jueves, 27 de septiembre de 2012

JOHN TERRY FUE SUSPENDIDO CUATRO PARTIDOS Y MULTADO POR INSULTOS RACISTAS

EL COMERCIO SETIEMBRE 27, 2012

John Terry fue suspendido cuatro partidos y multado por insultos racistas

La Federación Inglesa de Fútbol sancionó al jugador del Chelsea por la agresión verbal a Anton Ferdinand la temporada pasada
John Terry, Fútbol inglés, Liga Premier, Anton Ferdinand, Racismo en el fútbol, Queens Park Rangers, Manchester United
(Foto: AP)
Londres (EFE). La Federación Inglesa de Fútbol (FA) impuso una sanción de cuatro partidos de suspensión y una multa de 220.000 libras (277.000 euros) al defensa del Chelsea John Terry por haber dirigido insultos racistas al futbolista inglés del Queens Park Rangers Anton Ferdinand la pasada temporada.
Terry, de 31 años, “utilizó lenguaje abusivo o insultante” con “referencias al color o la raza” contra Ferdinand, según ha dictaminado la FA tras cuatro días en los que ha tomado declaración a los protagonistas de un incidente por el que el futbolista había resultado absuelto en julio en los tribunales ordinarios.
La sanción “es el resultado de una larga investigación que se había postergado a petición de la fiscalía y de los representantes legales de Terry", señaló la FA, que ya retiró el brazalete de capitán de la selección inglesa al defensa cuando salieron a la luz las acusaciones.
El defensa, que el domingo anunció su intención de no volver a competir con Inglaterra y que ahora tiene un plazo de dos semanas para hacer su descargo, expresó su decepción a través de un comunicado de su representante.
TERRY RECHAZÓ EL FALLO
Terry está “decepcionado por el hecho de que la Comisión Regulatoria de la FA haya alcanzado una conclusión distinta al veredicto de no culpable que establecieron los tribunales de justicia”, indicó la nota.
El pasado 13 de julio, el juez de distrito Howard Riddle consideró probado que el inglés se dirigió a su compatriota en términos racistas, pero subrayó que era imposible desmentir la versión de la defensa del jugador, que aseguró que Terry tan solo repitió las palabras que antes había pronunciado Ferdinand.
El proceso judicial comenzó después de que un aficionado, cuya identidad no ha trascendido, denunciara al futbolista ante la policía y aportara como prueba un video en el que se distinguía a Terry insultando a su rival durante un encuentro de liga ante el QPR en Loftus Road, el 23 de octubre de 2011.
Desde el primer momento, la FA anunció que investigaría lo sucedido una vez concluyera un proceso judicial en el que Terry afrontaba, como máximo, una multa de 2.500 libras (3.150 euros).
El caso se alargó más de lo previsto debido a que el magistrado aceptó la petición de la defensa de posponer el inicio del juicio hasta el 9 de julio, una vez pasada la Eurocopa de Polonia y Ucrania, a la que Terry acudió convocado por el seleccionador Roy Hodgson.
El anterior técnico de los Tres Leones, el italiano Fabio Capello, había abandonado su puesto en febrero a raíz de la polémica sobre el defensa “blue”.
El entrenador consideraba que no se debía retirar el brazalete de capitán al futbolista antes de ser juzgado por los supuestos insultos racistas contra Ferdinand e interpretó como una afrenta a su autoridad que la FA le impusiera ese castigo sin contar con su criterio.
CASO SUÁREZ-EVRA
La polémica por el caso de Terry coincidió en el tiempo la pasada temporada con la sanción de ocho partidos que recibió el uruguayo del Liverpool Luis Suárez por dirigir comentarios racistas al francés del Manchester United Patrice Evra, un comportamiento que la federación castigó además con una multa de 40.000 libras (48.000 euros).
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EL COMERCIO MARZO 21, 2012

"Decir que en el Perú no hay racismo es una mentira", afirmó titular de Cultura

En día contra la discriminación racial, Luis Peirano invocó a todos los sectores a luchar contra este flagelo. Defensoría del Pueblo recordó que sus oficinas reciben denuncias por actos discriminatorios

El ministro de Cultura, Luis Peirano, invocó hoy a todos los sectores del país a combatir el racismo y la discriminación. Esto, al conmemorarse el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.

“Decir que en el Perú no hay racismo es una mentira piadosa, tenemos discriminación y racismo en nuestra cultura que es necesario cambiar desde adentro”, expresó Peirano en declaraciones recogidas por Andina.

En este fecha la Defensoría del Pueblo también recordó a la población, mediante una nota de prensa, que sus oficinas de todo el país atienden denuncias por presuntos actos de discriminación.

“Se investigan los hechos y se solicita a las instituciones públicas llamadas a intervenir en cada caso para erradicar los actos discriminatorios, con el objetivo de restituir los derechos vulnerados”, se lee en la nota.

LOS CASOS
La Defensoría precisa que para que se produzca un acto discriminatorio se deben configurar tres elementos:

-Un trato diferenciado injustificado.
-Cuando el trato diferenciado injustificado se base en un motivo prohibido (raza, origen, sexo, etnia, idioma, discapacidad, enfermedad, condición económica) o las posiciones asumidas voluntariamente (religión, opinión, filiación política, orientación sexual) o de cualquier otra índole.
-Que se produzca la anulación o menoscabo en el reconocimiento, ejercicio y/o goce de un derecho.

¿POR QUÉ HOY?
Esta fecha fue instituida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en homenaje a las víctimas de la masacre de Sharpeville, el 21 de marzo de 1960, cuando las fuerzas policiales sudafricanas asesinaron a 69 manifestantes en contra del “apartheid”.
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EL COMERCIO FEBRERO 19, 2012

Descendiente de emperadores incas: “Dicen que en Lima ya se acabó la discriminación”

Isabel Atayupanqui Pachacútec y sus hijos hablaron con El Comercio sobre la trascendencia de su apellido andino y el papel que pueden cumplir las familias nobles indígenas en el Perú

RONALD ELWARD (*)

El salón de recibo de la familia Atayupanqui en la calle Perú, en el distrito de San Jerónimo, en Cusco, está dedicado a doña Isabel. Esta habitación ahora no es ni la sala ni el comedor de la casa, es un lugar adaptado especialmente para que ella reciba a gente. Casi como un salón del trono.

En las paredes cuelgan dibujos y cuadros con árboles genealógicos de sus antepasados, y también sus antiguas herramientas de trabajo para la chacra. Aunque la casa ha perdido el aspecto señorial que debió tener en el pasado, aquí ha vivido la familia por varias generaciones.

Doña Isabel Atayupanqui Pachacútec, de 88 años, es la descendiente más conocida de los emperadores incas en su ciudad natal. Curiosamente, todos le atribuyen un vínculo con Pachacútec, pero su linaje imperial viene por su apellido paterno. Según los documentos investigados, los Atayupanqui pertenecen al ayllu Aucaylli, la panaca que se atribuye al inca Yahuar Huácac, uno de los incas míticos, del siglo XIV.

El día de la entrevista ella hace su entrada como una reina. Avanza pausadamente, acompañada por sus cinco hijos varones. También tiene tres hijas mujeres, aunque ese día no están presentes. Luce bien vestida, con voluminosa falda y saco color azul oscuro, blusa blanca bordada, y sombrero blanco típico de esta parte del Cusco.

CONSTRUYENDO IDENTIDAD
Ella solo habla quechua y su segundo hijo, el maestro Julio Chihuantito Atayupanqui, de 67 años, traduce la sesión. Empezamos con los datos de rigor: nació el 8 de julio de 1923, como última de los cinco hijos de don Silverio Atayupanqui Orccohuarancca y doña Agustina Pachacútec Sinchi Roca.

Su padre murió cuando ella tenía 2 o 3 años. Sus hermanos mayores ya habían dejado la casa y se quedó sola con su madre. “Ella trabajaba siempre en las chacras. Mi papá había sido arriero, tenía muchas mulas y transportaba productos de Cusco a los pueblos en los alrededores”.

Una de las cosas que más recuerda de su madre era la manera de inculcarle una identidad. “Mi mamá siempre me decía que no debía avergonzarme porque descendemos de los incas, de los constructores de Sacsahuamán”, refiere doña Isabel.

Uno de sus vínculos más vivos con el pasado son los terrenos que heredó, que son las tierras que originalmente le dieron a la panaca a la que ella pertenece. “Tenemos nuestras tierras ancestrales en la parcialidad Sucso-Aucaylli, como los Sinchi Roca, mis primos”, cuenta. Cada vez que hace un esfuerzo para recordar el pasado, su cara adquiere una expresión de emoción profunda.

LINAJE ESCONDIDO
¿Usted fue a la escuela?
Como mi mamá quedó viuda, necesitaba ayudarla y cuidar los ganados y trabajar las chacras. Nunca fui a la escuela. No puedo leer ni escribir. Solo hablo quechua.

¿Cómo era la posición de la familia Atayupanqui en la comunidad?
Había clases. Una jerarquía entre la nobleza y el pueblo, los runas. Siempre hubo esta diferencia. Aunque no teníamos riquezas, todo el mundo respetaba a mi familia. Era una familia visible, orgullosa de ser incas. Hasta ahora, siempre existe algo de las familias importantes.

¿Y cómo se veía la diferencia?
Yo usaba siempre las telas mejores y me visto de una manera distinguida. Este sombrero de paja es también un símbolo de distinción. Solo las mujeres mestizas visibles, importantes, usan estos. Las mujercitas usan sombreros redondos. Es también una cuestión de comportamiento.

¿Qué otras cosas los diferenciaban?
En las fiestas nosotros estábamos siempre a la cabeza. Además, la nobleza todavía tiene las mejores tierras, mientras los runas tienen sus chacras en las montañas. Esto nos permite cosechar más pronto, tener mejores productos y venderlos a más alto precio en el mercado. Somos muy conscientes de nuestra posición.

La cordialidad de la conversación da un giro cuando pregunto cómo era antes y cómo es ahora tener un apellido quechua. En ese momento ella se queda callada y sus hijos toman la palabra.

UN APELLIDO CASTIGADO
Julio es el primero en hablar y dice: “A mí me afectó mucho la discriminación por llamarme Chihuantito Atayupanqui, cuando todos en el colegio se llamaban Merino, Hermoza o Caballero. Siempre había esa discriminación a los nombres quechuas”.

Cuando habla se queda mirando el suelo, y prosigue. “Nos pegaban, nos maltrataban. Me sentía inferior. Siempre había burlas. Nosotros hemos sentido en nuestra carne esta separación. Pero ha cambiado en los últimos años”.

Seguidamente, Edwin, el hijo menor, añade: “En el colegio secundario era peor. Me sentía inseguro. Nos educaban con una historia falsa, y solo hablaban de la parte española”. Edwin se dedica a los negocios y es un hijo que se mantiene cercano a su madre. “En esa época tenía una sensación de culpa. Con frecuencia pensaba: ‘Madre, ¿por qué no te llamaste Flores en vez de Atayupanqui?’”.

¿Cómo es la situación ahora?
“Ahora cuando voy a Lima no siento nada de discriminación”, responde Edwin, “no existe para mí, porque ahora con mucha más fuerza y con mucho más orgullo digo que soy Chihuantito Atayupanqui. Lima hoy es tierra de provincianos, van por las calles con sus danzas y fiestas. Tienen harta plata y dicen que se acabó la discriminación”.

¿Creen que hay un papel para estas familias nobles incaicas en el Perú del siglo XXI?
Doña Isabel responde primero: “La autoridad local me ha reconocido y es recién que la sociedad está dando algo de reconocimiento. Debe ser que se dan cuenta de que nuestra historia tiene un valor”.

“EL PATRIMONIO TAMBIÉN SOMOS NOSOTROS”
Después Julio, su hijo, dice: “Mi mamá es la última de su generación. Queremos rescatar nuestra identidad, los Atayupanqui fuimos parte de los que construyeron el imperio incaico. Los que levantamos la gloria de Machu Picchu. Aquí estamos. Hemos sobrevivido 500 años, mantenido nuestro idioma, nuestras costumbres, nuestras tradiciones. Ahora llevamos nuestros apellidos con muchas más ganas. Ahora sentimos que tenemos un espacio”.

Él cree que a pesar de los avances, todavía hay una política de ignorar a las familias nobles, y se queja: “No hay estudios para saber que somos los verdaderos descendientes. Estamos muy occidentalizados. El patrimonio cultural no es solo Machu Picchu. Es también la gente que ha construido Machu Picchu”, termina Julio.

Al final cuando tomamos las fotos, doña Isabel pone cara seria. “Es que nunca sonríe en las fotos”, dice uno de sus hijos. “Ella piensa que eso no corresponde a su estatus”, explica. Cuando tomamos una gaseosa, lo primero que ella hace antes de beber un sorbo es soltar unas gotas sobre el suelo. “Es que hay que brindar primero con la pachamama”, dice. Después de un rato se retira lentamente, siempre en compañía de sus hijos.

(*) Investigador y genealogista. Más información sobre la familia Atayupanqui en: www.dinastiasperubolivia.blogspot.com

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