viernes, 13 de junio de 2008

JORGE SALAZAR, CRONICA ROJA DE DUELO


EL PERUANO 10 de Junio de 2008

JORGE SALAZAR, ESCRITOR Y PERIODISTA
Crónica roja de duelo

A la edad de 68 años fallece el autor de La medianoche del japonés
Practicó el periodismo en áreas como policiales, deporte y gastronomía
Ernesto Carlín Gereda
ecarlin@editoraperu.com.pe

El escritor y periodista Jorge Salazar falleció en la madrugada de ayer a la edad de 68 años, debido a una dolencia cardíaca. Sus restos son velados en la iglesia Virgen de Fátima. Él se encontraba delicado de salud hace algunos años, a raíz de aquella dolencia.

Salazar nació en Chosica, Lima, en 1940 y ejerció el periodismo desde hace cinco décadas. Entre los medios en los que trabajó se cuenta La Tercera, Caretas y Expreso. Por su trayectoria, se desempeñó como profesor de periodismo en diversos centros de estudios.

Trayectoria en papel

Varias de sus investigaciones fueron el embrión de sus libros. Es el caso de La ópera de los fantasmas (1980), en que aborda la tragedia del estadio Nacional de 1964, por lo que obtuvo el premio Casa de las Américas; o La medianoche del japonés (1992), en que narra un asesinato ritual cometido por un inmigrante nipón.
Otras publicaciones suyas son Poggi: la verdad del caso (1987) y Los papeles de Damasco (2006). También incursionó en la crítica gourmet, cosechando el premio Gourmand World Cookbook Awards 2006 por Crónicas gastronómicas.

El año pasado había completado la serie de cuatro libros titulada Historia de la noticia, en la que hacía un recuento de los asesinatos de mayor repercusión mediática en el Perú ocurridos en el siglo XX.

Además de la crónica roja y de su afición a la cocina, también destacó en el campo del periodismo deportivo. Prueba de ello es su libro 11 historias de fútbol (2000) y sus innumerables columnas sobre deporte.
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CORREO 10 de Junio de 2008

El adiós a un escritor distinto
:: FALLECE EL NOVELISTA Y PERIODISTA JORGE SALAZAR, UNO DE LOS PIONEROS DE LA CRÓNICA ROJA EN NUESTRO PAÍS

Saber qué hacer con el tiempo que se nos concede es el secreto de los sabios. La respuesta a muchas interrogantes que nos demuelen el alma. Jorge Salazar (1942), quien falleció el domingo en la noche de un problema al corazón, lo supo hace muchos años, quizá en su adolescencia, cuando estudiaba en un colegio londinense su etapa escolar y devoraba libros en sus noches de insomnio, en sus noches de ensueño.

Ahí quizá también comprendió que los verdaderos espíritus libres necesitan de la imaginación, que la realidad muchas veces puede ser mezquina, áspera y que hay revanchas que se cobran desde un mundo paralelo. Él eligió el universo de las palabras, donde su voluntad fue la que prevaleció, donde él mismo selló su destino.

Su perfil

Quienes lo conocimos, quienes fuimos sus alumnos y quienes comimos en su mesa aquellos deliciosos platos que preparaba, como buen amante de la cocina, sabíamos que él no era un simple mortal. Nada podía ser simple en Jorge, un ser de múltiples aristas, de variados talentos.

Su prosa, en una crónica policial, tenía la posibilidad de arrancarle las tripas al lector. Asimismo, su prosa en una columna sobre el amor era despiadadamente tierna y entrañable. Las emociones latiendo, sin temor a la exposición de su propio corazón.

Su fuente creativa y su temperamento literario casi siempre provenían de su irrenunciable actitud periodística. Su obra La ópera de los fantasmas es una historia novelada sobre la tragedia del Estadio Nacional de mayo de 1964, donde centenares de personas murieron asfixiadas por los gases lacrimógenos que la Policía lanzó a las tribunas para evitar, supuestamente, una situación violenta.

Recuérdese que ese día la selección juvenil de Perú jugaba contra Argentina por un pase a las Olimpiadas de Tokio. El elenco peruano iba perdiendo y los hechos se desataron cuando se consigue el empate y el gol es anulado. El tristemente recordado Víctor Malasio Vásquez Campos, conocido como el Negro Bomba, fue el hincha que saltó a la cancha para agredir al réferi. La Policía lo golpeó violentamente. Las tribunas se agitaron. Los gases represores hicieron lo suyo. La gente quiso escapar pero no pudo: las puertas del estadio estaban cerradas. El final fue la muerte y el dolor. Esta tragedia, que enlutó a nuestra sociedad, tuvo en la novela de Salazar una serie de conjeturas sobre lo que somos como colectivo. El Premio Casa de las Américas en 1980 reconoció su valor.

La Medianoche del Japonés, otro de sus trabajos literarios más importantes, toma como referencia el asesinato de dos familias japonesas en la década de los cuarenta. Lima quedó conmocionada por años. Nuevamente, Salazar se adentró en una historia controvertida: otra vez su inquietud lo condujo a respuestas impensables e insólitas, donde la magia del azar también hacía lo suyo. Tal vez, a partir del azar, podamos entender el imaginario de este escritor, convencido de que un periodista sin suerte debería retirarse, pues no vale la pena que persiga eternamente una noticia que le será esquiva.

Y en esa búsqueda de revelaciones, Salazar demuestra su fortuna en el caso Poggi. Siendo periodista de la revista Caretas en los años ochenta, el sicólogo que ahorcó al descuartizador (Díaz Balbín) lo visita al semanario antes del crimen. El periodista pudo registrar fotográficamente una sesión de evaluación sicológica. Después, cuando nadie se lo imaginaba, Mario Poggi, el sicólogo del caso, estrangula al asesino. Cuando la noticia sale a la luz, el periodista poseía un material invaluable.

Su vida se ha gestado en esa senda, tratando de ver lo que otros no ven. Tratando de llegar a donde otros no saben que se puede llegar. El azar tiene sus secretos, todo no es ciencia. Hay ciertas fuerzas que realizan lo propio de manera misteriosa. Unos pocos son conocedores de esto y se han visto favorecidos por la buena fortuna. Jorge Salazar ha sido uno de ellos. Que tu buena estrella te acompañe en este viaje.

Manuel Eráusquin
merausquin@epensa.com.pe
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LA PRIMERA 11 de Junio de 2008

Qué pasa? Alejandro Romualdo, Edmundo de los Ríos y Jorge Salazar han muerto sin que el Estado peruano los haya asistido en momentos más difíciles.
Jorge Salazar, hasta siempre amigo

Jorge Salazar, escritor, novelista y periodista.

DATO

Jorge Salazar fue escritor, novelista, cocinero, periodista, gran conocedor de fútbol y billar, colaboró en la UNICEF en temas deportivos. Trabajó muchos años como redactor cultural de la revista Caretas.

Jorge Salazar representa al escritor peruano emergente, al novelista que procedía de un estrato distinto a los novelistas anteriores, debido a sus orígenes étnicos, económicos y culturales. Ese fue un hecho que lo marcó para siempre y del que se sentía muy orgulloso, especialmente en relación a sus ancestros. Nació en 1940 en Chosica, pero su juventud y adultez las pasó en Lima, en una atmósfera adversa, racista y nauseabunda.

Ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pronto fue ganado por la prédica del ELN y el heroico sacrificio de Javier Heraud. Una vez superada esa etapa que le produjo serios problemas personales, se dedicó a escribir con furia y pasión. Así es como publicó Piensan que estamos muertos, contando como coautor a Alaín Elías (1976). Con la novela La ópera de los fantasmas (1980) ganó el Premio Casa de las Américas. Luego publicó la novela Poggi: la verdad del caso (1987). Después, La medianoche del japonés (1991), un crimen que remeció la aletargada conciencia de una sociedad injusta.

Ahora no se trata de lamentar lo sucedido. Es ocasión para señalar el abandono social en que se encuentran los escritores peruanos. Jorge Salazar pudo haber escrito grandes novelas si el Estado peruano instituyera becas para escritores, si fueran apoyados por el INC y se creara una editorial para publicar libros peruanos.
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CORREO 18 de Junio de 2008

Coco

Mirar y tocar el alma del otro: pocos son los que tienen ese don. Un don que no depende de las miles de páginas que se hayan leído o escrito. Tampoco de los diferentes países que podamos haber visitado. Existen cierto tipo de sensibilidades que nacen con uno y determinan nuestra forma de vivir. Jorge Salazar nació con el don de ver y sentir lo que el prójimo sentía. Sus escritos lo comprueban.

Conocerlo en mis tiempos universitarios fue aprender y asumir que la decisión más importante es vivir. Que sobrevivir sería sucumbir a la infecciosa enfermedad de la mediocridad. Que el dolor o nos hace más fuertes o nos encanalla. Que no vencer el miedo sería nuestra condena a pasar nuestra existencia de rodillas.
En su casa, donde preparaba un exquisito arroz con pato y otras bondades de la buena mesa, se apreciaba la conversación inteligente, se defendía el derecho a pensar. Y claro, también a dudar, incluso de él. Sus diversas y épicas experiencias de vida eran demasiado, demasiado para cualquiera.

Confieso que a veces dudaba de sus historias, relatos en los que podía ser bailarín de flamenco en Alemania, cocinero en un barco de guerra israelí, piel roja en alguna película de Hollywood o, tal vez el que más me costó creer, exitoso seductor de bellas mujeres. Su extraño aspecto físico impedía que creyera tales conquistas. Con el paso del tiempo, la verdad se manifestaba y siempre estaba de su lado.

A Jorge Salazar le debo mi camino periodístico. Él abrió algunas puertas para que empezara en este oficio de la mejor manera. Sus llamadas telefónicas a sus amigos más influyentes pavimentaron mi ruta. Lo sabe él, lo saben quienes me conocen y lo saben aquellos que fueron bombardeados por esas llamadas de ferviente generosidad.
Hace más de una semana que falleció; un mal cardiaco lo ha conducido a un nuevo viaje. A mí me quedan los recuerdos: los buenos y también los malos; pero esos no importan, sobre todo cuando la reconciliación limpió heridas y llegó a tiempo. Ahora deseo que su nueva aventura le sea propicia, que se siente en la mesa de los dioses y que todos ellos conozcan la magia de su humanidad: magia pocas veces vista en este mundo.
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CORREO 24 de julio de 2008

ROLANDO BREÑA PANTOJA

Jorge “Coco” Salazar

Han pasado ya algunas semanas de la muerte de Jorge “Coco” Salazar. Yo no sé si le tengo una deuda. Porque hace algunos años, bastantes ciertamente, conversando con él en un encuentro casual (casuales fueron todos nuestros encuentros después de San Marcos), lo comprometí (creo que lo comprometí) a sentarnos una noche en un café para que en el transcurso de la noche entera hablara sobre su vida, para una biografía o algo parecido. Pero se murió y no sabré nunca si su promesa fue sólo una salida a mi majadería.

Lo conocí cuando ingresé a San Marcos. 1962. Fue uno de los primeros comunistas que conocí personalmente. Fue nuestro responsable en nuestros Círculos de la Juventud Comunista en la Facultad de Letras. Recuerdo el grupo de adolescentes: Darío Rubio, Azparrent, Delgado, García-Godos, Luis Ojeda, María Tello, entre otros, en larguísimas reuniones para estudiar, discutir, organizar, conspirar, soñar con la revolución y el socialismo.

Jorge, siempre impaciente y apurado, mirando a los lados, como esperando permanentemente algo o a alguien. Hablando como quien da sentencias, casi entre susurros, como convenía a un buen conspirador; actuando, en un informe o en un análisis, como un experto mecánico desmontando una máquina, sin olvidar ninguna pieza suelta esencial o secundaria.

Con un eterno cigarrillo quemándole los dedos. Con ternos casi extravagantes por su tremenda estrechez, que lo hacían más flaco (y lo era bastante), de colores no muy usuales, una delgadísima corbata (se podía creer que Jorge había dividido una corbata en dos). Los pantalones casi siempre cortísimos, como si fueran de una talla inferior a la suya. Los zapatos siempre bien lustrados, brillantes, enormes.

Justamente por eso dejó de ser para nosotros Jorge o “Coco”. Lo bautizamos como “El Barón Dandy”. El camarada “Barón Dandy”.

Nos sorprendía siempre con sus conocimientos. No había hecho político, nacional o universitario que no conociera lo suficiente para exponerlo, explicarlo y argumentar a favor o en contra. Y cómo bailaban sus ojos cuando se apasionaba en sus intervenciones o conversaciones. Se atropellaba a veces al hablar. Tal era el cúmulo de datos y detalles que quería comunicar, que no parecía suficiente la velocidad de su verbo.

La vida y los avatares políticos nos separaron. Quince o veinte años después lo encontré en la presentación de uno de sus libros. De allí las circunstancias nos juntaron de cuando en cuando. Al conversar no recordamos nunca los tiempos sanmarquinos. Al hablar de política, lo hacía como el médico forense al diseccionar un cadáver: preciso, seco, frío. Al hablar de cocina parecía tener delante una fuente del manjar que describía o cuya historia contaba. Al hablar de fútbol no había historia ni anécdota que no brotara como un torrente por la inmensidad de sus conocimientos, sus recuerdos, sus odios, sus amores.

Esta nota acaba abruptamente, incompleta. Hasta la vista, mi querido “Barón Dandy”.

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CORREO 13 de mayo de 2007

Sangriento recuento

La última investigación del periodista y escritor Jorge Salazar es, realmente, de quitar el sueño. Con el volumen 4 de su Historia de la noticia, subtitulado La sangre derramada, Salazar describe tanto los crímenes como las turbulentas personalidades que están detrás de ellos. Desde parricidios y homicidios múltiples, hasta asesinos seriales, esposas engañadas convertidas en viudas negras y mentes nubladas por el alcohol que dan cuenta descabelladamente de las vidas de sus víctimas.

El elemento que signa la mayoría de asesinatos cometidos en las tres décadas postreras del pasado siglo es la domesticidad. Este concepto acapara más de un ítem dentro del recuento y devela cómo la violencia se inscribe dentro de los límites de la casa y, más concretamente, de la cama.

Salazar repasa las muertes que mayor cobertura alcanzaron en la prensa local, al tiempo que ubica junto a ellas sucesos del quehacer histórico internacional, lo cual otorga al libro cierto toque de distensión en medio de tanta sangre y atentados. Los años de la guerra interna serán, sin duda, los más sangrientos. La violencia desatada por Sendero Luminoso, el MRTA y las Fuerzas Armadas nos costó la muerte de miles de personas, la desaparición de comunidades enteras y la vejación de miles de compatriotas, sobre esto también se detiene el autor, aunque someramente ya que se especializa sobre todo en los asesinatos de índole no política.

Bajo la categoría de domesticidad que se señala es fácil observar que la mayoría de receptoras de la violencia son las mujeres. En palabras de Salazar: Y en ese rubro las víctimas principales las siguen constituyendo las convivientes o esposas de los asesinos, en muchos casos acompañadas de sus menores hijos. (14) Este fenómeno conocido como feminicidio tiene un antecedente en la violencia doméstica. Hecho ampliamente preocupante no sólo para el Estado sino también para la sociedad civil.

Concluyo por señalar que la investigación de Jorge Salazar nos concierne a todas y a todos, como ciudadanas y ciudadanos, y no exclusivamente a los especialistas. En este sentido, me permitiré apuntar una de las muertes que más conmovió a la opinión pública, la de la lideresa de Villa El Salvador María Elena Moyano. A quince años de su desaparición es importante que recordemos su fuerza y su valor, y señalemos, como bien lo hace Salazar, las causas y los culpables que tanto dolor causaron a las familias peruanas.

Autor: Jorge Salazar
Título: Historia de la noticia. Vol. 4: La sangre derramada.
Editorial: Universidad de San Martín de Porres. Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación

1 comentario:

crónicas dijo...

Aquí les dejo la dirección del blog dedicado a la obra literaria de Jorge Salazar:

http://laoperadelosfantasmas.blogspot.com/

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