martes, 6 de octubre de 2009

CHALE Y REYNA: LOS PERUANOS QUE LE AMARGARON LA VIDA A MARADONA

EL COMERCIO OCTUBRE 7, 2009

Chale y Reyna: Los peruanos que le amargaron la vida a Maradona

8:58 | Deporte Total los reunió para comentar anécdotas y secretos imperdibles de su enfrentamiento con el que era el mejor jugador del mundo

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Por Mario Fernández / Elkin Sotelo

Fue terrible, como todo lo que hace Roberto Chale. Había tomado el fierro caliente de dirigir a la selección peruana en 1985 después de que Moisés Barack fue despedido y Marcos Calderón se negó a hacerse cargo. Tampoco quiso tomar la posta José Fernández, así que el ‘Niño Terrible’, quien había sido asistente de ‘Moshé’ con 38 años, se montó a ese caballo de precioso linaje, pero difícil de hacerlo ganador.

El partido más importante de la vida de muchos hombres de ese equipo estaba por venir. Llegaba la Argentina de Diego Maradona y Chale lo recuerda como si fuese ayer: “Fui a espiar a Venezuela contra Argentina semanas antes en San Cristóbal y vi cómo un chiquito —en ese tiempo los venezolanos no eran mejores que los peruanos— anuló a Diego cuando se le pegó y lo aburrió”, confiesa el técnico cuyo procedimiento para anular al astro empezó a gestarse en ese viaje a tierras llaneras y que ahora —en compañía del protagonista de este episodio de la historia del fútbol peruano— empieza a reconstruir ese pasaje para El Comercio, en exclusiva.

LA SALIDA DE URIBE
Chale reconoce que en algún momento estuvo a punto de hacer demasiados cambios en el equipo base peruano solo por crear la estrategia para marcar a Maradona. “En principio quería que lo marcara Olaechea, pero ‘Mango’ venía muy bien con el ‘Panadero’ Díaz al fondo y si me decidía por él iba a tener que buscar otro central, y también variar el mediocampo”, refiere.

Tampoco era la idea que el titular Julio César Uribe se pegara como chicle al ‘10’. “¿Cómo hago para sentar a Uribe?”, pensó Roberto y recordó que el ‘Diamante’ acostumbraba a escaparse de la concentración, hecho que le sirvió de excusa perfecta para condenarlo. “Lo agarré escapándose y le dije que se fuera del equipo antes de que trajera un médico para que le hagan un dosaje etílico delante de los dirigentes. Él me dijo que no lo hiciera porque me consideraba su hermano, y ahí fue cuando le dije: ‘te quedas en el equipo siempre y cuando hoy juegues como Maradona en el partido de práctica y te dejes marcar por Reyna’. Esa tarde Uribe jugó mucho mejor que Diego y Lucho lo marcó bien”.

“YO LEVANTÉ LA MANO”
¿Y por qué Reyna? En este punto de la conversación intervino Lucho, quien sufre cada vez que Argentina y Perú se enfrentan porque inevitablemente se convertirá en punto central de la discusión por su famosa marca a Maradona. “Cuando el ‘profe’ preguntó quién quería marcarlo, yo levanté la mano porque era mi sueño, no tanto por marcar a Diego, sino por jugar la Eliminatoria. Además, los mayores del equipo, como el ‘Ciego’ Oblitas, ya le habían sugerido a Roberto algo así”. Reyna habla del tema con cierto recelo, pero incentivado por Chale a decirle la verdad.

“Me gustó que Lucho levante la mano. Enseguida le di la confianza para esa misión, pero me enteré que no era titular hace más de seis meses y que estaba fuera de distancia. Pero a José Velásquez la decisión le cayó muy bien y me dijo que ya era hora de que alguien lo acompañe en ese sector, porque ya estaba bien de que le digan ‘Patrón’, ‘Muralla’ y tenga que hacer el trabajo solo”, cuenta el ‘Niño Terrible’.

“SE DEJÓ GANAR”
Reyna entiende que hablar en este momento sobre su duelo con Maradona no pasa por buscar fama, sino por dejar un testimonio vivo de lo que en ese entonces estaba permitido. Sabe que hoy en día no podría hacer semejante despliegue y sujetar tanto a un rival, aunque aclara que no hubo deslealtad en ese partido. “Yo estaba bien preparado y no me iba a amilanar. No era la primera vez que hacía una marca especial. Ya en 1983 hice un trabajito parecido —pero no igual— con el colombiano Darío Herrera. Lógicamente, Maradona era otra cosa”.

Al pitazo inicial Reyna no miró la pelota y fue corriendo a tomar al mejor jugador argentino sin importarle la tribuna, la cámara especial que seguía la danza de esa pareja en el novedoso sistema ‘picture in picture’ para todo el mundo, lo bien que jugaban los peruanos Navarro, Cueto y Velásquez y lo mal que la pasaba Carlos Salvador Bilardo desde fuera. Reyna solo tenía como objetivo que Diego pase de la sorpresa a la incertidumbre y pronto a la desazón.

“Se dejó ganar rápido. En el momento no me decía nada, fue respetuoso, aunque después del partido sí habló mucho como todo argentino”, interpreta ahora Lucho su victoria personal.

Y es que se tejió a lo largo de los años la leyenda de que Reyna trabajó mucho las yemas de sus manos y las tenía tan toscas que un apretón de él significaba dolor. “Solo lo abrazaba como cuando se juega al básquet por el hecho de que tenía que estar seguro para qué perfil iba a correr”, añade el ex jugador.

PARA QUE NO TE OLVIDES
Dos años después Perú y Argentina se volvieron a encontrar en la Copa América y Reyna volvió a amargarle la vida a Diego, quien había hecho el gol inicial a Gonzales Ganoza. Anotó de cabeza el empate definitivo. “Para que no se diga que solo era un jugador que cumplía ese tipo de funciones. El centro fue el Jorge Hirano, mi compañero en Cristal durante muchos años y sabía como ponerme la pelota”. Así cerró ‘Cachete’ su historia deportiva frente al ‘10’ albiceleste. Obvio, después tendría que cargar con la cruz de abrir la boca cada vez que le preguntaban por Maradona y, en la mayoría de casos, no lo hizo de buena gana; también se dio el gusto de despachar a cientos de periodistas que querían caricaturizarlo en sus notas y que solo pudieron anotar en sus libretas forzosos saludos a sus madres.

DUELO TÉCNICO
Para Roberto Chale su duelo con Carlos Bilardo en el 85 tuvo dos rounds, uno para cada uno. Primero pegó el peruano al madrugarlo con esa marca a Maradona, pero emparejó el ‘Narigón’ cuando envió a Julián Camino a fracturar a Franco Navarro, la pieza clave del ataque nacional. “Bilardo es muy malo, en su época de jugador utilizaba alfileres y le decía a sus rivales con quienes los engañaban sus mujeres. No tengo duda de que esa jugada para sacar a Franquito fue ordenada por él, fue una venganza. En ese partido nos ganaron mal porque Arpi Filho [árbitro] no expulsó a Camino y validó el gol de Gareca que había sido un foul inmenso”.

En ese partido en el Monumental de Buenos Aires, sucedió la memorable jugada de César Cueto para el gol posterior de Gerónimo Barbadillo. “Fue la jugada más linda que haya visto. ¡Y mira que yo he visto fútbol! Cueto hizo que dos argentinos [Valdano y Giusti] se choquen y salió por debajo de la tierra para poner el piecito. Luego Barbadillo se abrió más y yo que me ‘comía el calzoncillo’ [risas] y decía: ¡métela negro c!”.

SÍ Y NO
De lo que pasará el sábado ambas figuras tienen posiciones distintas. Chale cree que Perú puede dar la sorpresa y Reyna es totalmente escéptico. “A los argentinos siempre les fue difícil el fútbol peruano, por la habilidad y porque ellos son troncos. Creo que al final Chemo está encontrando el equipo y Argentina cada vez baja más su nivel. Creo que ellos tienen leche, carne y huevos, pero les falta el cocinero”, ironiza Roberto.

Se refiere a que la versión de Maradona entrenador no le satisface: “Tiene que dejar de pensar en su época como jugador en la que él resolvía todo”. En cambio Reyna está seguro de que intereses demasiados grandes jugarán un partido aparte el sábado y Perú sufrirá las consecuencias: “¿Ganarles? Nooo… hay mucho en juego. Argentina tiene que ganar sí o sí. Con penal o con el árbitro. Además, Argentina tiene un equipazo”.

Y cómo no hablar de lo que es Messi en la actualidad y compararlo con Diego. El verdugo cree que Lionel es más rápido, pero que en el fútbol sudamericano lo frenan por naturaleza. “En España sus marcadores retroceden cuando él tiene la pelota, acá lo asfixian y lo muerden como hicieron el otro día los paraguayos. El fútbol por estos lares es muy difícil y no hay espacios”.

Reyna y Chale se van y nos dejan una lección: el ingenio peruano no conoce límites ni dioses.
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