miércoles, 9 de diciembre de 2009

LISANDRO MEZA: "UNO DEMUESTRA CUANTO SABE POR VIEJO Y DIABLO. YO SOY AMBOS"


PERU 21 DICIEMBRE 9, 2009

“Uno demuestra cuánto sabe por viejo y diablo. Yo soy ambos”

Lisandro Meza es el compositor de varios himnos cumbiamberos. Con una carrera de 55 años, 160 discos (como solista y con sus bandas) y más de 500 composiciones, todavía se pasea por el mundo llevando diversión, cumbia... y machismo. No por las puras se hace llamar 'El Macho de América’.
Autor: Gonzalo Pajares Cruzado

"Soy de Sucre, en el Caribe colombiano. Allí nació la cumbia. Allí, los huaroto (una tribu) construyeron una especie de gaita, con ella se tocaron las primeras cumbias. En realidad, hay dos tipos de gaitas: la hembra tiene cinco orificios y da los tonos melódicos. La macho tiene un solo orificio y da las líneas de bajo. Además, se acompañaba con una maraca, que llevaba el ritmo. Pero era muy monótona. Con la percusión traída por los negros africanos se le anexan los tambores, se le insufla vida y se deja de lado el lamento indígena. Así, la cumbia se impone en los bailes de la época. Cuando estuve en el África les expliqué que habían contribuido a crear el ritmo madre de Colombia y de Latinoamérica, que es la cumbia”. Lisandro Meza, el cumbiambero músico colombiano, nos explica el origen de la cumbia. Estuvo en Lima realizando algunos conciertos con sus ex 'enemigos’ del Grupo 5.

¿Cuándo nace el vallenato?
Como ritmo, no existe. Hay una ciudad colombiana que se llama Valledupar. La gente, por costumbre, le dice 'vallenato’ a quien es de allí. Sucede que hicieron un festival en Valledupar –donde nació Rafael Escalona, uno de los mejores compositores colombianos–. Entonces, a todo lo que se tocaba allí –donde abundaba el acordeón– se le empezó a llamar vallenato. Ahora todo el mundo lo acepta, incluso yo (risas). La diferencia entre la cumbia y el vallenato está en que la primera puede ser un lamento; en cambio, el vallenato es alegre.

¿Su hogar era musical?
Mi abuelo hacía versos y recitaba décimas. Mi abuela cantaba bailes 'pajarito’, que estaban de moda por entonces, donde primaba el verso improvisado. Se decían las cosas ocultas, era su periódico (ríe). Acá va un ejemplo: “Una señora muy elegante vestida de negro/ formó en el valle la gritería/ porque la nieta que más quería/ la sinvergüenza, la pechichona/ el dueño del carro cargó con ella”, y allí ya tenía usted una historia y una canción (risas).

¿Usted siempre tuvo claro que quería ser músico?
También quise ser torero y futbolista. Aprendí a tocar el acordeón tomándolo 'prestado’ de un obrero de mi papá. Este se dio cuenta de que era bueno y, para Navidad, me regaló uno. Siete meses después ya estaba grabando mi primera canción, mi primer disco. Tenía 15 años. Ya llevo 55 años en el oficio, con más de 500 composiciones, y aún no estoy satisfecho con lo que he hecho.

¿Qué tan talentoso se considera?
La verdad, a veces yo mismo me admiro de las cosas que hago. Las oigo y me digo: “Me salió bien esto”. En América Latina hubo dos grandes agrupaciones: La Sonora Matancera y Los Corraleros de Majagual. Yo integré la última como acordeonista, cantante, director y arreglista. (Y canta: “Suéltala, pa’ que se defienda./ Suéltala, que ella baila sola). Con Los Corraleros grabé 41 discos; como Lisandro Meza, 119. A veces me da pena porque estoy esperando al sucesor de Lisandro Meza, que cante y sea un verraco, pero no hay. Mi nieto pinta bien, pero no tiene escuela. Sucede que el don que tengo, sin duda, es divino (ríe y, luego, piensa).

¿Así como discos, ha hecho hijos?
(Ríe). Con la niña Lu tengo siete hijos, y tengo siete más fuera del matrimonio… siempre con la misma, pero en diferentes (ríe). Uno de ellos es australiano, hay otro venezolano, otro ecuatoriano. Es que hay mucha mosca en el alambre (ríe); esto de la música atrae a muchas niñas bonitas y uno cae en la tentación. Como decimos en Colombia: “El pela’o que es llorón… y la mama que lo pellizca” (risas). A las chicas les pregunto: “¿Te gusta el artista, te gusta el hombre o te gusta el dinero?”. Si titubean, es obvio que les gusta la plata.

¿Tiene dinero?
No, los que lo tienen son mis hijos (risas). Yo soy muy responsable. Para llegar a donde estoy yo, hay que tenerle respeto a la vida, a la familia, a nuestro país, pues el artista es el que lleva la cultura de su país por el mundo. Entonces, debe cuidarse mucho y tener muchas cualidades. Cuando salgo al escenario no solo está Lisandro Meza, también Colombia. La gente me quiere por mi comportamiento.

También ha actuado. ¿Qué tan buen actor era?
Eso no lo sé. La gente me decía que lo hacía bien, que besaba bien (risas). Unas chicas me decían: “Quiero que me beses así”. Y yo les respondía: “Es que aquí pagan… y pagan bien” (risas). En la vida, uno demuestra cuánto sabe por viejo y por diablo… y yo cumplo ambos requisitos (risas).

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