sábado, 4 de octubre de 2008

MESA REDONDA: EL MUNDO DEBERA BUSCAR UN NUEVO PUNTO DE EQUILIBRIO....A PROPOSITO DE LA CRISIS FINANCIERA

EL COMERCIO ENERO 3, 2009

AÑO NUEVO DE LUTO
La tragedia en Mesa Redonda
Por David Hidalgo Vega

El fotógrafo que llegó entre los primeros al lugar de la tragedia regresaría llorando por lo que vio. Había pasado unas horas en el infierno, como se suele decir en ciertos casos, solo que esta vez tenía poco de metáfora. Daniel Silva, reportero gráfico de este Diario, captó imágenes que iban a estremecer al país. Entre las peores que uno recuerda, se ve a un grupo de personas atrapadas tras las rejas de un altillo, los rostros a grito vivo, los brazos clamando ayuda hacia la calle, el calor y el humo a punto de sofocarlos. En otra escena se ve las siluetas de tres bomberos que luchan contra un inmenso núcleo de fuego, rodeados de escombros, carrocerías calcinadas, bolsones de humo por todos lados. El titular que daría sentido a esas imágenes, a la mañana siguiente, fue lacónico pero brutal: "Y sucedió lo que se temía: ardió Mesa Redonda. Más de 100 muertos". Entre las tragedias que han teñido estas páginas en tantos años de información, aquella era de las peores, porque pudo haberse evitado. Todos sabíamos que la muerte rondaba por allí.

"Hay noches trágicas. Noches plagadas de gritos, dolor, muerte. Noches ennegrecidas por la desgracia", señalaba el Buenos Días del 30 de diciembre, al cierre del año, como una introducción a los reportes desoladores que llenaban las páginas internas de El Comercio. "Cientos de hogares lloran en estos momentos por ese golpe de la fatalidad: una negligencia, un descuido imperdonable y esa cualidad que tienen las tragedias de abatirse siempre sobre los inocentes". La portada era un recuento de calamidades: "Inescrupulosos saquearon algunas tiendas afectadas", "Bomberos sufrieron por escasez de agua", "El fuego provocó el derrumbe de locales", "El Gobierno declara duelo nacional hoy y mañana".

El reporte principal daba cuenta de que a eso de las siete de la noche la multitud que hacía compras de fin de año en esa zona, cercana al Mercado Central de Lima, fue sorprendida por el estallido de las bombardas, cohetes y toda clase de artefactos pirotécnicos puestos a la venta formal e informal. El caos fue instantáneo: cientos de personas trataron de escapar por los jirones Cusco y Miró Quesada, mientras los comerciantes intentaban rescatar o proteger su mercadería. El fuego corroía cuatro manzanas. Un reportero de El Comercio vio, como todos, lo que parecía ser un amasijo de fierros: segundos después se supo que en realidad era un grupo de cuerpos calcinados.

"Al principio se hablaba de algunos muertos. El primer cálculo oficial era de veinte víctimas. Quedó corto. El número creció hasta el espanto: cuarenta, sesenta, cien muertos. Cuando el ministro del Interior salió a declarar, la calle era estremecida por el rumor de que dentro de las galerías podía haber más de 120 víctimas. Lo peor de todo eran los gritos, el alarido de la muerte", relató una página gráfica que mostraba los distintos matices del horror. También ese cálculo quedaría corto.

Las calles de esa zona producían una sobrecarga de tensiones dolorosas. Se percibía en el frenesí de los cuatrocientos bomberos de las cuarenta unidades que ese día fueron convocadas a la emergencia. Quedaba claro en el gesto angustiado de policías que debían repartirse entre la ayuda y el control de los vándalos. Se notaba en las voces que llamaban a familiares perdidos en la oscuridad de las calles, ya sin fluido eléctrico para evitar más desgracias. Coagulaba en los ambientes de los trece hospitales que recibieron a los heridos.

En una cronología de desastres similares podía verse hasta seis incendios causados por la negligencia, varios en la misma zona, con decenas de muertos y pérdidas materiales. Un día después, el 31 de diciembre, la portada de El Comercio confirmaba las dimensiones de este episodio. "Es el incendio con más muertes de la historia", decía a página completa. La cifra oficial triplicaba los estimados iniciales: había 290 víctimas. El comandante general del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Perú, Tulio Nicolini, lo dijo sin asomo de exageración: "He visto muchos incendios, pero este es el más atroz".

Su testimonio profesional pintó escenas tan escalofriantes que los reporteros iban a recordarlas en sus palabras durante años, incluso hasta hoy. "Cuando ingresamos a las galerías, todo era pavoroso. La gente se había encerrado para evitar el saqueo o protegerse, pero la pólvora corrió por abajo", señaló Nicolini. Un primer cerro de 120 bolsas negras, cada cual con restos de víctimas, resultaba su evidencia más irrefutable. Entre el estallido de la tragedia y la llegada de los primeros bomberos no habían pasado ni cinco minutos.

Pronto se abrió la baraja de responsabilidades. Mesa Redonda había sido una trampa a vista de todos. Un cálculo inicial señalaba que en los días previos al desastre unos trescientos vendedores informales se habían instalado en la zona con sus materiales explosivos. La cifra podía llegar a quinientos. Uno de ellos había realizado una demostración fallida de una bombarda conocida como Chocolate, según las primeras pesquisas. Esa imprudencia incendió el cruce de los jirones Cusco y Andahuaylas. En la zona se habían acumulado cien toneladas de pólvora.

De poco sirvieron las explicaciones y las denuncias. Los muertos ya estaban y la Morgue Central de Lima se había convertido en un reservorio de lamentos. Algunos deudos desesperaban y debían ser calmados. Otras pieles empezaban la lenta agonía de las cicatrices.
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LA RAZON 29 DE DICIEMBRE DEL 2008

A siete años de la tragedia de Mesa Redonda y a la espera de castigo para los culpables

Realizan misa en honor a víctimas de incendio

Una misa para conmemorar los siete años del incendio producido en el emporio comercial Mesa Redonda se realizará hoy en la Iglesia Jesús Reparador, ubicada de la cuadra ocho del jirón Andahuaylas, en el Centro de Lima, para rendir homenaje a los más de 270 fallecidos.

El acto litúrgico está programado para las 10:00 horas y con ello también reclaman sanción a los responsables de esta tragedia. Las actividades conmemorativas por el fatídico incidente se iniciaron ayer con una vigilia en la cuadra siete del jirón Cusco, cruce con la calle Andahuaylas, donde se produjo la tragedia.

En la primera actividad participaron 70 familiares de los fallecidos en Mesa Redonda, informó Melitón Prado Mamani, comerciantes, quien perdió en el lamentable incendio a su hija de 22 años, identificada como Esther Lorena Prado Torres.
Como se recuerda, más de 270 personas, entre trabajadores y compradores, perdieron la vida en un enorme incendio ocurrido el 29 de diciembre del año 2001 en la galería comercial de Mesa Redonda, a causa de la detonación de un producto pirotécnico al interior de ese emporio.

La falta de agua y el rápido desencadenamiento de los artefactos pirotécnicos hicieron que el fuego se desatara por todos los pasadizos de esta galería, dejando atrapados entre las llamas a numerosos comerciantes y visitantes, quienes no lograron escapar para salvar su vida.

Por su parte, algunos vendedores que se vieron cercados por el fuego optaron por refugiarse dentro de sus puestos comerciales, muriendo casi de manera instantánea por asfixia, pues el denso humo se dispersó ferozmente por la presencia de cajas y productos plásticos.

Se estima que en esa desafortunada víspera de Año Nuevo, hubo más de 300 víctimas, entre muertos, heridos y desaparecidos, ya que la fuerza de la combustión calcinó muchos de los cuerpos a tal punto que habría dejado nulos los rastros de su origen.
Los deudos de esta tragedia resaltan que, además de rendir honor a sus familiares que partieron para siempre, esperan recordar que se debe sancionar duramente a los responsables de este lamentable hecho que dio la vuelta al mundo y enlutó al país entero.
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GATOENCERRADO OCTUBRE 16, 2008

Estados Unidos debe tomar de su propia medicina por: Andrés Oppenheimer

El presidente George W. Bush está usando una buena parte de su tiempo en consultas con líderes europeos sobre cómo poner fin a la crisis financiera global. Pero debería también pedirle consejo a México y a otros países latinoamericanos que lograron recobrarse de sus debacles financieras.

Varios economistas internacionales dicen que Estados Unidos podría aprender algunas lecciones de la crisis financiera mexicana de 1994, que sacudió a los mercados mundiales y que terminó con un enorme paquete de rescate de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional.

Claudio Loser, que era director del departamento latinoamericano del FMI durante la crisis mexicana, y que ahora se desempeña como consultor privado en Washington D.C, escribió esta semana en el boletín informativo electrónico Latin American Advisor que un informe del FMI del 2005, sobre las crisis bancarias latinoamericanas, nos demuestra cómo la historia se repite.

Si tomamos las palabras ''México'' y ''1994'' en ese informe del FMI y las reemplazamos por ''Estados Unidos'' y ``2008", las similitudes son notables.

''La oleada de quiebras bancarias en México en diciembre de 1994 se produjo luego de un período de liberalización financiera y de proliferacion de créditos bancarios, y en ausencia de adecuada regulación y supervisión bancaria'', decía el FMI en el 2005. ``Cuando la mala calidad de las carteras de préstamos de los bancos mexicanos se hizo evidente, las cotizaciones de la moneda, las acciones y los precios inmobiliarios cayeron en picada, reduciendo todos los valores y provocando grandes pérdidas a los bancos''.

Para detener la hemorragia financiera mexicana, el entonces presidente Bill Clinton y el FMI rescataron la economía mexicana con un plan de salvataje de $38 mil millones, es decir alrededor del 10 por ciento del producto bruto mexicano de ese momento. Eso no fue demasiado diferente, en términos proporcionales a la economía nacional, del reciente plan de rescate de $700 mil millones aprobado por el Congreso de Estados Unidos, sumado a otros paquetes de estímulo aprobados por el gobierno norteamericano, según dice Loser.

Una vez que Washington y el FMI desembolsaron el dinero, México mejoró la supervisión del sector financiero con nuevas regulaciones. Eso produjo el colapso de varios bancos, y la fusión de otros, tal como está ocurriendo en Estados Unidos hoy. Aunque el rescate bancario mexicano estuvo acompañado de serias acusaciones de corrupción, México se recuperó y pagó su deuda a Estados Unidos y al FMI a principios de 1997, dos años antes de su vencimiento, con una ganancia neta para el Tesoro de Estados Unidos.

¿Que lección tendría que aprender Washington de México?, le pregunto a Loser esta semana.

''La principal lección es que los paquetes de rescate financiero y las nuevas regulaciones no son suficientes si no se adopta un plan de austeridad con recortes del gasto público para poner la casa en orden'', me dijo Loser. ``México lo hizo y ahora lo tiene que hacer EEUU''.

Loser señala que hacer estas cosas de inmediato podría empeorar la actual parálisis económica, pero Washington tendrá que adoptar estas medidas en los próximos meses. Entre otras cosas, Washington tendrá que pensar en reducir excepciones impositivas a grandes corporaciones, disminuir los programas de ayuda social y aumentar los impuestos.

Mi opinión: estoy de acuerdo. Washington debe aplicar el mismo remedio que prescribió a los países latinoamericanos durante sus respectivas crisis financieras y adoptar un plan de austeridad con reducciones del gasto del gobierno (yo empezaría por los subsidios agrícolas). Si no se aplica un paquete de austeridad, el rescate actual no mitigará los temores de Wall Street y el resto del mundo.

Lo que me preocupó al ver el debate presidencial del martes es que el senador Barack Obama y el senador John McCain continuaron haciendo grandes promesas como si en el mundo no hubiera pasado nada, y como si no estuviéramos sufriendo la peor crisis financiera desde la gran depresión de 1929.

¿Acaso McCain realmente cree que podrá darles a las familias un crédito impositivo de $5,000 para cubrir los costos de servicios médicos en el nuevo clima económico? ¿Acaso Obama realmente cree que el próximo gobierno podrá lograr asistencia médica para 45 millones de estadounidenses que no tienen seguro de salud?

Se están engañando y nos están engañando a nosotros. El tercer debate presidencial debería cancelarse para ser reemplazado por una prueba con un detector de mentiras en la que Obama y McCain deberían contestar si creen realmente que podrán cumplir sus respectivas promesas económicas. Probablemente saldrían reprobados.

Mientras tanto, deberían empezar a pensar en un plan de austeridad de largo plazo y llamar por teléfono a México para pedir consejos sobre cómo implementarlo.
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GATOENCERRADO OCTUBRE 10, 2008

Se vienen años de vacas flacas por: Andrés Oppenheimer

No se engañen con el universal suspiro de alivio que se oyó el viernes cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó un paquete de rescate de $700 mil millones para salvar al sistema bancario del país. La medida contribuirá a evitar un colapso financiero, pero la economía estadounidense seguirá en baja, y Latinoamérica recibirá un golpe más grande que el que muchos suponen.

Es cierto, la crisis de Wall Street que sacudió a los mercados mundiales durante las últimas semanas no significará ''la debacle del capitalismo'', tal como el presidente venezolano Hugo Chávez proclamó triunfalmente, ni significa que el Primer Mundo ''se derrumba como una burbuja (sic)'', como dijo la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner.

Eso no ocurrirá. Lo más probable es que signifique un movimiento pendular, desde una economía de libre mercado excesivamente desregulada durante el gobierno de Bush hacia una economía más regulada, como ha ocurrido muchas veces en Estados Unidos después de ciclos de gastos excesivos e impuestos insuficientes.

Pero a juzgar por lo que escuché de boca de varios presidentes latinoamericanos, ministros de economía y economistas durante la Conferencia de las Américas del Miami Herald horas después de la aprobación del rescate financiero, la crisis crediticia de Estados Unidos nos afectará a todos durante el resto de este año y en el curso de todo el 2009, si no más tiempo. Se vienen años de vacas flacas.

''El golpe ha sido tan grande que a los consumidores estadounidenses les llevará cierto tiempo empezar a comprar otra vez, o a pedir créditos'', me dijo Mustafa Mohatarem, jefe de economistas de General Motors. ``El gasto de consumo se reducirá durante un período de por lo menos dos años''.

Eso significará una desaceleración del crecimiento económico estadounidense, que es el motor de la economía mundial y la principal fuente de comercio, turismo e inversión de muchos países latinoamericanos. Mientras que antes de esta crisis los economistas pronosticaban un crecimiento anual de 3 por ciento en Estados Unidos durante los próximos años, ahora se calcula que la economía crecerá un 1 por ciento el año próximo, o que no crecerá en absoluto.

Como resultado, los países latinaoamericanos verán caer sus exportaciones al mercado más grande del mundo, y recibirán menos turistas estadounidenses y menos remesas familiares de Estados Unidos. Esto perjudicará especialmente a México y Centroamérica, cuyas economías están estrechamente vinculadas al mercado estadounidense.

Pero también Sudamérica se verá afectada por una reducción de los precios de las materias primas, porque el menor crecimiento de la economía mundial resultará en una menor demanda de petróleo, soja y otras materias primas que han sido la base del crecimiento de Venezuela, Argentina y otros países de la región.

''La burbuja de los commodities, aunque no ha estallado, se está desinflando considerablemente'', dijo Mohatarem.

En el plano financiero, Latinoamérica tendrá mayores dificultades para acceder a préstamos externos para pagar sus proyectos de infraestructura o cumplir con los pagos de la deuda externa. Además, la crisis financiera se produce en un momento en el que muchos países ya están haciendo frente a mayores gastos por sus importaciones de petróleo y de alimentos.

''Hay cuatro crisis simultáneas que están afectando a nuestros países'', dijo el presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández. ``La crisis financiera, la crisis energética, la crisis de alimentos y la crisis climática. Esto va a tener una incidencia directa en lo inmediato''.

Augusto de la Torre, director del departamento latinoamericano del Banco Mundial, me dijo horas después del rescate bancario que la economía latinoamericana probablemente crecerá entre un 2.5 por ciento y un 3.5 por ciento en el 2009. Antes de la crisis, el Banco Mundial y la mayoría de las instituciones financieras internacionales estaban proyectando un crecimiento de alrededor de más de 4.5 por ciento el año próximo para la región.

Mi opinión: el rescate financiero es una buena noticia, pero no será suficiente. No reactivará el crecimiento mundial si Washington no empieza a reducir su deuda de más de 11 billones de dólares, y la gente vuelve a confiar en la economía. El próximo presidente estadounidense debería imponer un paquete de austeridad, no muy diferente a los que se prescribían a los países latinoamericanos durante sus crisis financieras de los años ochentas y de los noventas.

En cuanto a que países latinoamericanos resultarán más perjudicados, paradójicamente la lista probablemente incluya a varios de los que han celebrado la crisis financiera de Estados Unidos como un presunto ''colapso'' del capitalismo, y que ya tienen poco acceso al crédito internacional.

La caída del precio de las materias primas reducirá los ingresos y puede aumentar las tensiones políticas en Venezuela, Argentina, Ecuador y otros países exportadores de materias primas que han estado gastando más de lo que deberían. Sus políticas populistas estaban cimentadas en los estratosféricos precios de las materias primas, y es posible que ahora estén entre las principales víctimas de la desaceleración de la economía global.
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EL COMERCIO OCTUBRE 6, 2008

EDITORIAL
Lecciones de la nueva relación entre el Estado y el libre mercado

Todo indica que la crisis financiera en Estados Unidos marcará un antes y un después, pero no solo en la historia de esa potencia mundial. Y es que, como concluyó la Mesa Redonda que organizó El Comercio sobre el tema, tan grave coyuntura podría redefinirlo todo, desde la relación Estado-libre mercado hasta la correlación de fuerzas en el espectro político internacional.

Nuestro país deberá valorar estas tendencias --aún confusas sin duda-- ante esa suerte de péndulo que peligrosamente ha funcionado en América Latina y que ha llevado a la región de un modelo económico a otro totalmente opuesto y radical, con las consecuencias que ello puede acarrear en la estabilidad democrática. En principio, como expresaron los expertos en nuestra Mesa Redonda, si bien la crisis financiera ha puesto en entredicho los alcances del capitalismo y el papel del Estado, ello no implica mirar hacia posiciones estatistas y nacionalistas, sino hallar nuevos puntos de equilibrio.

¿Pero qué significa buscar el punto de equilibrio? En principio, reconocer que el libre mercado no significa ausencia estatal, sino presencia de un Estado promotor de la inversión privada interna y externa, así como un mejor comportamiento de los actores económicos y financieros.

Como señalamos en nuestras Propuestas para una Agenda de Gobierno, el modelo social de mercado no es la panacea, pero puede constituirse en el camino seguro y ordenado de la economía, siempre que las fuerzas productivas respeten las reglas para una competencia eficiente, equitativa y sobre todo generadora de riqueza en beneficio de la inclusión.

Bajo este contexto, la crisis de Estados Unidos revela la necesidad de los sistemas de transparencia en el marco del libre mercado y lo inadmisible de la aplicación de decisiones irresponsables, como fue mantener una política monetaria de bajas tasas de interés y actitudes de consumo irracionales. Como se señaló en la Mesa Redonda, algunos analizan ya la posibilidad de refundar el capitalismo --concepto planteado por el premier inglés Gordon Brown-- para evitar coyunturas como la que estamos viviendo, en las que campea una preocupante desconfianza en el sistema y una recesión mundial de consecuencias aún insospechadas, a pesar del paquete de rescate bancario que aprobó el Congreso estadounidense.

De otro lado, y así concluyó la Mesa Redonda, la política exterior de EE.UU. resulta inviable e insostenible.

Habría que preguntarse si después del colapso financiero, EE.UU. seguirá reconocido por su hegemonía mundial o si las economías más grandes de Europa, como Inglaterra, Francia, Italia y Alemania, reducirán aun más su dependencia de Norteamérica. En principio, los líderes políticos de esos países acaban de acordar que trabajarán corporativamente para enfrentar las consecuencias de la crisis bancaria, lo que significa que la Unión Europea es un bloque sólido en el contexto de la globalización.

Como en Europa, América Latina debe asimilar las lecciones de una coyuntura que demuestra que si bien las crisis económicas son cíclicas, se pueden encontrar salidas de orden técnico, a través de políticas consensuadas, que no pongan en riesgo la gobernabilidad democrática.
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EL COMERCIO OCTUBRE 5, 2008

MESA REDONDA DE EL COMERCIO. DE NUEVO Y A ACOMODARSE
El mundo deberá buscar un nuevo punto de equilibrio

Mecanismos regulatorios aparecen como solución pero pueden implicar riesgo. Habría una menor recaudación como consecuencia de una menor exportación
Economistas y politólogos analizaron en la mesa redonda convocada por El Comercio los límites que existen --o deberían existir-- entre el Estado y el libre mercado, a propósito de la crisis económica en EE.UU., que obligó al gobierno de ese país a intervenir el sistema financiero con un rescate de US$700.000 millones. Coincidieron en la necesidad de encontrar un punto de equilibrio, entre el intervencionismo estatal y un mercado expuesto a su libre albedrío.

MESA REDONDA: CRISIS EN EE.UU.
"Debemos encontrar los nuevos puntos de equilibrio"
A propósito de la crisis financiera y los recientes acontecimientos, El Comercio convocó a varios especialistas para discutir sobre los límites entre el Estado y el libre mercado
Por Luis Davelouis Lengua / Gerardo Caballero

La crisis financiera que atraviesa Estados Unidos y que ha obligado al Gobierno de ese país a intervenir dicho sector con un paquete de rescate estimado en US$700.000 millones forzó la revisión de algunos principios del llamado "pensamiento único" que sostiene, entre otras cosas, que a "menos Estado, más mercado".

El Comercio convocó a reconocidos profesionales de diversas disciplinas para abordar el tema de la economía y los límites del Estado. El propósito fue echar luces sobre el alcance de las funciones de este último, sobre todo, frente a una coyuntura como la actual. Todos coincidieron en que la respuesta se encuentra en algún lugar entre una posición netamente intervencionista y una que deje al mercado regularse solo como parece haber sido el caso, hasta que se desató la crisis.

El economista y ex presidente del Consejo de Ministros Pedro Pablo Kuczynski; el abogado internacionalista Enrique Bernales; el economista, catedrático e investigador de la Universidad del Pacífico Jürgen Schuldt; el economista y director del Instituto Peruano de Economía, Roberto Abusada; Fabián Novak, del Instituto de Estudios Internacionales; Dennis Chávez, máster en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; el profesor principal del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP Henry Pease; y el ex presidente del Banco Central de Reserva, Richard Webb, fueron quienes participaron en el debate.

REFUNDAR EL CAPITALISMO
Esta fue la tesis de Schuldt, quien insistió en la existencia de un aspecto estructural --mucho más profundo que una pobre regulación y la temeridad de algunos banqueros de inversión-- sobre el que se asienta la actual crisis: la forma y velocidad con las que se venía endeudando y gastando Estados Unidos desde hace más de 20 años. En ese sentido, sostuvo que tras la crisis, a EE.UU. no le quedará otra salida que sanear su economía, lo cual será doloroso para ese país y --dado su peso relativo en el mundo-- también para muchos otros. "Nos han venido engañando con respecto a la posibilidad de la crisis y aun así seguimos siendo demasiado optimistas con respecto a ella", comentó.

Para Abusada, el problema está en si realmente el paquete de rescate servirá para reactivar la economía y destrabar el crédito. "Presentarse al paquete de rescate no es bonito para una institución financiera, y menos en un sistema basado en el crédito porque es reconocer que las cosas están muy mal", afirmó.

ESCENARIO COMPLICADO
Kuczynski tampoco está seguro de la efectividad del rescate. Piensa, como el gigante de las inversiones George Soros, que más efectivo sería inyectar el dinero en el capital de los bancos. Por otro lado, si el paquete funciona, "la crisis es un proceso que irá decantando a lo largo de varios años". Coincide con Schuldt en que EE.UU. deberá sanear su economía y que "el oxígeno gratis que tenía exportando devaluación e inflación a través de su deuda se acabó". Además, los US$565.000 millones que entre la Reserva Federal (FED) de EE.UU. y el Banco Central Europeo (BCE) han inyectado en liquidez al sistema les pasarán la factura.

Para el ex ministro, se viene una ola regulatoria en EE.UU. precisamente a raíz de la crisis financiera, entendida por muchos como una falla de regulación y no del sistema en sí mismo. "Si tienes 53 jefes (en EE.UU. hay un regulador por cada estado, además de las instituciones federales de la Reserva Federal, el Tesoro y el Supervisor) no le haces caso a ninguno".

Richard Webb está de acuerdo con el rescate y con que el sistema de pagos siga siendo operado por privados pues "la alternativa es que la operación pase a ser pública y ya sabemos lo que pasa entonces". Además, hizo hincapié en el carácter cíclico de la economía, explicando que el presente escenario es como muchos de los que ya ha atravesado el mundo ("una crisis más"). Pero, más allá de ello, considera que deberían encontrarse las razones sociológicas de fondo que expliquen por qué pasó lo que pasó.

Si bien todos los ponentes criticaron la falta de transparencia al interior del sistema que la crisis ha hecho evidente, Webb sostuvo que es así como se opera en el sistema financiero al punto que existen leyes que penalizan la divulgación de ese tipo de información, pues se considera terrorismo financiero. "Es como gritar 'fuego' en el teatro (se produce un pánico generalizado) y por eso es así como debe funcionar y se conoce y se acepta, porque es muy difícil de explicar y de hacerlo explícito", dijo.

En el actual contexto, la política exterior estadounidense es inviable
¿Cuáles serán los efectos políticos del colapso financiero? Esa fue otra de las interrogantes en torno a las cuales giró la Mesa Redonda organizada por El Comercio. El internacionalista Fabián Novak aseguró que la metodología de la política exterior del presidente de EE.UU., George W. Bush (eliminar toda potencia hostil y evitar que todo Estado o coalición alcance una hegemonía económica) "resulta económicamente inviable e insostenible".

Según el estudio de diversos economistas estadounidenses, anotó el especialista del Instituto de Estudios Internacionales, los cinco años de guerra en Iraq han representado, a marzo del 2008, un gasto cercano a los US$600 mil millones para Estados Unidos .

Novak añadió que "la aventura en Afganistán" representó un gasto cercano a la quinta parte de esos 600 mil millones. En tal sentido, refirió que el monto de estas dos "intervenciones militares unilaterales" es casi equivalente a los US$700 mil millones del rescate financiero que el Congreso de Estados Unidos aprobó el viernes último. Este hecho se agrava, acotó, porque la potencia estadounidense ha abandonado su política de cofinanciar sus intervenciones militares (como sí ocurrió en Yugoslavia y en el Golfo Pérsico).

A la luz de estos hechos, el ex presidente del Congreso Henry Pease enfatizó que "el 'sheriff' se acabo", en alusión al papel que juega el presidente Bush en el escenario internacional.

Pease García refirió que "hay un problema de hegemonía en los conductores del orden global", pues países europeos como Inglaterra, Alemania y Francia buscarán ahora alcanzar una hegemonía.

CAMINO EXPEDITO
Pero este no sería el único efecto político de la crisis financiera. Para Fabián Novak, es evidente que esta debacle inclinará la balanza a favor del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de noviembre. "Lo que se viene a raíz de la crisis es que Barack Obama va a ser elegido", manifestó el internacionalista. "El desorden que se ha visto en este régimen, la falta de control, la falta de previsión son el puntillazo final para cualquier opción de John McCain (del Partido Republicano)", añadió Novak Talavera.

El catedrático en Ciencias Políticas, Dennis Chávez de Paz, acotó que, para que los electores de Estados Unidos opten por un candidato que no es netamente estadounidense, como es el caso de Obama, es evidente que ha habido profundos cambios en esa sociedad.

Novak consideró que cualquiera que sea el elegido en los comicios electorales de noviembre, este se concentrará fuertemente, al menos en los primeros dos años, en la política interna estadounidense. "Poca importancia tendrá América Latina como región para Estados Unidos, lo que sí es preocupante", manifestó.
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COMERCIO 26 de septiembre de 2008

PUNTO DE VISTA
Adiós a la ortodoxia
Por Sergio Muñoz Bata. Analista*

El plan de rescate del sistema financiero que la administración de Bush ha propuesto y que le daría autoridad al Secretario del Tesoro para gastar US$700.000 millones no tiene precedentes en la historia de EE.UU.

La propuesta es insólita no solo por el estratosférico valor del planeado rescate (5% del PBI), sino por la forma abrupta en la que se violentan principios de gobierno como la división y separación de poderes, el sistema de controles y equilibrios y sobre todo la rendición de cuentas.

De aprobarse el plan, las decisiones que tome el Secretario del Tesoro con dinero de los contribuyentes para operar a las compañías en problemas no podrían ser revisadas por ninguna corte o cuerpo administrativo. El Congreso no podría asumir el control que le otorga la constitución para decidir cómo se gasta el dinero de los contribuyentes. Y el tesorero no estaría sujeto a ninguna ley.
Nunca, nadie, ni siquiera Franklin Delano Roosevelt cuando estructuró el "New Deal", que le permitió a EE.UU. salir de la Gran Depresión, pidió u obtuvo los poderes que ahora se piden.

Y no deja de ser irónico que esto suceda con George W. Bush, un presidente emanado del partido que aboga por el desmantelamiento del estado, que critica cualquier intervención del mismo en el sector privado y que sostiene que los políticos no están capacitados para dirigir empresas. Hoy, con total desfachatez orquesta una nacionalización de bancos, aseguradoras y otras empresas del sector privado.
De aprobarse este rescate, el Congreso tendría que aprobar nuevos límites a la deuda pública, que en la actualidad es de US$10,6 billones y establecerlo en US$11,3 trillones.

Y como en este embrollo medio mundo está metido, lo más probable es que nadie resulte responsable. Se dirá, y no sin razón, que la especulación movida por la avaricia fue la causante; también habrá quienes, con cierto fundamento, apunten a la corrupción del sistema capitalista; otros dirán que la culpa la tiene el Congreso y el presidente Bill Clinton. Otros se irán más atrás en la historia para señalar a Ronald Reagan. Estigmatizar a todos, sin duda, nos hará sentir mejor. Pero eso no resolverá los problemas. El consenso actual es que de no actuar ahora con decisión, la situación económica de EE.UU. podría agravarse. Esto, sin embargo, no significa que ya se resolvió el problema.

A estas alturas, la esperanza es que la receta tenga buen fin y no agrave la situación. Lo impostergable, sin embargo, es que el Congreso asuma su papel de representante del pueblo elaborando un conjunto de regulaciones que impidan el abuso y una supervisión constante sobre quienes piensan que la ambición desmedida es una virtud.

También es fundamental que en los próximos días los dos candidatos a la presidencia den muestra de que entienden el problema y la capacidad para estabilizar al país. Hasta ahora, ni John McCain ni Barack Obama se han visto presidenciables.
* LOS ÁNGELES, EE.UU.
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EXPRESO 17 de septiembre de 2008

Crisis global
Luis García Miró Elguera

La situación mundial continuará cambiando. Esperemos que para mejorar, aunque lo más probable sea para seguir empeorando, como sucede desde hace algo más de un año.
Debemos estar alerta entonces a todo lo que suceda en Washington, Londres, París, Pekín, Moscú, Berlín, etc., pues repercute directa o indirectamente en nuestra realidad. No debemos mirar las cosas a distancia, imaginando que si el primer mundo fracasa, allá ellos, como suelen hacer muchos politicastros de esta región. Craso error.

La razón es sencilla: la globalización ha soldado el destino de todas las naciones. La globalización obliga a que todas las naciones del mundo –entiéndase bien, todos, sean o no partícipes explícitos de la misma– naveguen a bordo de esta nave llamada Tierra, cuyo comando se encuentra a cargo del Grupo de los Ocho dirigido por el gran capitán, Estados Unidos. Es decir los 6,000 millones de habitantes del planeta se benefician cada vez que esta embarcación toca buen puerto, o sufren los embates de alguna desgracia si en plena travesía ésta se malogra o, peor aún, si se hunde. No hay tutía. Todos somos socios de esta empresa; si va bien gozamos de dividendos, o si quiebra nos arruinamos. Y como buenos accionistas minoritarios que son, a los países en desarrollo no les queda sino cruzar los dedos para que el Directorio primermundista que maneja –a su libre albedrío– la aldea internacional haga lo mejor posible las cosas.

Como reseñábamos ayer, la quiebra, estatización o desaparición de centenarios íconos de las finanzas como Bear Sterns, Fannie Mae, Freddie Mac o Merryl Lynch grafican la magnitud de la bomba de neutrones que ha explotado sobre la economía mundial. El hecho es que estas empresas mantuvieron tal volumen de operaciones que muchas –sin saberlo, presumiblemente– estuvieron ligadas a inversiones en el Perú o a clientes que compran nuestros productos. Es decir, sentiremos la pegada. Sin ir muy lejos AIG –otro titán actualmente al borde del colapso– participa en el accionariado de la aseguradora local El Pacífico. En consecuencia su precario destino interesa al Perú.

No es el caso generar alarmismos ni crear pánico, pero sí remarcar esta realidad para que las autoridades y nuestros propios lectores comprendan que la situación mundial –económica y política– ha cambiado sustancialmente. Por el momento, para mal. Sobre todo en lo económico, aunque ello sin duda agudizará las precoces tensiones geopolíticas que el mundo transpira hace ya un tiempo. Es más, comprendamos que en apenas 47 días EE UU votará por un nuevo jefe de Estado. Aunque en rigor este 4 de noviembre Norteamérica elegirá al presidente de 6 billones de terrícolas. Por nuestra parte –para no empeorar las cosas– administremos prudentemente la economía y manejemos la política con inteligencia con miras a las elecciones del 2011.

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