martes, 29 de julio de 2008

LA PARTIDA DE UNA GRAN PIONERA


EL COMERCIO 25 de agosto de 2008

ESPECIAL. LA GRAN DAMA DEL PERIODISMO
Hasta siempre, Doris Gibson

Los restos de la histórica fundadora de "Caretas" fueron sepultados ayer en el cementerio Parque del Recuerdo, en Lurín. Allí estuvieron sus amigos y familiares. La tristeza fue unánime
Por Alberto Villar Campos

Frente al portón de "Caretas" hay arreglos florales, silencio y melancolía. Una extraña melancolía, de esas que lo inundan todo de una forma indescriptible. Allí están los amigos, la familia, pero sobre todo están los recuerdos, que fluyen sin parar en medio de las lágrimas y las sonrisas. Doris Gibson Parra, la fundadora del semanario más célebre y combativo del país, se ha ido a los 98 años y, en la Plaza de Armas, la gente espera su última visita como quien aguarda por una dolorosa despedida.

Detrás del carro fúnebre está Enrique, su hijo; sus nietos Marco y Drusila y algunos de sus bisnietos, que llevan flores blancas en sus pequeñas manos. Algunos ministros y el presidente Alan García Pérez están también allí. Para todos será una tarde que jamás podrán olvidar.

"Ella puede ser calificada como la mujer del siglo --dice Augusto Elmore, columnista de "Caretas", frente al féretro de su amiga--. Además de hermosa, tenía mucho carácter y defendió siempre su revista. Es un volcán que ahora se ha extinguido".
El fotógrafo Carlos 'Chino' Domínguez no duda en evocar también el temperamento de Doris Gibson, que --asegura-- "no existe en algún personaje del periodismo actual". Tal vez esa es la mejor forma de resumir a una mujer que hizo frente a dos dictaduras con esa inconfundible personalidad y su profunda convicción por la libertad de expresión que es hoy, seguramente, el mejor legado que ha podido dejarle al periodismo peruano.

Frente a su abuela, Marco Zileri, el actual director del semanario, se descubre como el heredero de su obra: "Doris tuvo una cercanía y, a la vez, una distancia muy marcada con el poder. Porque su vida, en verdad, fue la calle, la esquina del movimiento".

Luego el turno es para Alan García. "Con el alejamiento de Doris Gibson parece cerrarse un capítulo y una hermosa y gran leyenda de nuestro país. Hay que agradecerle por haber inspirado a este hijo suyo que es 'Caretas' por el camino de la libertad, de la independencia crítica y, sobre todo, del combate a las dictaduras y de la abominación a la tiranía. Quienes hemos ejercido el poder y lo ejercemos podemos dar cuenta del dardo irónico permanente de su revista, pero siempre estaremos a su lado porque sabemos que fue una adversaria leal y, al mismo tiempo, defensora de la libertad".

Tras las palabras, las palmas y los agradecimientos, y en medio de yaravíes que evocaban su espíritu arequipeño (pese a que nació en Lima), el cuerpo de Doris Gibson empezó un lento recorrido alrededor de la Plaza de Armas. A las 2:30 de la tarde, el dolor fue unánime. Todos habíamos empezado a extrañarla.

UN YARAVÍ EN TU MEMORIA
"Doris, sin duda, fue un torbellino de impulsos que creó no solo la revista sino ese tono siempre alturado pero irreverente, punzante pero inteligente, para hacer periodismo", recuerda el primer ministro Jorge del Castillo.
Hemos llegado al Parque del Recuerdo, en Lurín, el lugar que sus hijos eligieron para que los restos de su madre descansen, por fin, en paz.

La ceremonia religiosa es breve pero contundente: a través de ella se recuerda a la mujer, a la madre, a una vida que trascenderá lo físico, lo terrenal, esas cosas que poco importan ahora.

Los bisnietos cargan rosas blancas y Drusila Zileri, la nieta, no puede contener el llanto cada vez que se recuerda a su abuela. Todos hablan de la pionera del periodismo, de la luchadora, de la hermosa mujer "de piernas bonitas". Rosario, la menor de los nueve hermanos Gibson Parra, permanece en silencio, sentada sobre una nube de inconmensurable nostalgia.

Las últimas palabras, antes de que el pequeño cajón alcance la eternidad, son de Enrique Zileri. "Doris fue una mujer de trabajo, de lucha, con una vida muy difícil en algún momento, pero que la convirtió en algo espléndido. Sin proponérselo, ella creó un modelo de mujer moderna. Es la musa de 'Caretas'", dice.

Son las 4:30 de la tarde y varias rosas caen despacio sobre el féretro de Doris Gibson. Enrique Zileri sonríe, quién sabe por qué, mientras el yaraví más triste del mundo empieza a sonar. Es el último regalo que sus amigos le tienen en esta tarde que muere sin fuerza sobre una ciudad triste, sobre un domingo triste, memorable. "Si es larga la lejanía y no existe más regreso, quiero dormirme en tu pecho para calmar mi agonía", canta una mujer. Es la hora de decirle adiós a la gran dama del periodismo. Hasta siempre, Doris Gibson.
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EL COMERCIO 25 de agosto de 2008

EDITORIAL
Partida de una gran pionera

El periodismo peruano siente profundamente el fallecimiento de una de las mayores pioneras de la prensa latinoamericana del siglo XX; una personalidad singular, destacada, notable, sin igual: Doris Gibson Parra.

Fundadora de la revista "Caretas", primero junto a la dirección de Paco Igartua y luego con su hijo, Enrique Zileri, convirtió al histórico semanario de la calle Camaná --ahora en la Plaza de Armas-- en cantera de profesionales de excelente firma, de un periodismo político, de investigación y gráfico de primer nivel; defensor de la democracia y vigía de esa libertad de expresión tantas veces menoscabada en nuestro país.

En las redacciones de los años 50, cuando apareció "Caretas", no había tantas mujeres como hoy. Es así que en el puñado de periodistas de aquellos años, Doris Gibson fue la lideresa que no se amedrentó cuando los autoritarismos de toda calaña pretendieron poner cortapisas a la prensa peruana.

Siempre se recordará su actitud cívica y su gran carácter, pero también su generosidad y lealtad. Su amor a Arequipa, tan inmenso como el que profesó a las artes plásticas en general y al arte popular en particular. Qué decir del mecenazgo cultural que cumplió directamente y el que promovió a través de la revista.

Como ella mismo dijo a El Comercio, en mayo de 1996, "lo único que he hecho es dedicarme a trabajar por las verdades profundas de mi pueblo, que es una maravilla, y por difundir los valores del Perú, el amor al Perú".
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TROME 25 de agosto de 2008

La dama del periodismo

Este Búho siempre se sacó el sombrero cuando se trataba de una mujer como Doris Gibson, la dama de hierro de la revista 'Caretas', la que fundara en 1950 con una joven promesa del periodismo de entonces, Francisco 'Paco' Igartua. 'Caretas' reflejaba muy bien la personalidad de su fundadora, irreverente y contestataria, contra las diversas formas de autoritarismo. Mientras Igartua y, luego, su único hijo Enrique, se dedicaban a bregar y batallar contra la censura de los esbirros de las dictaduras, doña Doris se daba tiempo para cultivar la exquisita bohemia limeña de entonces con poetisas como Catalina Recavarren, artistas como Sérvulo Gutiérrez. Así funcionaba el periodismo histórico en esos años claves para entender la Historia de la República y el devenir de los periodistas.

Pasión por las letras, el arte y la sociedad en general y la bohemia con estilo, el esplendor de mil y una noches que terminaban cuando empezaba el día y comenzaba la cruda y triste realidad de un país adolescente como el Perú de botas y cuarteles. Esa pléyade de grandes periodistas, que retrata magistralmente Guillermo Thorndike, en un libro muy caleta y difícil de conseguir, 'La edad de plomo', que habla de la década del 50 y lo que significó el periodismo escrito de la época.

A esa estirpe de grandes perteneció la Gibson, pero nadie como ella para embarcarse en una titánica tarea de llevar a flote su revista. Y nadie como ella para enfrentarse a un dictador, al que le temblaba todo el país, menos su esposa... y la Gibson: Juan Velasco Alvarado. Cuando su ministro del Interior, Amando Artola clausuró 'Caretas' y metió preso a monseñor Luis Bambarén, Doña Doris no paró hasta llegar al despacho del militar. Ya había botado a un jefe de la PIP que intentó derribar la puerta del local de su revista a patadones, como si irrumpiera a una guarida de malhechores.

'Salga y toque el timbre como la gente decente', le dijo a un comanche que se retiró rojo de vergüenza. Velasco admiró la valentía de la dama que le dijo en su cara: 'no creo que liberen a mi hijo. Si no me lo dice usted, no me voy'. El general accedió a su pedido ¡derrotado! Esa imagen debe ser un ejemplo para un hombre de prensa.

Hoy, cuando el oficio está tan prostituido. Donde hay 'periodistas' mequetrefes que reciben órdenes y sobres con dinero de presidentes regionales corruptos, de políticos y siniestros dirigentes deportivos que piensan que todo hombre de prensa tiene un precio. En el negro panorama de la prensa hoy en día, crece la imagen de una mujer como la Gibson, que siguió firmemente su hijo Enrique. Nuestro más sentido pésame. Apago el televisor.

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