viernes, 5 de septiembre de 2008

LOS INSUPERABLES ANTICUCHOS DE LA TIA GRIMA...

EL COMERCIO OCTUBRE 14, 2008

Los insuperables anticuchos de la tía Grima...
Hace 35 años empezó con su carretilla
Por Antonio Orjeda

Su madre la dejó en casa de una familia para que esta se hiciera cargo de ella. A cambio de que Grimanesa les tuviese siempre la casa como un anís, claro. Tenía 7 años, no la dejaban salir a la calle. A los 20 se escapó, no sabía nada de los rigores de la calle. Con cinco hijos, fue abandonada. Indocumentada, Grimanesa tampoco terminó el colegio. Lavó ropa, limpió casas. Una cosa tenía clara: sus hijos no se iban a quedar sin educación.

En Tacora compró un brasero, comenzó a hacer chanfainita, luego choncholí y cuando la cosa se puso mejor, anticuchos. Grimanesa trabajaba --trabaja-- en la calle. Empezó 35 años atrás. Sus hijos --que han querido responder a su esfuerzo-- están saliendo adelante. Gastón Acurio muere por sus anticuchos.

Antes de dedicarse a los anticuchos, lavó ropa, limpió casas. Lo hizo para alimentar y dar educación a sus hijos. Lo hizo sola.
Porque el papá de mis hijos me dejó. Ellos estaban chiquitos.

¿Qué edad tenía?
Mi primer hijo lo tuve a los 23. De ahí, los tuve seguiditos. Se llevan casi un año.

Ellos se convirtieron en el motor para que usted buscase qué hacer.
Así es. Yo trabajaba en lo que encontraba: en casas, lavando ropa, lavando aunque sea baños.

Al no tener estudios, sus opciones para cumplir su cometido eran menores.
Yo quería alimentarlos y mandarlos al colegio, porque yo no tenía estudios y no quería que mis hijos fueran como yo. Por eso los mandé a estudiar. Ahora mi hija tiene dos profesiones, él (Juan, quien ahora la ayuda) ha estudiado en el Senati, el otro ha estudiado Economía...

Tiene cinco hijos. ¿Cómo hizo?
Como le dije: yo entraba a cualquier trabajo, y ya con esto (los anticuchos) me comencé a levantar un poquito.

Imagino que así como pasa con los anticuchos, cuando usted lavaba ropa o limpiaba casas, lo hacía muy bien.
Claro, ¡cómo lo iba a hacer mal! Tenía que lavar bien, planchar bien... ¡todo!

Esa ha sido su línea de trabajo: hacerlo todo bien.
Sí. También he dado pensión.

Si dedicándose a lo anterior cumplía con su objetivo de alimentar y educar a sus hijos, ¿por qué comenzó a hacer comida?
Un amigo --que ahora es mi compadre-- me dio la idea. "Grimanesa, ¿tú por qué no vendes anticuchos?", me dijo.

¿Por qué?
Porque me veía de aquí para allá, corriendo, agitada. Mi hijo mayor ya había comenzado a ayudarme llevando el portaviandas. De ahí se iba al colegio.

Su compadre sabía que usted era buena para la comida.
No. Él solo me dio la idea. Yo me decidí. "Pero yo no tengo capital", le dije. Él me acompañó a Tacora para comprar un braserito, y con eso empecé.

Primero preparaba chanfainita. ¿Por qué?
Porque era más barato. Y era rico, pues.

¿Entonces por qué cambió?
Porque Miraflores no era para chanfainita. Sola me di cuenta. Y como me pedían choncholí, anticuchos... primero hice choncholí. Después, cuando tuve más capital, puse anticuchos; y poquito a poquito fui haciendo más. Después quité el choncholí.

O sea que sobre la marcha descubrió que tenía buena sazón.
Yo sola. Por eso, cuando un señor que es marketero me dijo: "¿Quién la ha marketeado a usted?". "La necesidad"... Porque yo sola he ido cambiando.

Y le rendía más.
Me daba un poquito más de dinero. Clientes que tengo de años me dicen: "Usted tendrá edificios, esto, lo otro...". "Si supiera --les digo--, yo no tengo edificios, pero tengo a mis hijos; y mis hijos tienen educación".

Sus hijos son sus edificios.
Ellos son mis edificios (ríe)...

¿Es cierto que a usted no le gustan los anticuchos?
No, señor.

¿Cómo es eso?
A mí me gusta la pancita, el rachi. Si como anticuchos, como un palito... ¡Pero me gusta prepararlos para los clientes! Y lo hago lo mejor que puedo.

¿Cómo explica que haya gente que espera más de una hora por una de sus porciones?
Eso es lo que yo digo también. No sé. Yo no esperaría tanto (ríe)...

Usted se debe sentir lo máximo al ver que la gente llega a su esquina en carros, hace cola.
Yo soy como me ve: una persona humilde, que no se cree lo máximo. Tampoco me gusta aprovecharme de los clientes (con los precios). Si sube el aceite, el corazón, bueno, ahí sí subo un poquito.

Hay restaurantes que han querido contratarla como cocinera.
Sí, pero no. Sea como sea, yo trabajo sola. No me gusta asociarme con nadie. Clientes que tienen tiendas también me han ofrecido. "No, gracias. Yo ya no estoy para eso", les digo.

Usted ha crecido sola, libre.
Gracias también a los señores alcaldes que me han dejado trabajar.

Aunque los municipales seguro que la han debido molestar.
Han venido y me han quitado todo.

¿Y cuando eso pasa?
Tienes que pedirle a Dios que te ayude... Nada más.

Pese a su éxito, sigue en la calle. Podría interpretarse como que no ha habido un progreso real.
Hasta ahora último les he estado dando a mis hijos para que terminen su carrera.

¿Esa es la razón por la que no ha hecho más capital?
Así es.

Todo lo ganado lo ha invertido en sus 'edificios'.
En mis cinco 'edificios' (ríe)... Aunque hay uno al que no le ha gustado el estudio.

¿A qué edad llegó de Ayacucho?
A mí me llevaron a los 6 años a Ica. Mi mamá se encontraba muy enferma y mi hermano fue por nosotras, que éramos las únicas que quedábamos. Todos estaban en Ica. Pero mi mamá se regresó a Ayacucho y, con un engaño, me dejaron en una casa; y con esa familia fue que vine a Lima. Trabajé en su casa. Años.

¿En qué momento se independizó? ¿Cómo dejó esa casa?
Casi escapándome, porque casi no me dejaban salir. Eran muy buenos, pero yo ya tenía casi 20 años y ya quería tener mi dinero, mis ahorros. Me salí, pero me encontré con un hombrecito que me engañó... Porque como yo no salía, no sabía cómo era la calle.

Tuvo a sus hijos, se convirtieron en su razón para salir adelante.
He trabajado en casas con mis dos hijos.

Hoy es una de las mejores anticucheras del país.
Así dicen... Yo lo oigo y no lo creo (ríe)...

Gastón Acurio le revienta cohetes.
Le agradezco bastante. Gracias a él tengo un poco más de público... ¡Yo nunca pensé pasar por todo esto! Ni en mis sueños...

Sus hijos están siguiendo sus pasos. Estudiaron como usted quería, pero ahora...
Están con los anticuchos. Mi hijo (Juan) está sacando su página (www.anticuchosdelatiagrima.com) con el permiso mío. El otro (Jesús), después de haber trabajado años conmigo, ya ha puesto su anticuchería.

O sea que sus 'edificios' siguen creciendo.
Ojalá que sigan creciendo como yo los he hecho crecer.

Gracias a usted, ellos tienen una buena base.
Así es, señor.

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