domingo, 4 de marzo de 2012

(EDITORIAL) SIN BARRERAS

EL COMERCIO MARZO 4, 2012

(Editorial) Sin Barreras

El ministro de la Producción ha declarado que el presidente desea acelerar el “TLC hacia adentro”. Si la cosa no va a quedar en el anuncio, es una excelente noticia.

El ministro de la Producción ha declarado que el presidente desea acelerar el “TLC hacia adentro”. Si la cosa no va a quedar en el anuncio, es una excelente noticia.

“TLC hacia adentro” es un nombre que acuñó Hernando de Soto para expresar que las barreras al intercambio de bienes y servicios –en una palabra, al comercio– no existen solo entre países sino también al interior de un mismo Estado, y que hay que combatir tanto las segundas como las primeras. Lamentablemente, el señor de Soto dejó la cosa en la sola declaración y no volvimos a saber más del tema hasta que lo ha retomado el mencionado anuncio.

Sería extraordinario si el presidente tiene la decisión política de enfrentar sistemática y decididamente estas barreras por la misma razón por la que ha sido una excelente noticia cada uno de los TLC: porque el comercio enriquece a todos los que participan en él. Y es que las transacciones comerciales, todas ellas, se llevan a cabo porque tanto el comprador como el vendedor piensan que están en mejor situación después que antes de su intercambio. Además, el comercio genera también riqueza para personas diferentes a los comerciantes, como, por ejemplo, ese 15% de trabajadores peruanos que tienen empleo gracias a la exportación (que los TLC han facilitado dando acceso a nuestros productores a 2.577 millones de nuevos compradores).

Las barreras que enfrenta el comercio interno en el Perú son todavía más poderosas que los aranceles. Entre estas, acaso las más directas son las regulaciones burocráticas para crear y operar negocios, y la corrupción. Dos barreras que no son independientes, siendo la segunda el corolario de las primeras. Nada facilita más la búsqueda de sobornos por parte de los funcionarios corruptos que las regulaciones ambiguas, arbitrarias y difíciles de cumplir.

Lo que cuesta esta corrupción no debe subestimarse. Un ejemplo. De acuerdo con los más reputados medidores internacionales, varios países de Europa del Este tienen niveles de corrupción iguales a los del Perú. Pues bien, según un informe del Banco Mundial en esos mismos países las empresas invierten anualmente el 3% de sus rentas brutas en sobornos. Aplicado al Perú, eso querría decir que solo nuestras 32 empresas más grandes invertirían alrededor de S/.634 millones al año en coimas. Y esos son solo los costos directos. Si pudiésemos medir lo que pierden esas empresas en esperas e incertidumbres, con proyectos paralizados y permisos súbita y arbitrariamente revocados, antes de sentirse empujadas a tomar el mal camino, la cifra se aumentaría exponencialmente.

Por lo demás, nuestras barreras burocráticas son de por sí (aún antes de desembocar en corrupción) un formidable obstáculo para la libre empresa y el comercio en el país. De los 183 países rankeados por el Doing Business del Banco Mundial según el nivel de las dificultades que presentan para hacer negocios (donde el puesto 183 lo ocupa el que tiene las mayores dificultades y el 1 las menores) somos, por solo citar algunos ejemplos, el 96 en dificultad para obtener un permiso de construcción, el 93 en dificultad para pagar impuestos y el 102 en dificultad para tramitar problemas de insolvencia. Únicamente en el 2010, los permisos directos de iniciación de negocios (que no incluyen otro tipo de trabas burocráticas para acceder al mercado) costaron alrededor de 300 millones de soles a las empresas que nacieron en la formalidad.

Para hacer realidad el TLC hacia adentro se necesita priorizar la reforma de la administración. Hay que obligar a todas las entidades estatales a justificar cada una de sus regulaciones con análisis de costo-beneficio, invalidando las que tengan un saldo negativo y potenciando a las entidades que existen para combatir las barreras, como, por ejemplo, el Indecopi. El costo de un país con menos regulaciones no tiene por qué ser la ley de la selva: muchos países del Primer Mundo tienen muchísimo menos controles administrativos para crear y desarrollar negocios que nosotros y, sin embargo, tienen también estándares inacabablemente mejores de conservación ambiental, orden urbano, seguridad y demás.

El TLC hacia adentro es, pues, una necesidad real y ahora más que nunca, cuando la crisis internacional y la aún no terminada resaca de las truculentas elecciones que vivimos, han desacelerado el ritmo en que veníamos creciendo. Y es también una cuestión de justicia. Al fin y al cabo, cuando las barreras para hacer negocios son muy altas, solo las pueden saltar los grandes, lo que pone en severa desventaja a quienes no tienen recursos importantes cuando se trata de entrar con todas las de la ley al enriquecedor mundo del comercio (aunque sí tengan buenas ideas y ganas de forjar algo). Algo que se vuelve todavía más grave al considerar que son estas pequeñas y medianas empresas las que, aún desde la precaria informalidad, ya contratan al mayor número de peruanos, generan una gran y creciente tajada del PBI y demuestran con su contundente empuje y crecimiento, para pesar de quienes se recrean considerando las clases sociales como compartimentos estancos, que empresarios podemos ser todos.

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