miércoles, 18 de abril de 2012

LLAMADAS DE EMERGENCIA FALSAS A BOMBEROS O PNP SERAN CASTIGADAS CON MAS DE S/. 90

EL COMERCIO ABRIL 20, 2012

Llamadas de emergencia falsas a bomberos o PNP serán castigadas con más de S/. 90

Los hombres de rojo esperan que con esta medida, aprobada ayer por el Congreso, el número de estas alertas se reduzcan

Los bomberos saludaron hoy la decisión que tuvo el Congreso de aprobar ayer una ley que sanciona con 91,25 soles a las personas que realicen llamadas falsas a los servicios de emergencia. El jefe de Comunicaciones de los hombres de rojo, Mario Cassaretto, dijo que espera que esta medida ayude reducir este tipo de alertas.

Casaretto detalló que actualmente el 97% de las llamadas que reciben los operadores de la central de los bomberos 116 son falsas. “Desagregando esa cifra, el 47% son molestosas, el 11% son acosadoras, el 4% son falsas alarmas y el 33% son llamadas sin contestar, es decir, llaman y luego cuelgan”, agregó.

Comentó que con la ley aprobada en la víspera en el Parlamento, se espera reducir en 70% el número de llamadas falsas en general y, añadió, en el mediano plazo “quisiéramos que se eliminen totalmente”.

La norma sanciona con el 2,5% de una Unidad Impositiva Tributaria (UIT) las llamadas falsas o acosadoras, lo que equivale actualmente a S/. 91,25. Si hay reincidencia la multa será el doble y la tercera vez acarreará la suspensión de la línea al servicio de llamadas de emergencia.

El monto que se recaude será distribuido, en partes iguales, entre la Policía Nacional del Perú y los bomberos, debiendo ser destinado para mejorar los servicios de emergencia, según señala la norma aprobada.
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EL COMERCIO OCTUBRE 6, 2009

Mayoría de llamadas a teléfonos de emergencia 105 y 116 son falsas

“ALó, contesta la línea 105. ¿Cuál es su emergencia?”, pregunto, tomando prestado el equipo de un operador de la policía. El jefe de Permanencia, comandante José Antonio Alcalá, me ha invitado a escuchar una llamada. Metido en mi fugaz papel de recepcionista, pongo voz de serio y rehago la pregunta: “¿Cuál es su emergencia?”. Mi anónimo interlocutor titubea, sopla, murmura una línea ininteligible y luego, cuando lo apuro, suelta una solitaria y contundente sílaba que resume el enconado espíritu de su llamada: “may”. Después me cuelga.

Todos los días la Central 105 de la policía recibe un aproximado de 20 mil llamadas. De acuerdo con el testimonio del comandante Alcalá y de más de cinco operadores, en casi un 90% son perturbadoras, es decir, difunden bromas, insultos y “mecidas”.

Por increíble que parezca, sus autores están por todos lados, en todas las generaciones y capas sociales. Niñas aburridas que cantan y carajean desde su celular. Niños que, si no reportan incidentes falsos, denuncian a su vecino por algún delito que se les ocurrió. Holgazanes que mentan sistemáticamente la madre, entre las siete de la mañana y el mediodía. Gays que piden favores sexuales muy puntuales. Prostitutas que se ofrecen. Ladrones que distraen con pistas engañosas. Amas de casa desavisadas que llaman a averiguar los datos exactos de la última promoción de Movistar. Ancianos quejumbrosos que preguntan por el número del “rotafono” de RPP. Y —la mejor de todas— viejecitas escleróticas que (acaso porque han visto muchas películas) requieren que la policía vaya a sus casas y monte una urgente operación de rescate para ayudar a sus mascotas a descender de las “vertiginosas” alturas de un enclenque árbol de metro y medio.

Ubicados en la intersección donde se cruzan la falta de educación y la estupidez, todos esos ciudadanos hacen diaria gala de su ignorancia, congestionando una línea diseñada para auxiliar a quienes pasan un apuro.

MÁS APARATOS, MÁS BROMAS
El comandante Alcalá coloca un dedo en su barbilla, pone cara de filósofo y ensaya una respuesta que explique tamaño despelote. “Creo que se genera con la demanda del servicio de telefonía. Hace 20 años las llamadas perturbadoras eran muy raras. Hoy los chicos de 14 o 15 años tienen celular, y en sus ratos de ocio llaman al 105 para burlarse. Eso perjudica una emergencia real”, señala, asado.

El suboficial de primera Juan Esquivel trabaja hace seis años en el 105 y tiene identificado el variopinto perfil de quienes usan equivocadamente la línea. “Muchos homosexuales llaman pidiendo tener relaciones. También llaman niños a quienes lamentablemente no les enseñan en el colegio a valorar el 105, y hasta nos llaman internos desde el penal de Lurigancho”.

Felizmente —relata Esquivel— hay emergencias que sí se logran cubrir, lo cual le reporta al operador policial una sensación reconfortante. “Una vez un menor se cayó a una acequia en San Juan de Lurigancho, por la carretera a Chosica. Envié una unidad a tiempo y lo pudieron salvar. Y hace más de un año, gracias al 105, se recuperó un camión lleno de celulares robados” .

Secibelz Milla Villafana tiene 44. Es suboficial de primera y hace ocho años contesta el teléfono del 105. Cuando le pregunto por la llamada más absurda que recuerda, ella no lo piensa mucho, sonríe y me habla de una señora que llamó para decir que en la puerta de su casa había una persona mareada. “Quería que mandáramos un patrullero. Fuimos y resultó que era su esposo. Ella solo quería darle un escarmiento”, dice Secibelz, con una mirada como de divertida indignación.

Lo que le ocurrió a la suboficial de tercera Marlene Flores (28) sí es para inflamarse de cólera. Un niño retador llamó una vez para recitarle, no una poesía, sino una selección de sus lisuras favoritas. Ella, enojada, tomó su teléfono personal y contactó al pillo. “Le advertí que deje de llamar para esas cosas, que no le iba a gustar nadita cuando hablara con su mamá. El mocoso me dijo: “Llámala, pues, llámala””, dice Marlene, imitando la voz del niño atorrante. “Y en vacaciones de colegio es peor todavía”, añade, con la anticipada molestia de quien sabe que en un par de meses nomás muchos niños estarán por ahí, libres y sueltos, llamando al 105 para seguir molestando.

QUE VENGAN LOS BOMBEROS
Lo que ocurre en la Unidad de Emergencia 116 (uno—uno—seis) de los bomberos es un calco de todo lo anterior. Según el jefe de prensa, mayor CBP Lewis Mejía Prada, cada cinco segundos hay una llamada “malévola”.

Un operador contesta allí 800 llamadas al día y de esas solo 90 son emergencias reales (incendios, ataques cardíacos, intoxicaciones, caídas, fracturas, asaltos, acuchillamientos, intentos de suicidios, atropellos, choques, vuelcos).

“La gente no valora la importancia de este servicio. No entienden que al llamar están quitándole a una persona la posibilidad de que se atienda oportunamente su emergencia real”, dice.

Los cuatro operadores con quienes conversé —Guadalupe Morales, Johana Padilla, Víctor Bracamonte y Kristell Sánchez— estuvieron de acuerdo en señalar que la gratuidad del servicio es la razón principal del origen de estas llamadas indeseables.

También conversé con la jefa de la Unidad de Emergencia, quien tiene un nombre inmejorable para su puesto: Socorro (podríamos decir que desde hace 23 años a Socorro la llaman pidiendo auxilio). Ella cree que quienes usan el 116 así, por gusto, son personas enfermas o que no tienen con quién hablar.

De todos los casos insólitos que Socorro tiene para contar elige este: una señora de Lince telefoneó clamando ayuda porque su niña se ahogaba. “Se ahoga mi niña, mi niña se ahoga”, chillaba la mujer. Socorro la escuchó tan desesperada que mandó la única ambulancia disponible, la del Congreso. Cuando los bomberos llegaron al lugar se dieron con la avinagrada sorpresa de que “la niña” no era otra que la gata de la mujer. “Ella es mi niña, casi se ahoga”, repetía.

Solo para constatar esas historias, le pedí prestados sus audífonos a una operadora y atendí una llamada. “Aló, ¿sí?”, pregunté. Una voz infantil me gritó: “Fuego, fuego”. Con súbita ingenuidad le pregunté dónde se estaba desarrollando el incendio. La obscena respuesta que me dio es sencillamente impublicable.

BORRACHO LLAMÓ AL 911 Y FUE ARRESTADO
El 9 de setiembre, en Delray Beach, EE.UU., Benjamin Dewer (26) fue arrestado por llamar al servicio telefónico de emergencias borracho y para decir que tenía hambre en dos oportunidades. Cuando la policía se acercó a su domicilio, lo encontró sentado en la vereda. Aquí, en Lima, el mayor CBP Lewis Mejía asegura: “En Estados Unidos, si haces una llamada malévola, la policía va automáticamente a tu casa y te multa. El nivel de esas llamadas allá es bajísimo. Aquí la legislación no permite sanción y eso está muy mal”.

EN PUNTOS
1 Hasta antes de la gestión de Mercedes Cabanillas en el Ministerio del Interior, la Unidad 105 de la policía contaba con 360 efectivos. Desde entonces cuenta con 200.

2 Tanto en la PNP como en bomberos es clamorosa la falta de personal para atender las llamadas de todos los distritos. También hace falta un soporte tecnológico moderno.

LA FRASE
Estas personas no tienen conciencia. Llaman porque no tienen nada que hacer, porque quieren molestar o simplemente porque la línea es gratuita
LUIS BARRIOS ROMERO. TÉCNICO DE LA POLICÍA (105)

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