sábado, 6 de septiembre de 2008

ECONOMISTAS DESCALIFICAN PROPUESTAS DE OLLANTA HUMALA CONTRA LA INFLACION

EL COMERCIO SETIEMBRE 16, 2008

Economistas descalifican propuestas de Ollanta Humala contra la inflación

7:42 | ¿Discurso o alternativa? "Es un buen sancochado", refirió Jorge Chávez, ex presidente del BCR. Sostienen que sus sugerencias no tienen mayor sustento técnicó

Por José Santillán Arruz

De poco serias y sin sustento técnico fueron catalogadas las propuestas que, en materia económica, formulara el viernes pasado el ex candidato presidencial y líder del Partido Nacionalista Peruano, Ollanta Humala, para combatir la inflación, tras arreciar en sus críticas contra el Gobierno y expresar su solidaridad con la CGTP.

La economista y ex asesora del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) Cecilia Blume lamentó que Humala "no haya enfocado el problema de una manera técnica y con propuestas que contribuyan de manera coherente a enfrentar la inflación".

"Primeramente, restringir la liquidez a los sectores A y B es una tontería, porque estos son los menos afectados por la inflación (...) Hay que entender que este fenómeno --en gran parte importado y no solo nacional, como sostiene el señor Humala-- se da en los alimentos y si estos suben de precio, la inflación para los pobres es mucho más fuerte", refirió.

Blume precisó que la inflación podría verse agudizada por los créditos de consumo, pero que para ello tanto la Superintendencia de Banca y Seguros como el BCR han tomado diversas medidas para evitar su crecimiento.

UNA MEZCLA DE TODO
Bastante más crítico fue el ex presidente del BCR Jorge Chávez, que tildó de "gran sancochado" las propuestas de Humala.

"Son un gran sancochado (...) Sus propuestas son interesantes como planteamiento político, pero no van a permitir enfrentar la inflación. Se trata simplemente de declaraciones políticas que no tienen mayor sustento técnico", comentó.

Chávez, al igual que Blume, enfatizó en el errado manejo conceptual de Ollanta Humala sobre el origen de la inflación.

"Hay un origen importado y luego un origen nacional, pero para eso se están tomando algunas medidas", señaló el economista.

Chávez se mostró contrario a la reducción de créditos, por considerarla una medida que hoy en día puede generar incertidumbre, desconfianza e ineficiencia en el sistema financiero. "Eso no va a parar la inflación. Lo mejor es seguir lo que se está haciendo hasta ahora. Felizmente la economía está en buenas manos", precisó.

El ex titular del BCR aseveró además que aplicar impuestos a las sobreganancias mineras tampoco va a remediar la situación.

Por su parte, el economista Javier Zúñiga también reiteró que el líder humalista comete un grave error al afirmar que la inflación tiene un origen nacional y lanzar sus críticas sobre dicha base.

"Nos guste o no, la inflación tiene un componente importado y eso lo demuestran los ejercicios efectuados por el BCR (...) El 40% de la inflación del país es importada, ya que subieron los precios del petróleo, trigo, maíz y aceite vegetal, que son productos importados y todo ello ha incidido en nuestra economía", sostuvo.

Zúñiga calificó fuera de toda lógica que Humala propusiera la reducción de la demanda, cuando lo que se busca es incentivarla. Del mismo modo, precisó que no es lógico pedir que se eleven los aranceles cuando hace solo un año se optó por bajar sus costos.

"Debo decir que desde el punto de vista de la economía, (Humala) está bastante alejado (...) Es fácil ver el partido desde las tribunas y no estar jugando en la cancha. En realidad, sus comentarios no son los más adecuados y no se ajustan a la realidad", sentenció.

Humala exigió el viernes pasado al Ejecutivo más esfuerzos antiinflacionarios y la salida de algunos ministros, tras solidarizarse con las demandas de la CGTP.

El economista Pedro Francke, si bien dijo estar de acuerdo con las propuestas económicas del ex candidato presidencial, aclaró que hubiera sido interesante conocerlas de manera integral.
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EL COMERCIO 08 de septiembre de 2008

¿Frenar o no frenar?

Rincón del autor. Para pilotos y gobernantes el atrevimiento es una tentación fuerte y el desbarrancamiento sigue siendo una historia común en las pistas y en la economía
Por Richard Webb

El freno es un instrumento de velocidad. Un vehículo sin freno tiene que ir más lento o se estrella y nunca llega. En la economía sucede igual. Así parecen pensar los gobernantes que en casi todo el mundo han creado bancos centrales para regular el ritmo del gasto nacional.

Lamentablemente, para pilotos y gobernantes el atrevimiento es una tentación fuerte y el desbarrancamiento sigue siendo una historia común en las pistas y en la economía.

En 1967, desde enero hasta agosto, me tocó asistir a reuniones semanales del BCR con el presidente Belaunde para informar sobre la macroeconomía. El mensaje repetido del banco central fue: "Es hora de frenar".

Belaunde no se oponía, simplemente hacía caso omiso. Las ambiciones del mandatario eran grandes, las necesidades sociales agudas, el capital externo nos llovía y, por el momento, la economía nos era favorable. No se aplicó ninguna de las medidas recomendadas. El colapso se produjo en agosto, con una fuerte devaluación y un año después vino un golpe militar.

A inicios del régimen de Velasco la inflación se redujo y la economía retomó su velocidad, otra vez favorecida por el cuadro mundial. La agenda política y social del Gobierno era grande y el gasto creció rápidamente.

Pero en 1973 saltó el precio mundial del petróleo creando una inflación de origen externo. En vez de frenar, el Gobierno optó por subsidiar los precios de los combustibles y alimentos y siguió pisando el acelerador del gasto. La inflación fue mayor cada año, llegando a 68% en 1979, y se volvió la espada para el harakiri del régimen.

Belaunde regresó en 1980 con renovada ambición fiscal. El gasto público aumentó con fuerza y, cuando el BCR se negó a financiarlo en 1982, el Gobierno recurrió a un masivo endeudamiento externo. Desde su teléfono en el Ministerio de Economía, el ministro Manuel Ulloa llamaba casi diariamente a bancos del extranjero que, felices, otorgaban más y más créditos. Fue un momento de euforia financiera en muchos países, una burbuja, que finalmente reventó a fines de ese año, creando una repentina crisis que, por mala suerte, coincidió exactamente con el terrible fenómeno El Niño que golpeó al Perú entre enero y junio de 1983. El colapso fue mayor por las políticas de cigarra de los años anteriores.

El gobierno del presidente García trajo un nuevo momento de euforia gastadora. La economía creció 11% en 1986, y la aprobación presidencial llegó a 90%, creando la ilusión de que se había inventado una forma de esquivar las leyes de la sobriedad económica. Importantes empresarios se sumaban al entusiasmo.

A inicios de 1987 el presidente de la Confiep defendió al Gobierno diciendo que no le preocupaba el déficit fiscal. En marzo de ese año, el ministro de Economía, Luis Alva Castro, reunió a funcionarios y asesores para evaluar la política económica, y me pidió que abriera el debate con una "crítica desde afuera". La crítica fue rechazada casi en forma unánime por el grupo, pero al final fue el mismo ministro Alva quien coincidió con mi preocupación por los excesos en el gasto. Alva se apartó del Gabinete poco después y el Gobierno, en vez de moderar el gasto, optó por la nacionalización de la banca. Rápidamente estalló la hiperinflación, que llegó a 700% en 1988 y 3.400% en 1989.

Felicito entonces las medidas recientes del BCR y del ministro Valdivieso para frenar la velocidad del gasto. Creo que, por fin, estamos aprendiendo de la historia.

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