viernes, 25 de julio de 2008

EL PERU NO VIVE DE DERROTAS. A PROPOSITO DE RAUL PORRAS BARRENECHEA

COMERCIO 06 de agosto de 2008

REMEMBRANZAS DE RAÚL PORRAS
El Perú no vive de derrotas
Por Joséde la Puente Radbill. Embajador

Cuando inicié hace ya muchos años las rutas de la diplomacia, sentí como grabada en mi mente las siguientes frases de Raúl Porras Barrenechea: "La concordia es posible aun dentro de las más irreductibles controversias de los pueblos y sobre todo para estimular el anhelo de que el porvenir sea diferente y superior al pasado".

Y desde el estudio casi diario de la historia de los límites del Perú, obra aparentemente destinada a la enseñanza secundaria, como fue el propósito inicial de Porras, pero que lo rebasó para convertirse en la obra de consulta por excelencia. En Torre Tagle comprendí que quedaría impreso para mí un mandato clave en el arte de la negociación, que subliminalmente el maestro Porras nos transmitía: una verdadera y positiva negociación no necesariamente precisa de vencedores y de vencidos, pues la simpleza de ese resultado estaría abriendo ya el proceso de la revancha, que en el vencido estimula reacciones peligrosas.

Quiero insistir que de la aparente sencillez de la docencia de Porras en el ardoroso terreno del conflicto de límites surge un mensaje de inequívoca grandeza, que fue tomado con unción por alguno de los integrantes de mi generación, desgraciadamente los menos, en el sentido de que debemos liberarnos de amañadas cargas históricas que buscan presentar al Perú como perdedor en sus conflictos de límites. Nada más inexacto y lo comprueba nuestro eminente maestro en el mensaje que envió a profesores y alumnos del curso de Historia de los Límites en 1920 y en el que señala en afirmaciones rotundas lo siguiente:

"Este curso creado para iniciar a los niños en el conocimiento de los graves asuntos nacionales no debe ser enseñado con espíritu estrecho y localista. El Perú cree tener razón en todas sus reclamaciones de límites e idéntico convencimiento anima a las naciones que discuten con él. El conflicto proviene de la defectuosa demarcación colonial española que no se preocupó de demarcar cuidadosamente sus dominios ni de precisar la geografía de estos. De allí han provenido los innumerables litigios de límites americanos. La verdad y la justicia se hallan, generalmente, en un término medio entre las pretensiones extremas. Es por eso criminal la actitud de quienes se empeñan en sostener como irreductibles las pretensiones máximas del Perú en sus problemas pendientes y la de los que, a propósito de pactos que han solucionado equitativamente nuestros diferendos con pueblos amigos, se empeñan en dramatizar el aula y el periódico con la mentira de las mutilaciones territoriales".

Ese es, muchas veces aun en nuestros días, el arma artera de los políticos de oficio, muy distantes de los hombres de Estado que buscan una paz digna pero sin innecesarias concesiones, como no lo fue hace 10 años, el caso simplista y erróneo de la llamada paz de 1998, en el ocaso de un régimen que antepuso sobre la patria el estigma de su decadencia moral.

Porras, en sus últimos años y meses, felizmente pudo estar liberado por la piedad del tiempo y de la muerte del espectáculo que los peruanos tuvimos que soportar
Felizmente en las noches de vigilia revive en nosotros la sombra amable y severa a la vez de quien con estilo brillante e igual profundidad defendió las bases de un Perú, que se ha quedado como paralizado por la vergüenza y el estupor que nos siguen causando los inenarrables episodios de estos últimos años.

Quisiera recoger con convencimiento, y para terminar estas reflexiones, las frases hermosas y profundas de un colega a quien estimé y respeté profundamente, el embajador y, sobre todo, el gran historiador Guillermo Lohmann Villena, quien al analizar la vigorosa personalidad del maestro Porras expresaba lo siguiente: "Porras Barrenechea fue por encima de todo un espíritu excepcional y una de las autoridades cimeras de la historiografía peruana. Ni la interrupción de su magisterio amical y persuasivo, ni su ausencia irreemplazable, ni el advenimiento de generaciones para quienes acaso sea solo un nombre sin alma serán bastantes para extinguir el recuerdo y la gloria póstuma --sol de los muertos-- de quien es una de las figuras egregias en la historia del Perú.

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