viernes, 8 de mayo de 2009

CHOQUEQUIRAO; MUCHO POR DESCUBRIR...EL ULTIMO REFUGIO

EL COMERCIO MAYO 12, 2009

Choquequirao; mucho por descubrir

El último refugio.
DESCUBIERTA SOLO EN UN 30%, SE DICE QUE SON RESTOS ARQUEOLÓGICOS APROXIMADAMENTE TRES VECES MÁS GRANDES QUE MACHU PICCHU

Por: Viviana Salas

Cuentan que Choquequirao fue una ciudadela construida rápidamente por Manco Inca con el fin de servir de bastión contra la invasión de los conquistadores del nuevo mundo, pero todo parece indicar que estos nunca pisaron el lugar.

Para acceder a esta maravillosa construcción de piedra es necesario tener tiempo y, sobre todo, muy buen estado físico, ya que la caminata requiere de gran esfuerzo durante sus casi 32 kilómetros de ida y 32 de vuelta por un camino bastante difícil y por momentos casi inaccesible.

SE INICIA LA RUTA
Hay varias vías de acceso hasta Choquequirao. La nuestra comenzó en la ciudad del Cusco, donde tomamos colectivo en el paradero de Arcopata y luego de tres horas estábamos en Curahuasi, lugar que dicen es la cuna del anís (el olor de toda la ciudad no nos hizo dudar de esto). Una vez aquí fue necesario tomar otro colectivo hasta el ramal de Cachora. El tiempo de viaje fue de 30 minutos. En este desvío tomamos el colectivo que nos llevó hasta el pueblo de San Pedro de Cachora tras unos 30 minutos más de viaje.

Encontramos allí Los Tres Balcones, un acogedor hostal donde tomamos los servicios de un arriero y un caballo para llevar mochilas, carpa, bolsas de dormir y comida necesarios.

A las 7 de la mañana del día siguiente empezamos el largo camino. Al principio todo parecía tranquilo, poco esforzado y realmente posible. Nos acompañaba la maravillosa vista del nevado Salcantay y el sonido intenso que hacen los insectos que aquí viven. Luego de 10 kilómetros y cinco horas aproximadamente llegamos a la primera parada: El mirador de Capulilloc. Este lugar se encuentra en la punta de un cerro, desde el cual recién se puede tener una idea de todo el camino que hay que recorrer para llegar hasta Choquequirao.

Luego de dos horas más llegamos a la siguiente parada, Chikiska, donde fue posible darse un reconfortante baño en una ducha artesanal de agua fría, comer y tomar algo, a pesar de los elevados precios.

Al cabo de una hora y media más de camino de bajada llegamos a Playa Rosalina, a los pies del río Apurímac. Justo antes de cruzar por el puente colgante existe una caseta del INC donde todos deben quedar inscritos en una especie de registro.

Lo que sigue es realmente intenso. El camino se teje sinuoso y empinado sobre la ladera del cerro y los mosquitos no tienen piedad. Luego de unas cuatro o cinco horas de caminata sin tregua llegamos a Santa Rosa Baja. Aquí también pudimos encontrar baños y una ducha de agua fría que nos dio una buena cura para eso a lo que los lugareños llaman “mujurki” (dolor muscular). A media hora está Santa Rosa Alta y unas tres horas más adelante nos espera Marampata, donde se puede acampar antes de llegar a las ruinas. El camino desde Marampata hasta Choquequirao dura cerca de hora y media y es realmente agotador, tomando en cuenta que hay tramos de subidas y bajadas.

Finalmente, llegamos a Choquequirao, exhaustos pero orgullosos de nuestra hazaña. Una soledad inmensa nos acompaña y solo escuchamos el sonido del viento haciendo mover el follaje. Al fin tenemos la gran ciudadela de piedra frente a nosotros.

MÁXIMO PROVECHO
Trazamos una salomónica ruta para abarcar lo más que se pudiera en las escasas cuatro horas que teníamos para visitar las ruinas, ya que llegamos a la una de la tarde y debíamos salir como máximo a las 4 para poder volver con luz hasta Marampata.

Empezamos el recorrido por la plaza principal, una enorme alfombra verde rodeada de varios edificios de piedra. A los pies de esta se encuentra una gran cadena de andenes y a la mano derecha encontramos una colina a cuyos pies se ubican lo que dicen que eran las habitaciones de los sacerdotes.

En la cima de la colina hay un enorme círculo plano que hacía las veces de lugar de sacrifico. Desde aquí la vista de todo el complejo es impresionante.

El sector Las Llamas se encuentra en la parte trasera y baja de la plaza principal. Este lugar es una cadena de andenes donde podemos apreciar formas de llamas hechas en piedra de cuarzo e incrustadas en las paredes.

Hacia la parte superior de la plaza principal encontramos la segunda plaza, con una serie de edificios a su alrededor y un sistema de acueductos.

A las 4:30 de la tarde salimos de Choquequirao con destino a Marampata. Una enorme satisfacción de haber logrado visitar estos maravillosos restos arqueológicos nos invade, pero también la idea de que quizá sea la única vez que estemos aquí, pues la travesía hasta este lugar es realmente extenuante y el regreso hasta Cusco es igual de agotador.

ALTOS EN LA RUTA
Capulilloc: Es solo un mirador para tomar un breve descanso.

Chikiska: Primera parada donde puede comprar algo de tomar o comer. Hay baños, ducha, lugar donde darle de beber a los caballos y camping. El costo de la noche por carpa es de S/.1.

Playa Rosalina: Muy similar al anterior.

Santa Rosa Baja: Primera parada después de cruzar el río Apurímac.

Marampata: Penúltima parada antes de llegar a la ruinas. Preparan un reparador caldo de gallina.

Campamento del INC: Lugar más cercano a las ruinas. El costo de la noche por carpa es de S/.18.
_____________________

LA REPUBLICA SETIEMBRE 18, 2008

Aproximaciones. Choquequirao: nuevo ícono nacional
Manuel Burga.

Todo parece indicar que Choquequirao se convertirá muy pronto en un segundo Machu Picchu y quizá –con el tiempo y el progreso de las investigaciones– en su competidor más cercano, por sus dimensiones, furtiva ubicación, misteriosa belleza de las llamas de sol en sus andenes y las funciones políticas, militares, familiares y astronómicas que ha podido cumplir en la época tardía del Tahuantinsuyo. Está ubicado en el distrito de Santa Teresa, La Convención, Cusco, a una altura promedio de 3100 msnm, en una pendiente que mira al río Apurímac. Técnicamente se le denomina Complejo Arqueológico Choquequirao y tiene una extensión aproximada de 2000 has. Para visitarlo hay que recorrer 160 km por la carretera que va de Cusco a Abancay, hasta llegar a Cachora y desde aquí se necesitan dos jornadas para llegar a lomo de bestia o caminando por un cómodo camino de herradura.

Hago este comentario a propósito del libro CHOQUEQUIRAO. Símbolo de la resistencia andina (historia, antropología y lingüística) que la UNMSM e IFEA han publicado recientemente y que la semana pasada se presentó al público, porque es necesario dar a conocer la naturaleza de este proyecto y este libro. Los tres ensayos que lo conforman pertenecen a jóvenes investigadores de San Marcos, Mario Meza, Abdie Ramírez y Eunice Cortez, historiador, antropólogo y lingüista, respectivamente, que desarrollaron –en el año 2005– un ejemplar trabajo interdisciplinario con el apoyo de Donato Amado, historiador de la UNSAAC de Cusco. Hacer la historia de un monumento arquitectónico, como la que hicieron el gran historiador británico John H. Elliot y el arquitecto Jonathan Brown, para el Palacio del Buen Retiro, en las afueras de Madrid, donde residió la corte de Felipe IV, es un trabajo bastante serio y difícil. Más aún si este monumento no ha dejado testimonios escritos, sino solo restos materiales.

Los arqueólogos, que ya publicaron sus informes el año 2005, tendrán que decirnos definitivamente si se construyó, como lo sugiere Luis G. Lumbreras, en la época de Huayna Cápac, con mitmacuna que provenían de Chachapoyas, así como Pachacuti mandó construir Machu Picchu para su panaca y recordación. Patrice Lecoq, arqueólogo francés que ha investigado en este sitio, duda de esta afirmación; no la niega, más bien propone que se trata de un lugar ocupado desde el horizonte Wari y que nos falta estudiar para entender su función dentro del Tahuantinsuyo. Yazmín López Lenci, autora de El Cusco, paqarina moderna, nos advirtió en la presentación de los peligros de un turismo globalizado que podría convertir a este ícono en otro bien comercializable. Esto es posible, pero también sería muy razonable que la región Cusco se interese en promover investigaciones arqueológicas futuras que –sin lugar a dudas– llegarán a más y mejores precisiones para conocer cuándo, por qué y para qué se construyó Choquequirao.

Con la llegada de los españoles y la derrota de Manco Inca en 1536 todo ese mundo oriental del Antisuyo, en lo que hoy es la provincia de La Convención, fue ocupado por los últimos incas que gobernaron desde este refugio hasta que Túpac Amaru I fue capturado y luego ejecutado en 1573. Luego esta región es envuelta en el silencio y vuelve sus ojos y sus relaciones hacia el oriente. Los bosques avanzaron y los viejos caminos desaparecieron. Así se ocultó Machu Picchu y lo mismo sucedió con Choquequirao.

El ensayo de Mario Meza describe paso a paso cómo este monumento, por la curiosidad de los hombres, fue lentamente redescubierto por funcionarios, religiosos, viajeros y científicos. También lo visitó Hiram Bingham en 1909, como haciendo una pascana, antes de emprender el viaje a Machu Picchu. Este proceso de ocultamiento, existencia clandestina, vida precaria en la tradición oral y finalmente el maravilloso redescubrimiento, inscripción en el Registro Nacional de Monumentos arqueológicos y ahora transformación en un nuevo ícono nacional, es el mismo proceso que afectó al conjunto de la cultura andina entre los siglos XVI y XX. Abdie Ramírez nos hace recordar que los incas supieron negociar y respetar a los nativos del Bajo Urubamba. Eunice Cortez, con tecnicismo lingüístico, nos recomienda que deberíamos decir más bien Chukiquiraw y que es una palabra de origen aymara que significa "cuna de oro".

Este trabajo se ha hecho con el apoyo del Fondo Contravalor Perú Francia que ha brindado la oportunidad para que la UNMSM y el IFEA se vuelvan a encontrar este año 2008, cuando esta última institución cumple 60 años al servicio de las investigaciones en las regiones andinas. Un reencuentro que no es fortuito, sino que más bien reafirma esa tradicional amistad entre estas dos instituciones, que se inició en 1948, cuando Raúl Porras Barrenechea, historiador de San Marcos, pronunció un hermoso discurso en su ceremonia de inauguración.

No hay comentarios:

Las plaquetas de la Nueva Maravilla

Las plaquetas de la Nueva Maravilla
Las plaquetas que ganó Machu Picchu