miércoles, 16 de julio de 2008

CRISTINA CORNEJO QUERIA SER VOLEIBOLISTA, PERO TERMINO HACIENDO PESAS. NOS REPRESENTARA EN HALTEROFILIA EN LAS OLIMPIADAS


PERU 21 04 de agosto de 2008

“Dejé el voleibol por el levantamiento de pesas”
Autor: Carlos Lara Porras

Cristina Cornejo, la mujer más fuerte del Perú, es una chica dulce y entregada a una pasión que la ha llevado a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Por levantar pesas, Cristina ha postergado su diplomado en Educación y se ha privado de muchas comodidades. Por eso, a nosotros solo nos queda admirarla.

Fuiste la última en clasificar, ¿pensaste que no se daba?
Sí, me cansé de esperar la 'wild card’ (invitación) y ya le había echado tierrita. Cuando me dijeron que asistiría a los Juegos no lo creía. Se me cayeron las lágrimas de emoción cuando vi mi nombre entre los clasificados. Cuando hay esfuerzo, los sueños se logran.

¿Cómo llegaste a este deporte?
Mi papá nos hacía ver los Juegos Olímpicos y fue así como me fue inculcando la práctica del deporte. A mí me gustaba jugar voleibol. Lo hacía por pasión y también para bajar de peso. Entrenaba duro, tres horas diarias. Pero un día fui con mi papá a la 'Bombonera’ del Estadio Nacional y por curiosidad entramos a la Federación de Pesas. Me llamó la atención. Mi papá me preguntó si me interesaba y le dije que sí.

¿Desde qué edad lo practicas?
Desde los 14 años, pero con ciertas interrupciones, porque al principio me aburrió. Yo venía de jugar voleibol y no era nada dinámico levantar pesas. Pero volví a los 19 , cuando me enteré que Manuela Rejas iría a Atenas 2004. Me dije 'yo también quiero estar allí’.

¿Hacer pesas no es algo muy rudo para las chicas?
No tanto así, rudo es el boxeo. Pero sí demanda mucha fuerza y algunas podemos ser algo toscas. A nosotras se nos rompen las uñas y tenemos las manos llenas de callos, lo cual es algo antiestético para una mujer. Al final, cuando le agarras el gusto, eso es lo último que importa.

¿Cierto que superas a algunos de tus compañeros?
En sentadillas les gano a varios hombres. Tengo mucha fuerza en las piernas y eso me ayuda a levantar más. En arranque hago 96, en envión 128 y en sentadillas 191. La china que ganó el oro en Atenas levantó 182 kilos en envión. Así que para estar en el podio tendrían que perder varias. Me quedaría tranquila si llego a estar entre las diez primeras.

¿Por qué los seleccionados de pesas tienen una concentración rígida en el Estadio Nacional?

Porque el entrenador prefiere que estemos concentrados al ciento por ciento para que no nos absorban los problemas que podamos tener en casa. En mi caso, hace un año y medio que vivo acá, a pesar de que soy de Lima.

Es una concentración modesta.
Solo hay un televisor que nos regaló el entrenador; hay que mover la antena para ver bien. No hay cable, ni teléfono. A las diez de la noche cierran las puertas. Nos dan libre el sábado por la tarde y debemos volver el domingo antes de anochecer, como en un cuartel.

¿Cómo es tu cuidado personal?
Hace poco recibí unas pautas de un nutricionista, pero no las seguí al pie de la letra. Me encanta el pollo a la brasa con papas fritas. Eso sí, nada de licor, porque te mata si uno toma suplementos.

¿Qué le puedes decir a la afición?
Trataré de superar mis marcas personales, aunque mi abuelita me dice que no pierda las esperanzas de algo mejor. Y también que apoye más a otros deportes; Brasil lleva más de 100 deportistas y nosotros solo 13.
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EL COMERCIO 22 de julio de 2008

Cristina la grande

Cristina Cornejo quería ser voleibolista, pero terminó haciendo pesas. Ella recibió una 'wild card' y nos representará en halterofilia en la cita china
Por Fernando Lozano Chávez

Cristina Cornejo es la mujer más fuerte del Perú. Puede que siempre lo haya sido, aunque recién ahora, a los 23 años, su esfuerzo y el azar se confabularon para hacérselo saber a todo el mundo. Ella recibió una 'wild card' o invitación para representar al Perú en halterofilia, en la categoría máxima de más de 75 kilos, en los Juegos Olímpicos de Beijing.

Se inició en las pesas por una feliz casualidad. "Cuando tenía 14 años fui con mi papá al Estadio Nacional porque quería jugar vóley. Siempre fui una buena levantadora. Como la Federación de Pesas estaba en la puerta de al lado, él preguntó si podía entrenar, pero lo rechazaron porque solo aceptaban chicos hasta los 18 años, pero le dijeron que yo sí podía hacerlo".

Y claro que podía. Siempre ha sido la más fuerte de su clase y esa es una ventaja que no se puede desaprovechar. "Le ganaba a todos en las competencias de vencidas, a mis compañeros, a los profesores, a los hijos de los amigos de mi papá. Siempre he sido más fuerte que la mayoría". La unión no hace la fuerza cuando al frente la tienes a ella: 115 kilos repartidos en 1,60 m.

Pero tampoco se deje intimidar. Es verdad que las apariencias engañan. Cristina, en polo suelto y en la familiaridad doméstica de su casa de Magdalena del Mar, donde nos recibió ayer, inspira confianza. Su sonrisa promete amistad sincera, y su entusiasmo ante un deporte poco comprendido, en una sociedad que se resiste a dejar el machismo, es otro motivo para sentirse feliz.

Su papá Guillermo y su mamá Marina se han tenido que comer con dulce la pena de no tenerla siempre en casa. Su entrenamiento casi militar la ha obligado a dedicarse por completo al deporte y a dejar en 'stand bye' su carrera de Educación Primaria en la Universidad Sedes Sapientiae. "Es una recompensa a tanto sacrificio", dice la señora.

Se podría decir también que es una especie de reivindicación colectiva para todos los pesistas de la selección nacional que, como ella, se sacan la mugre viviendo y entrenando en el Estadio Nacional, en el CAR del Callao, o donde tengan que hacerlo.
En cambio, Cristina, ajustada por la malla de entrenamiento, cerca de unas barras cargadas con pesas de varias decenas de kilos, es cosa seria. Ella no lo sabe con exactitud, pero calcula que al día debe levantar una tonelada de peso en los entrenamientos.

Objetivos claros
Ahora tiene en su poder los récords nacionales de juveniles y mayores; y sus marcas serían imposibles de superar por un fulano cualquiera como usted o como yo: 96 kilos en arranque (levantamiento con un solo impulso) y 128 kilos en envión (a dos tiempos). Poco, sin embargo, para el nivel olímpico, cuenta Cristina, quien el año pasado quedó cuarta en los Panamericanos de Río en Brasil.

"Las chicas que son las más fuertes levantan como 180 kilos en envión. Las más difíciles son las asiáticas. Una que vino para el Mundial Universitario del año pasado (en el que quedó cuarta en su categoría) levantó como 160 kilos, que es un montón. Pero es cuestión de entrenamiento. Ahora voy a Beijing para ganar experiencia, mi verdadero objetivo está en clasificar a los Juegos de Londres 2012 por mérito propio".

Pero el mérito ya es suyo. Ella fue considerada como invitada gracias a que el equipo de halterofilia de Bulgaria fue retirado de la competencia al descubrirse varios casos de dopaje. "Caer en eso es demasiado. Usar sustancias a la larga le hace daño a tu cuerpo", asegura, defendiendo la limpieza del deporte.

Lo había soñado
"Estoy muy emocionada. Hace poco soñé que me iba a los Juegos Olímpicos. Luego me llamaron y me dijeron que me habían dado la 'wild card'. El sueño se hizo realidad".
Así que es cierto. Cristina es la mujer más fuerte del territorio nacional. "Ahorita sí. La que me podría haber hecho la lucha es Manuela Rejas, me hubiera gustado. Ella dejó marcas que me están costando batir. Me da roche decirlo, pero creo que sí, que soy la mujer más fuerte del Perú".

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