, no sólo me siento feliz porque he dormido como un bebé sino porque curiosamente estoy vivo, porque algún dios indulgente me ha regalado un día más. Cada día es entonces un suceso imprevisto y sobrecogedor, un pequeño milagro, lo que sin duda embellece y quizá hasta ennoblece mi existencia, porque sé que mi vida vale nada y que el mundo no perdería nada si me cremasen y arrojasen mis cenizas al mar de Key Biscayne, una isla en la que la felicidad no me ha sido del todo esquiva, como le he pedido a Sofía que haga a mi muerte.

Por la tarde ya no tomo un Prozac sino ocho, en dos sesiones: cuatro al levantarme y cuatro antes de ir a la televisión. Y siento que levito y soy en extremo bondadoso, que mi paciencia es infinita, que encuentro compasión para perdonar las peores vilezas de mis enemigos, que Mika y Carla Bruni son mis amigos y cantan conmigo en la camioneta.

Toda esta masiva e imprudente ingestión de químicos entraña sus riesgos, desde luego, y uno de ellos, que yo ignoraba, es la inhibición del deseo sexual (siendo además que nunca he sido desinhibido en esa materia, a pesar de que algunos de mis libros puedan dar esa impresión). Ya las últimas semanas en Miami había dejado de masturbarme, no tenía nunca una erección y cuando Martín me sugería decirnos obscenidades calenturientas en el teléfono, le decía que no tenía ganas y él se molestaba conmigo.

Pero estaba seguro de que casi tres meses después de no vernos, cuando llegase al departamento de Buenos Aires y tuviese a Martín desnudo a mi lado, no tendría ninguna dificultad en conseguir una erección y amarlo como él, mi chico lindo, merecía que lo amasen: desmesuradamente.

Obviamente, mis cálculos estaban errados. A pesar del deslumbramiento que me provocó verlo desnudo en la luz tenue de su habitación, y del empeño que puso en complacerme y obsequiarme toda clase de posturas y tocamientos a fin de despertar mi alicaído órgano sexual, y de la ferocidad con que froté ese colgajo pusilánime que se resistía a obedecerme y entrar en batalla, el fracaso fue absoluto, humillante, y una hora después, simplemente nos rendimos, Martín entendió con sabiduría que eran las pastillas y no la falta de amor lo que me impedía complacerlo y yo hice lo que tenía que hacer para que él pudiese terminar con una penosa sensación de derrota.

Por eso cuando me fui a dormir me sentía un pedazo de mierda, un inútil, un comatoso sexual, un impotente a los cuarenta y tres años. Tuve que tomar más pastillas que las acostumbradas para evadir la realidad.

Las noches siguientes no fueron muy distintas. Martín y yo probamos con paciencia toda clase de técnicas, juegos, exploraciones, impudicias y acoplamientos para que yo lograse una erección, pero nada sirvió, nada me calentó, nada me la puso dura. Martín comprensiblemente perdió la paciencia y procedió a complacerse en solitario, resignado a mi impotencia. Sentí, en esos momentos de tristeza, que me amaba aun siendo impotente, y por eso lo amé más.

Antes de irme de Buenos Aires, llamé a una amiga con la que había jugado sexualmente cada cierto tiempo. Se llama Penélope, está casada con un actor, tiene un hijo apropiadamente llamado Diego Armando y hace entrevistas para un programa frívolo de televisión. Así me conoció, entrevistándome, preguntándome tonterías, y así nos hicimos amantes ocasionales. Penélope accedió a venir a mi departamento la noche que le propuse, la última que pasaría en esa ciudad. Le sugerí a Martín que se uniese a la aventura como protagonista o mero espectador, pero él dijo que le daba asco esa chica, esa negra villera de Caballito, y que prefería irse a bailar y dejarnos solos. Penélope llegó diez minutos tarde y me besó con ese aire travieso que me sedujo cuando la conocí. No estaba tan linda como hacía diez años: el tiempo, la maternidad y los amores furtivos (tiene marido y tres amantes) la habían desmejorado un poco. Pero seguía siendo guapa, atrevida y muy graciosa en la cama.

Le advertí que me había vuelto impotente y que por eso la había llamado, para que, haciendo alarde de su maestría erótica, me devolviese una erección, aunque fuese la última. Ella hizo todo lo que pudo (se desvistió bailando, me contó sus peores desmanes eróticos, sus más encendidas fantasías, besó y succionó durante horas mi finado pene, que en paz descanse) y yo puse también algo de mi parte, tratando de jugar como habíamos jugado tantas veces, pero, a las dos de la mañana, y considerando que Martín podía llegar en cualquier momento, nos rendimos o nos aburrimos o nos reímos de esa situación tan cómica y absurda. Luego se fue y me dijo que me quería igual y que le parecía lindo tener un amante escritor impotente.

Cuando llegó Martín, le confesé mi fracaso. No me contés nada, que me da asco, dijo él, adorable. Ya sabés que me encantan las mujeres, pero odio las vaginas.

Así estamos. He descubierto en Buenos Aires que me he vuelto impotente. He llegado a Lima abrumado por la certeza de que esta impotencia no tendrá cura, a menos que deje los somníferos y antidepresivos. Pero está claro que si tengo que elegir entre dormir bien y sentirme leve y risueño o tener esporádicas erecciones, elijo la impotencia crónica.

Sólo me da pena porque estaba ilusionado con tener un hijo con Sofía. Ella es mi última esperanza. Ella o alguna pastilla que me despierte del coma sexual. Ruego auxilio a los médicos amigos. Jaime Bayly
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CORREO 14 de Julio de 2008

JAIME BAYLY

Guerrillas amorosas

Lo curioso de las peleas amorosas es que a veces se originan por las situaciones más inocentes o por malentendidos absurdos o por sospechas que están divorciadas por completo de la realidad.

Los amantes que más se aman pelean a menudo no por falta de amor sino por exceso de amor, que es como una droga que los intoxica y los hace ver alucinaciones peligrosas.
Esto es lo que me pasó en los últimos días, una guerrilla amorosa de la que todavía no me recupero.

El origen de la pelea estuvo dictado por la casualidad y desprovisto de malas intenciones. Yo estaba editando el programa que presento en Miami y tocaron la puerta. Faltaba poco para el programa y a esa hora no me gusta que nos interrumpan. Abrí. Era Manuel, un reportero chileno del canal. Me dijo que venía de entrevistar a uno de los magnates ecuatorianos que viven en Miami y cuyos canales habían sido incautados por el gobierno de Quito ese mismo día. Me ofreció la entrevista antes de emitirla en el noticiero del canal. La acepté y agradecí el gesto. Se fue presuroso. No estuvo más de un minuto en la sala de edición y no alcanzó siquiera a darme la mano.

Vimos la entrevista y nos pareció valiosa. Extrajimos tres fragmentos. Los pasé durante el programa. Al presentarlos, agradecí a Manuel y dije que era un “excelente periodista”.
Esa noche encontré un correo de Manuel agradeciéndome por elogiarlo en el programa. No le contesté porque estaba cansado.

Al día siguiente regresé de montar bicicleta a eso de las siete de la tarde, cuando el sol ya no quema, la hora más propicia para salir por la isla, y, mientras me quitaba la ropa para meterme en la piscina, mi rutina de todas las tardes, sonó el celular. Era Martín, desde Buenos Aires. Estaba furioso. Martín odia a Manuel, lo odió desde que lo conoció. Piensa que Manuel está enamorado de mí y quiere ser mi novio. Acababa de ver en Youtube las imágenes de mi programa, cuando decía que Manuel era un “excelente periodista”. También había visto un comentario que yo hacía sobre mi renuencia o desinterés en servir a los demás, a la patria. Al parecer había dicho: “Yo sólo sirvo a mis hijas, a la madre de mis hijas (que es como mi hija), a mi madre y a mis amantes incontables. A nadie más”. Pero no había mencionado a Martín, el hombre al que más he amado. Y en ese mismo programa había elogiado a Manuel, el hombre al que Martín más odia en todo el mundo.

Fue demasiado para él. Me dijo que lo había humillado, que lo había traicionado, que era un sujeto sin escrúpulos ni sentimientos, que no me quería ver nunca más, que ahora sí era el final definitivo, que nunca me perdonaría esa agresión tan cobarde e innoble. Me dijo luego algo que me impresionó:

-Sos un negro culosucio. No tenés moral.
Nunca nadie me había llamado así, negro culosucio. Me encantó el insulto.
Por supuesto, no me metí a la piscina. Ya no tenía tiempo. Subí a la ducha, me vestí y corrí a la televisión. La televisión tiene, entre otras ventajas, la cualidad terapéutica de que, cuando el público te aplaude y se ríe de tus bromas, te olvidas de tus problemas amorosos y te sientes un tipo listo e ingenioso (lo que es mentira) y no te sientes para nada un negro culosucio.

Al llegar a casa encontré un correo de la madre de Martín. Se llama Inés y ha sido siempre muy cariñosa conmigo, aunque cuando Martín le contó hace años que estábamos saliendo juntos, ella le dijo: “Preferiría que salieras con Peña que con ese peruano del orto”. Peña es Fernando Peña, un genial actor y comediante argentino, homosexual, ácido, irreverente, provocador, que tiene sida, aunque eso no le impide seguir demostrando su incalculable genialidad.

Inés me había escrito un correo titulado: “Daño al pedo”. Me intrigó el encabezamiento, presentí que me haría reproches por el daño que, sin querer, había provocado en su hijo, al elogiar en televisión a su peor enemigo y al no mencionarlo explícitamente entre las personas a las que declaraba servir, aunque uno podía alegar que él podía contarse entre mis “amantes incontables”, que, por supuesto, son contables, contables con uno o dos dedos, o con los dedos de una mano.

El correo de Inés carecía de introducciones afectuosas. Decía: “Cuando leí lo que escribiste sobre el viaje, me entristecí y me dieron ganas de llorar. ¿Qué se siente cuando se logra angustiar a alguien? No conozco el mecanismo. Nunca hice daño conscientemente”.

Inés se refería a una crónica reciente en la que contaba, entre otras peleas o malentendidos (mi hija menor me pedía euros, mi hija mayor me decía que nadie leía mis libros, Sofía me decía que antes de tener un hijo conmigo prefería adoptar), que, en el vuelo a Buenos Aires luego de tres semanas en Europa, Inés y Martín no se habían hablado una palabra, porque estaban hartos de verse las caras tres semanas seguidas. Esto, al parecer, había lastimado a Inés, que ahora me acusaba de hacerle daño conscientemente, de angustiarla y hacerla llorar.

Estuve a punto de responderle, diciéndole que ella también hacía daño conscientemente, porque de otro modo no me hubiese enviado ese correo, y que si bien yo podía hacer daño cuando escribía, también podía no hacer daño cuando no escribía, por ejemplo cuando la invitaba con Martín a París o cuando le prestaba dinero a Martín para que le comprase un departamento a ella, de manera que mi capacidad de hacer daño literariamente a veces podía contrapesarse o neutralizarse con mi capacidad para no hacer daño o incluso hacer el bien económicamente. Pero me contuve y preferí no decirle nada. Tampoco me disculpé porque nunca me ha gustado disculparme por las cosas que escribo: un escritor escribe de las cosas que tiene que escribir y esas cosas no siempre pueden ser felices y que una madre y su hijo se peleen después de tres semanas juntos es sólo una situación humana, comprensible, que sólo podría resultar hiriente si es mirada con excesivo orgullo.

A la tarde siguiente, porque las pastillas me hacen dormir hasta las tres, encontré un correo de Martín, en el que me informaba que se iba de nuestro departamento, que se llevaba sus cosas, que no lo vería más.

Le rogué que no se fuese, le sugerí que nos diésemos una tregua, le pedí que ante todo fuese mi amigo y no mi novio celoso y le reenvié el mail de su madre. Me respondió: “Seguro que le habrás dicho que no puede criticarte porque la invitaste a París. Es todo tu estilo. Además yo podría decir cosas mucho peores de tu madre”. (Martín y mi madre no se conocen, aunque me encantaría que se conocieran, creo que podrían llevarse bien).

Martín se ha ido a vivir con su madre. No quiere verme más. Le he rogado que vuelva al departamento, que me perdone, pero me ha dicho que lo nuestro se terminó, que no lo veré más, que soy un mal recuerdo para él.

Esta tarde he ido al correo y he encontrado la cuenta de mi tarjeta de crédito. Allí figuran, entre otros gastos, los hoteles en que se han hospedado la bella Sofía y mis adorables hijas en París y Londres y aquellos en que se alojaron el bello Martín y su adorable madre en Madrid y París.

Al escribir el cheque para sufragar los gastos de esas personas a las que sirvo y seguiré sirviendo con el mayor gusto (y a las que no mencioné debidamente en televisión), no pude evitar sentirme un negro culosucio (aunque no sé bien lo que es eso). Pero no me arrepiento, es lo que soy: una buena persona cuando no escribo y una mala persona cuando escribo.

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