miércoles, 2 de septiembre de 2009

GENTE QUE MIENTE CON FRANQUEZA...UNA NOTA DE AUGUSTO ALVAREZ RODRICH

LA REPUBLICA SETIEMBRE 17, 2009

Gente que miente con franqueza
Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

La necesidad de hacer política con más verdad.

ANicolás Yerovi le gusta presentarse como ‘el único periodista que miente con franqueza, algo que a él le cae muy bien por el estilo de sus textos, a diferencia de muchos políticos cuya vocación por la falacia corroe el escaso prestigio que le queda a la política peruana.

Anteayer, por ejemplo, le pregunté en RPP a Jorge del Castillo, mientras se quejaba del espíritu ‘negativo’ de Alejandro Toledo, a quien por sus críticas al manejo económico del gobierno acusó de “terrorista financiero”, si no estaba siendo injusto frente al derecho legítimo de hacer oposición, incluso de un modo mucho más ‘light’ que el del Apra, que en el quinquenio pasado llegó a demandar la vacancia presidencial.

Respondió que el Apra nunca pidió la vacancia de Toledo. Para demostrar su mentira bastaría recordar la marcha de la CGTP de 2004 con una plataforma que contenía ese pedido y la entusiasta participación –patadita incluida– del entonces candidato opositor Alan García. Pero Carlos Ferrero ha exhibido documentos que desmienten al ex premier aprista.

Esta afición por la mentira es, lamentablemente, frecuente en muchos políticos que, cuando son ‘ampayados’, muestran, sin ruborizarse, un doble estándar escandaloso, algo en lo que el Apra también saca varios cuerpos de ventaja. Ejemplos:

Uno: el Apra respaldó a Nancy Obregón en el año 2005 cuando eso le servía para atacar a Perú Posible, pero la quiere colgar, por lo mismo, en el 2009. Dos: a la congresista Elsa Canchaya (UN) se le encontró un empleado fantasma y la botaron al toque, pero cuando ocurrió lo mismo con la aprista Tula Benites, casi todo el partido hizo lo imposible para salvarla. Tres: a Pilar Mazzetti la sacaron del Ministerio del Interior por problemas en la compra de patrulleros, pero cuando le ocurrió exactamente lo mismo al sucesor aprista Luis Alva Castro no pasó nada.

El ejemplo del estribo es del ministro Aurelio Pastor –alumno destacado de Del Castillo–, quien demanda por apología del terrorismo al libro de Abimael Guzmán pero finge demencia frente al texto del otro terrorista Víctor Polay seguramente porque el prólogo lo hizo Armando Villanueva del Campo.

Y cuando la falacia se vuelve muy obvia y grotesca, recurren a la intolerancia frente a discrepancias legítimas, como llamar “terrorista financiero” a Toledo, un delito tipificado.

La mentira como lanza, el doble estándar como casco y la intolerancia como escudo es una pésima manera de hacer política porque los ciudadanos –que no son tontos aunque eso crean varios políticos– se hartan de esta gente que miente con franqueza y mucho entusiasmo.

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