viernes, 5 de septiembre de 2008

EL TRANSFUGA PERFECTO

CORREO 16 de septiembre de 2008

El tránsfuga perpetuo

Algunos lectores se sentirán asombrados al encontrar que esta columna se ocupa hoy de un personaje tan intrascendente como Alberto Borea Odría y de un episodio tan fugaz y banal como su ingreso a las filas del partido Perú Posible, huyendo de su propio invento denominado Fuerza Democrática, sin duda al constatar que no tiene ni fuerza ni democracia: tal partido no existe.

Los saltitos de un saltimbanqui profesional no tienen por qué asombrar a nadie que haya pagado por ver el circo. Desde su ya antigua juventud, Alberto Borea milita: Partido Aprista, Movimiento de Bases Hayistas, Partido Popular Cristiano, Fuerza Democrática, Perú Posible... Desde siempre, Borea milita y milita. Si hubiera grados y ascensos, de tanto militar ya podría ser coronel.

Y después de Toledo, ¿adónde saltará Borea? Me figuro que cuando Nadine se aburra de tantos y tan torpes humalistas, creará su propio partido para competir con el de Miss Piggy Fujimori. ¿No sería perfecto que Borea militara junto a alguna de estas jóvenes coronelas...?

El interés de este tema está en que nos permite analizar, no las intrascendentes fugas o escapatorias de un ejemplar político, sino la estructura de nuestro universo político. Borea Odría es un vividor. Un vividor político, se entiende. Vive de la política desde que dejó el colegio. Como la política lo deja a él arrumado en una esquina cada vez que intenta algún protagonismo, no tiene más remedio que saltar a otro sitio, al amparo de otras banderas. ¿Caso único? ¡Ni mucho menos! Más bien está a punto de quebrar el famoso récord continental de Anel Townsend. Cuando Nadine lo acoja bajo su sombra para que siga militando, la marca olímpica de Anel se habrá quebrado.

Es normal que una persona cambie de partido cuando éste no continúa en su línea política, ha respondido Borea a una reportera de nuestro diario. Creo que tiene razón: es normal. Los que no son normales son los partidos políticos, o el conglomerado de amigos –eventualmente, enemigos– que aquí se llaman partidos políticos. ¿Alguien supo alguna vez de una ideología en Perú Posible? ¿Y en Acción Popular? (Don Fernando, cuando alguna vez le preguntaron cuál era la ideología de AP, respondió: El Perú como doctrina. Desde entonces pienso que la mía podría ser Chucuito como doctrina). Preguntémosle a Máximo San Román sobre los enormes y estériles esfuerzos que desplegó para convencer a Fujimori de que era imprescindible, antes de las elecciones, definir una ideología partidaria y un programa de gobierno. La respuesta fue el bacalao...

Al pintoresco Alejandro Toledo no lo veremos pensando algo distinto de los cuatro suyos o sembrando chacanas para ver si les brotan ideas. En lo que llevo de vida, con excepción del Apra y del Partido Comunista, versión moscovita y ya desaparecido, no puedo recordar nada que pudiera llamarse partido político. Durante casi un siglo, los demás han sido y son federaciones de independientes, agrupaciones y clubs de amigos, para lo cual no se necesitan muchos postulados, ideologías, doctrinas, principios o idearios. Basta con tener fines propios y firmas. Todos los vividores de la política pueden conseguir ambos.

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Luis Rey de Castro

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