jueves, 2 de octubre de 2008

SI TIENE MAS DE UNA DEUDA, CENTRALICELAS

EL COMERCIO OCTUBRE 10, 2008

TODAS EN UN SOLO BANCO
Si tiene más de una deuda, centralícelas
Por Luis Davelouis Lengua

Vivir endeudado es casi una regla en una época en la que nos bombardean a diario con miles de mensajes que nos emplazan a consumir.

Y como sucede siempre, solo hay un pequeño grupo de personas que posee una gran capacidad de gasto: se llama sector socioeconómico A, el cual dispone en promedio del 60% de su sueldo para dedicarlo a lo que sea después de haber cubierto sus gastos fijos.

El resto consume en la medida de sus posibilidades y muchas veces se apoya en el crédito.

Tenemos frente a nosotros una crisis financiera de magnitudes inciertas y de consecuencias imprevisibles. La confianza, clave en cualquier sistema basado en la disponibilidad del crédito, ha sido duramente golpeada. Nadie quiere prestar porque nadie está seguro de que su contraparte podrá pagar. El prestar dinero es un negocio peligroso en estos días.

LAS COSAS EN EL PERÚ
Llegamos así al Perú y a su --según distintos especialistas-- sólido y bien regulado sistema financiero. El Banco Central de Reserva (BCR), la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) y la propia Asociación de Bancos (Asbanc) aseguran que no hay problemas de liquidez. La SBS reconoce que se ha desacelerado el otorgamiento de créditos para evaluar la situación actual y el perfil de sus clientes en algunos sectores en particular.

Sin embargo, algunos de los fenómenos que se vienen observando en el sistema financiero, aconsejan prudencia. El BCR está inyectando liquidez al sistema, aunque los bancos no están prestando porque no saben qué tasas establecer en un entorno internacional tan volátil. Los bancos, con eufemismo, le llaman reevaluación de los créditos. En este escenario, las tasas de interés podrían empezar a subir debido a una percepción bancaria de mayor riesgo y con esto se endurecerían las condiciones de otorgamiento del crédito.

MEDIDAS DE PROTECCIÓN
La pregunta es, entonces, ¿qué se puede hacer para prepararse ante semejante y tan poco auspicioso escenario?

Para el gerente de tarjeta de crédito del BBVA, Samuel Sánchez, nunca es buen momento para estar muy endeudado, y con la actual situación, menos aún. De hecho, lo recomendable sería tener solo una tarjeta de crédito, que se debe escoger (en orden de importancia) por la tasa de interés, la línea de crédito y los beneficios adicionales que ofrezca (como millas, seguros, puntos para consumo u otros).

Sin embargo, opina que si se es realmente disciplinado y ordenado se puede tener más de una tarjeta sin que ello represente problemas potenciales. Pero no es la situación de la mayoría de limeños: en el mes de setiembre, el promedio de las personas tenía 2,5 tarjetas, e incluso se conoció el caso de una persona que poseía 11 tarjetas de crédito.

Y eso sí es un riesgo grande: el colapso del sistema en el Perú hacia finales de la década del 90 nos tomó por sorpresa: las personas financiaban sus gastos corrientes con las tarjetas. Ocurría que tenían varias tarjetas para poder pagar los montos mínimos de una con disposición en efectivo (a tasas de hasta 85%) de otra. Eso es lo que se llama 'carruselear' y en lo deviene es en la generación de una deuda que era varias veces más grande de lo que se puede pagar con cinco o seis sueldos íntegramente dedicados a ese fin.

Si bien hoy la situación es diferente (las tasas de morosidad son muy bajas y las provisiones cubren varias veces las colocaciones dudosas), hay quienes ya cayeron en el mencionado círculo vicioso y, cuando se generaliza, como dice el ex jefe de la SBS Juan José Marthans, puede generar una inestabilidad grave para el sistema y para las personas.

La alternativa es centralizar todas las deudas en una sola institución financiera, lo cual ayuda a ser más ordenado y permite obtener un mejor trato en la institución.

Además, sirve para consolidar las deudas de las tarjetas de crédito en una sola o, si por línea de crédito no puede hacerlo, puede reemplazar la deuda con un crédito personal. Estos son más baratos en términos de tasa y, por lo tanto, también más fáciles de pagar. Por último, asegúrese de estar endeudado en la moneda en que recibe su sueldo, porque no hay manera de prever lo que sucederá con el tipo de cambio en el median o largo plazo.

Por supuesto, esto último supone que elimine todas las tarjetas de crédito que pagará con dicho préstamo y que se quede solo con una para cualquier emergencia. De otro modo, podría caer en la tentación de volver a utilizar sus tarjetas y al final se quedaría con una deuda doble: la del préstamo para pagarlas inicialmente y la nueva, cuya utilización generará un costo. Ello sería, definitivamente, un mal negocio.

Los bancos pueden elevar las tasas
Las instituciones financieras están facultadas para realizar modificaciones en las condiciones de los créditos que otorgan de acuerdo con las condiciones del mercado, salvo que explícitamente y mediante contrato se niegue esta posibilidad.

Por ello, revise toda la documentación que reciba de su banco por aburrida o irrelevante que parezca. Lea cuidadosamente los contratos de las tarjetas de crédito (si ya los botó, pida que le alcancen una copia en el banco, es su obligación) y de cualquier otro préstamo que obtenga. Es muy probable que las tasas de interés suban y con ellas los costos del crédito. Guerra avisada no mata gente.
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EL COMERCIO OCTUBRE 3, 2008

EL COBRO A FIN DE MES

¿Se puede elegir el banco para pago de sueldo?
Por Luis Corvera Gálvez

La semana pasada me quedé pegado con una discusión entre un grupo de amigos sobre cuál de los comerciales sobre pago de planillas era el mejor. Había quienes defendían el ingenio e iniciativa del BCP, quienes valoraban la capacidad de reacción del BBVA, quienes resaltaban los beneficios del Scotiabank y quienes celebraban la facilidad que lanzaba el Interbank de poder contar con su sueldo por adelantado.

Si bien todos esgrimían sólidos argumentos, enmudecieron ante el ingenuo comentario de la esposa de uno de ellos, quien solo había estado escuchando hasta ese momento: "A mí me gusta la idea de las becas del Scotiabank. Sin embargo, me pagan en el BCP y en recursos humanos me han dicho que no me pueden cambiar de banco". Todos terminamos reconociendo que estábamos atados a alguna entidad financiera.

¿A qué se debe entonces la actual guerra publicitaria de las cuentas de haberes? "Como hay tanta presión pública para que se dé libertad a los clientes de elegir, los bancos están haciendo campañas para hacer creer que ello ya ocurre", comenta Miguel Ángel Martín, director de la maestría de ESÁN. Y no se equivoca en lo de presión, pues en el Congreso existen iniciativas en esta línea. Es más, agrega Martín, el propio Indecopi ha criticado esta situación y dio libertad a sus empleados de elegir un banco.

Para Ignacio Quintanilla, gerente general adjunto del BBVA Continental, es cierto que el mercado está cambiando y los bancos quieren que cambie. "Es algo que lo ves en varios países, como Argentina, Brasil, México y España. Es cierto que antes, por una limitación tecnológica, los empleadores no podían dar muchas opciones a los trabajadores, pero ello ya ha sido superado", resalta el ejecutivo.

Por ahora, indica Hernán Berenguel, jefe de productos retail del Scotiabank, un estudio de la consultora Brain Network indica que el 90% de las decisiones sobre el banco en el que se pagará el sueldo de un trabajador recae sobre el empleador. Pero en un contexto en el que se espera un cambio, resalta, "hay que prepararse y fidelizar a los clientes que ya tenemos".

Y es justamente este deseo de fidelizar a su actual cartera, precisa Mario Romero, jefe del segmento pago de haberes del BCP, lo que llevó a este banco a ser el primero en lanzar una campaña con su ya emblemático comercial "es fin de mes, ¡pagaron ya!". Y es que el riesgo es grande; de los cerca de 1,5 millones de trabajadores que reciben sus sueldos a través de un banco en el país, cerca de 500.000 están ligados al BCP.

¿QUÉ ME OFRECEN?
Según el estudio de Brain Network, lo que más valora una persona es la educación. "Es por ello que la oferta de valor del Scotiabank es brindarle becas y descuentos para estudios a los trabajadores y sus familias", comenta Berenguel, cuyo banco tiene poco más de 200.000 trabajadores con cuentas. "Este posicionamiento, además, nos permite ir a los gerentes de recursos humanos de las empresas y decirles que se pasen con nosotros, pues les ofrecemos mejorar las capacidades de sus trabajadores con estudios", agrega.

Su conclusión, sin embargo, no es compartida por Quintanilla. "Es cierto que la gente valora mucho la salud y educación, pero cuando le preguntas qué haría con un préstamo de US$25.000, te responde que comprarse un carro". Resalta que lo que un banco debe ofrecer al cliente es una mejor condición financiera. Es por ello que los clientes de su programa de planillas gozan de atención preferente (se convierten en clientes VIP en el horario que indiquen), pueden usar cajeros Global Net (más de 1.000) de forma gratuita y tienen tasas especiales.

Pero el que parece haber ido más lejos es el Interbank, con el adelanto de sueldo (hasta el 30% del monto depositado por el empleador). "Me gusta mucho la idea", comenta Romero del BCP, quien adelanta que es posible que ellos también brinden este servicio en el futuro, mientras que Berenguel asegura que el Scotiabank ya lo ofrece. Es más, mientras que el Interbank cobra un 3,5% de comisión, Scotiabank cobra 2%, pero no lo promociona.

Tal vez su decisión de no hacer mucho aspaviento esté ligada a la crítica de Quintanilla. "Adelantar el sueldo significa no cobrar nada; si lo haces es un préstamo y se debería llamar así. Hay que ser transparentes con los clientes". Y no solo eso: "Habría que mejorar las tasas de interés que se pagan por los depósitos", resalta Martín, quien considera que no es posible que se pague 1% al año, cuando la tasa de interés de un certificado de depósito es de 6%.
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EL COMERCIO 10 11 08

RINCÓN DEL AUTOR
De hormigas y cigarras
Por: Richard Webb

Érase una vez cuando, en la mente popular, el progreso era la recompensa al trabajo y al ahorro. Según Max Weber, padre de la sociología, la clave del desarrollo económico en Europa fue una cultura de esfuerzo y sacrificio, teoría que se bautizó con el nombre de Ética Protestante y que se volvió una verdad oficial. Mucho antes, Esopo escribió su fábula sobre la hormiga precavida y la cigarra derrochadora, y el Antiguo Testamento amenazaba con castigos fulminantes para el buen vividor.

Hace medio siglo, en Lima, la alcancía era un ícono. Los bancos las regalaban para los hijos de sus clientes, pensando que así promoverían buenas costumbres desde la niñez, y los reformistas creaban cooperativas, mutuales y, más adelante, cajas municipales que si bien eran llamadas "de ahorro y crédito" respondían más al objetivo de fomentar la práctica del ahorro que al de crear acceso al crédito.

Cuando en los años ochenta llegó de Alemania una misión de expertos para proporcionar asistencia técnica a las recientemente creadas cajas municipales, su prioridad consistía en la propagación de la costumbre del ahorro, y con ese objetivo iniciaron campañas cívicas, con premios y fiestas en las plazas, dirigidas a promover la cultura del ahorro entre la población y así seguir los pasos de los países como Alemania, Estados Unidos y otras naciones ya desarrolladas.

Pero el objetivo cultural empezó a mutar a lo largo de las décadas. La idea del ahorro como requisito y base de la transformación productiva fue reemplazándose por una celebración de las maravillas del crédito. Empezó un romance con las finanzas.
Más y más, el crédito aparecía como el motor del crecimiento en los países cuyo ejemplo nos tocaba seguir. El sector financiero se volvió el motor del crecimiento, estimulando la expansión de todo tipo de gasto público, de consumo, compras inmobiliarias e inversión empresarial.

El ahorro de las personas se desplomó en casi todos los países desarrollados. En varios, como Estados Unidos, Gran Bretaña y Grecia, hasta se tornó negativo.
Incluso en Japón y Corea del Sur se redujo a la mitad de sus niveles anteriores. Como buen alumno, el Perú se dedicó también a facilitar el acceso masivo al crédito y a repetir el nuevo refrán, que solo el crédito nos sacaría de la pobreza. La crisis mundial ahora parece ser el inevitable castigo bíblico, y el camino de salida es recordar y poner en práctica la lección de Esopo.
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EXPRESO 24 de septiembre de 2008

David y Goliat
Los platos rotos los paga el pueblo
Yonhy Lescano Ancieta (Alianza parlamentaria)

Resulta que cuando un deudor chiquito (digamos uno que debe US$ 500 a un banco por un crédito de consumo) se atrasa o deja de pagar, el banco le cae con todo, le manda un ejército de cobradores, lo ponen en las centrales de riesgo, le cierran el acceso al crédito, le ejecutan el pagaré en blanco multiplicando su deuda por diez veces, lo enjuician,... ...le embargan sus bienes, y lo acosan sin medida ni clemencia con toda clase de métodos denigrantes de cobranza, sin que el Estado mueva un solo dedo por el sufrido deudor (y eso que a lo mejor no paga porque se quedó sin empleo), con el argumento de que en una economía de mercado los agentes económicos deben asumir sus riesgos y el Estado no tiene por qué meterse en tales transacciones.

Sin embargo cuando ese deudor no es chiquito, sino un pez gordo que maneja autos de lujo, viste ternos Armani, viaja en jet privado, y juega especulativamente en bolsa e inversiones temerarias, no importa si se descalabran las finanzas de los bancos o empresas que dirigen ocasionándoles pérdidas millonarias o endeudándolos en varias veces su patrimonio neto. Ahí no funciona la regla mencionada. No señor. Para estos piratas de camisa de seda, gemelos de oro y corbatas italianas, ahí sí el Estado acude presuroso al rescate, asume sus deudas, limpia sus pasivos, y al asunto lo llaman “crisis sistémica”.

Ese es el drama que está viviendo actualmente los EE UU con el desplome de su mercado financiero, el legendario Wall Street. Las apuestas excesivas e irresponsablemente riesgosas de los directivos de los principales bancos de inversión en instrumentos financieros y derivados, referidos al mercado inmobiliario, han ocasionado su insolvencia, su venta y en algunos casos hasta su quiebra. Ahí están los casos de Bear Sterns, de Lehman Brothers, de Merrill Lynch, de la AIG, de las inmobiliarias Fannie Mae y Freddie Mac. El común denominador es que sus directivos y gerentes han actuado como apostadores de casino, premunidos de una desenfrenada codicia por el dinero, y han burlado las regulaciones.

Como consecuencia de esto, han generado un agujero negro que se está tragando a los principales bancos de inversión norteamericanos uno por uno. ¿Cuál es la sanción para estos especuladores de cuello y corbata? Ninguna. Seguro que ya están en sus mansiones disfrutando de sus “golden parachutes”.

Las gigantescas deudas que han dejado tras de sí, si el mercado funcionara para estos casos, tendrían que asumirlas sus empresas y ellos deberían purgar pena por el delito de fraude en la administración de personas jurídicas y otras infracciones. Deberían ambos, empresas y directivos –siguiendo la lógica del mercado– pagar por sus riesgos. Sin embargo, no es así. El gobierno norteamericano los rescatará desembolsando cerca de un billón de dólares (un millón de millones), es decir, todos los contribuyentes pagarán por los estropicios de estos piratas financieros.

Moraleja: El dios mercado es implacable con los deudores chiquitos e infinitamente generoso y benevolente con los peces gordos. A esto es a lo que los economistas llaman “riesgo moral”. Como los sumos sacerdotes del dinero saben que si sus aventuras no funcionan, el gobierno asumirá sus deudas, entonces esto es un incentivo irresistible para más aventuras. Por esto, el Tío Sam vive de burbuja en burbuja y, como es una economía demasiado grande, nos termina afectando a todos.
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LA REPUBLICA 18 de septiembre de 2008

COSAS DE LA TRIBU
La próxima víctima

María Elena Castillo.

Mi primera libreta de ahorros la abrió mi madre en los años 70, en el extinto Banco Popular. El ingreso y retiro de dinero quedaba registrado con tinta azul en las hojas de papel de mi libreta.

Con el tiempo aparecieron las tarjetas de plástico y las transacciones virtuales a través de internet. Pero lamentablemente la modernidad no es siempre sinónimo de seguridad, pues cada vez aparecen más quejas por retiros irregulares a través de esa vía.

La semana pasada la empresa Global Services Perú denunció haber sido víctima de varias sustracciones en su cuenta del Banco Continental a fines del mes pasado, aunque ellos nunca han realizado operaciones por internet y todas sus transacciones siempre se han llevado a cabo mediante autorizaciones físicas entregadas a la agencia bancaria donde tenían su cuenta.

Cuando fueron al banco a preguntar por lo ocurrido, simplemente les dijeron que habían hecho una operación por internet y que ellos no podían hacer nada por ayudarlos. Y no han querido contestar ninguna de las cinco cartas que han enviado a dicha entidad financiera.

Al presentar su denuncia en la DIRINCRI, la policía les dijo que había cerca de otros 60 casos similares, la mayoría vinculados al Banco Continental. Frente a estos hechos me pregunto si los bancos son tan seguros como pregonan, y si no podemos convertirnos en la próxima víctima.

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