jueves, 10 de septiembre de 2009

ADOLFO CHUIMAN: "YO FUI EL PARTO MAS FELIZ DE MI MADRE"

LA PRIMERA 07 11 08

“Yo fui el parto más feliz de mi madre”

Conversé con el comediante televisivo Adolfo Chuiman, el famoso “gato” del programa Así es la vida. Ante un excelso cebiche de mero, conchas negras y calamar tumbesino -más su vino como aperitivo-, dicha tarde, al son de salsa y boleros, fue enteramente entrañable.

Adolfo, ¿Antes de incursionar en la televisión tu pasión era el teatro clásico?
Hice teatro dramático durante diez años. Actúe en obras escritas por Pirandello, Lorca, Sartre, etc. Me enorgullezco por ese comienzo de mi carrera. Yo me formé en el teatro universitario de San Marcos (TUSM).

¿Desde cuándo se forjó tu vocación?
Mi madre me dijo que yo fui el parto más feliz que tuvo. Nada de dolor cuando yo nací. De repente ya estaba actuando. Yo postulé para un curso libre de actuación en la TUSM. Éramos unos trescientos. Hubo una calificación y quedamos sesenta. Yo ocupé el primer lugar, según la crítica. Como alumno independiente, porque no pertenecía a San Marcos sino a la Garcilaso de la Vega, conocí a Don Guillermo Ugarte Chamorro, y César Ureta Alcántara, dos grandes nombres del teatro, quienes fueron los que me impulsaron la grandeza del teatro. De ahí seguí a otros teatros, como el “Histrión”, donde hice bastante comedia. Imagínate, trabajé cinco años con Pepe Vilar. Tuve temporadas en el famoso teatro “Arequipa”. La comedia recién vino después. Para el mundo del espectáculo, el comediante es lo más importante. Además, hacer comedia es más difícil.

¿Cómo hiciste tu aparición en el mundo televisivo?
Cuando el actor es de raza quiere más su profesión. Los griegos decían que los actores están a la altura de los dioses, porque son los únicos que pueden dar vida a otras personas. Me chocó la TV un poco, porque es muy comercial, pero entendí que el actor tiene que hacer toda clase de géneros y personajes y ahora la TV es parte de mi vida. Entendí que el buen actor es el comediante. Yo era actor dramático por excelencia, pero Pepe Velásquez, quien era uno de los grandes actores cuando trabajé en Histrión, me convenció para hacer programas cómicos en la televisión. Me costó mucho y las producciones llegaron sin parar: “Todo queda en casa”; “Matrimonios y algo más”; “Tradiciones Peruanas”; “La Comedia Peruana”; hasta que llegó “Risas y salsa”. Comencé a parodiar los videoclips. La más famosa fue la de Miguel Bosé y no exagero al decir que la parodia de “Don Diablo” aún es recordada. También acertamos con parodiar personajes policiales: El Padrino, el Loco Poggi. Llegábamos hasta 62 puntos de ráting.

¿Con cuál de tus personajes te quedas?
Todos son especiales. Por ejemplo, del “Taxista Ra-Ra” nació Renato, “El rey del recurseo”, que más tarde alumbraría redondo en “Mil oficios”. También recuerdo el “Guachimán Pacheco”, “¿Quién soy yo?, papá”, etc. Nunca he sido ingrato con algún personaje. Una cosa: hay que diferenciar el imitador del actor. Se confunde mucho y son dos cosas distintas.

Hiciste grandes amistades en la televisión, por ejemplo, con Gisela Valcárcel…
(Silencio. Adolfo se dobla de risa). Interpreta mi silencio. Hubo un problema entre nosotros y si yo hablara…mejor no. No viene al caso. Lo dejamos ahí.

A ella la conociste durante la edad de oro de los café teatros.
Estuve casi diez temporadas en los café teatros; cada una de 6 a 8 meses. Ganaba mucho dinero. Yo innové el café teatro. Introduje una obra que se llamó “El calzón de castidad”, de Boccaccio. Fue un golazo de media cancha. Con Rodolfo Carrión “Felpudini” incentivamos a otros grupos a seguir esa fórmula.

¿Cómo conociste a “Machucao”?
Yo fui profesor de teatro en Histrión. Allí conocí a mi alumno Elmer Alfaro, más conocido como “Machucao”. Le dije a Efraín Aguilar que tenía las condiciones necesarias para trabajar con nosotros. Al igual que “Chelita” (Analí Cabrera) y “Felpudini”. Eran como una “promo” de nuevos talentos.

Genaro Delgado Parker fue tu jefe y amigo.
Yo no lo niego, Genaro hasta ahora es mi amigo. Yo tuve problemas de índole económica con el canal, pero con otros directivos. Tuve diferencias y por eso opté por trabajar en el Canal 4.

Breña era tu barrio. ¿Eras el “bacán”?
Yo era el “sherif” de mi barrio en Breña. Yo era recontra palomilla. Toda señorita que llegaba al grupo primero tenía que pasar por “yoni”. Si tú me preguntas cuántas mujeres he tenido, no te podría decir (risas).

Tú eres un enemigo declarado de Magaly. Muchas veces han tenido diferencias. Es más, una vez la retaste a firmar autógrafos para ver a quién la gente quería más.
Es cierto. Me arriesgué y la desafié en una firma de autógrafos en un centro comercial conocido. Ella me acusaba de colgarme de su popularidad y la reté, pues. Y se chupó. Ahora ella está en la cárcel. No existe artista que la apoye porque ella sólo se dedicaba a destruir. Además, con esto de su encarcelamiento ya no es una intocable. Hasta de sus mismos colegas se burlaba. Claro, uno se regocija cuando ve un ampay. Pero realmente uno no sabe qué es hasta que le toca. Es lo más horrible que puede haber en el mundo. Encima, ganas plata por eso. Pucha, ya no seas malo.

¿Como actores, a quiénes admiras?
Admiraba mucho a Alfredo Bouroncle. También a Eduardo Cesti, Alberto Ísola, Jaime Lértora.

¿Sentiste alguna vez tu carrera frustrada?
A Dios gracias, nunca me faltó trabajo. Si hubiese nacido en Estados Unidos, ahorita me estarías haciendo la entrevista en mi yate. Pero no puedo quejarme artísticamente. Soy uno de los actores que más éxitos ha logrado en la televisión.

¿Quizá ahora con un trabajo sostenido en el canal de las estrellas es una especie de revancha?
Quizá revancha ante Panamericana que no me supo utilizar. Tuve desencuentros con los directivos. Yo sabía que ante la propuesta de Así es la vida tendría una buena acogida. Agradezco a Efraín Aguilar y a Gigio Aranda. Uno siempre tiene que estar agradecido. Es mentira cuando uno dice: “Yo me hice solo”. Siempre hay alguien ahí que creyó en ti.

Con la música por dentro
La previa: dentro del búnker comandado por el productor Efraín Aguilar, donde se hacen las grabaciones de Así es la vida, precisamente en la cafetería, los actores se alarmaron por mi cámara fotográfica colgada del cuello. Me juraban “urraco”. Pude escuchar: “Qué hace la prensa acá”. Las actrices, bellas como las olas, me robaban el corazón y la pequeña calle con departamentos de tantas escenas, me hicieron saber que yo era el nuevo chico de barrio: el intruso. Ya, afuera, en alguna calle de Lince, propios y extraños admiraban el trabajo de Adolfo, antes de enrumbarnos en su camioneta hacia un restaurante, cerca a la avenida La Marina: “El Rubio”; a propósito del onomástico del dueño del local, Chuiman improvisó un par de canciones de salsa, dejando en claro una vena musical incuestionable. La cantó sintiendo cada pálpito, bien achorado, bien pueblo, bien él. Todo un cantante de salsa. Hasta tiene un CD. Entró a la música por casualidad. Durante la producción de “¿Quién soy yo? papá”, se necesitaba una interpretación suya del tema principal “Yo no me llamo Javier”, de los Toreros Muertos; y la grabó.

Aparte, antes de eso hizo muchas comedias musicales; “El gato” antes de arañar, ya cantaba. Ha grabado otros temas, por ejemplo, el merengue “El Peluchón”. También compuso “Pepe Mandruca”, un tema en registro salsa. Ese tema lo llevó al disco producido bajo el sello El Virrey. Le recomendé que haga un papel donde se unan lo histriónico con su faceta de cantante. Le piqué el ojo, ya que le entusiasmó la idea -y que me ponga en los créditos, mínimo-. Adolfo termina diciendo “Yo he viajado con orquesta llevando la música. Es espectacular: es lo más hermoso que te puede tocar. Me sentía Frank Sinatra”.

Textos y fotos:
Luis Torres Montero

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