lunes, 12 de mayo de 2008

UN PLANETA AGOTADO. ARTICULO DE OPINION DE PAUL KRUGMAN

La República 14 10 08

Estadounidense Paul Krugman gana el Nobel de Economía 2008

Es un tenaz crítico del gobierno de George W. Bush. Anticipó hace años la estrepitosa crisis final de la era Bush.

Agencias.
El economista estadounidense Paul Krugman, de 55 años, ganó ayer el Premio Nobel de Economía 2008, por sus trabajos de análisis sobre comercio y globalización.
Krugman, profesor de economía y relaciones internacionales en la Universidad de Princeton, es popular en EEUU por las columnas que publica en el New York Times, donde ha criticado las medidas económicas del gobierno de Bush.
Desde su óptica liberal y keynesiana –la escuela económica que cree en el poder de control del Estado en épocas de crisis– ha fustigado a la administración republicana.

"EL GRAN ENGAÑO" DE EEUU
Visionario, Krugman anticipó hace años la estrepitosa crisis final de la era Bush. En 2003 publicó "The Great Unravelling" (El gran engaño), un ataque frontal contra la gestión de Bush que se convirtió en best seller. Su principal argumento es que el déficit acumulado por la Casa Blanca por el recorte de impuestos y el aumento del gasto público, sobre todo a causa de la guerra en Irak, era insostenible.

Enterado de su elección, Krugman aprovechó la ocasión para opinar sobre la crisis financiera norteamericana, a la cual comparó con la Gran Depresión y consideró tan severa como la crisis asiática en la década del 90.
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GATOENCERRADO Mayo 2, 2008

Un planeta agotado:Por Paul Krugman

Hace nueve años The Economist publicó un gran reportaje sobre el petróleo, que se vendía entonces en 10 dólares el barril
La revista advertía que eso quizá no duraría. En cambio, sugería, el petróleo bien podría caer a cinco dólares el barril.

De cualquier modo, afirmaba The Economist, el mundo tenía ante sí “la perspectiva de un petróleo barato y abundante en el futuro previsible”.

La semana pasada, el petróleo llegó a los 117 dólares.
No es sólo que el petróleo ha desafiado la complacencia de hace unos años. Los precios de los alimentos también se han disparado, al igual que los de los metales básicos. Y el incremento global de las materias primas está reviviendo un asunto del que no habíamos oído mucho desde los 70: ¿el abastecimiento limitado de recursos naturales representará un obstáculo para el crecimiento económico mundial a futuro?
La respuesta a esta pregunta depende en gran medida de cuál se considere el motivo que está impulsando los precios de los recursos. En términos generales, existen tres opiniones distintas.
La primera sostiene que la razón fundamental es la especulación; que los inversionistas, buscando grandes ganancias en momentos en que las tasas de interés son bajas, se han volcado a los futuros de materias primas, impulsando los precios. En esta óptica, pronto llegará el día en que la burbuja se reviente y los altos precios de los recursos naturales empezarán a descender.

La segunda visión es que el disparo de los precios se basa, de hecho, en los fundamentos económicos, especialmente la creciente demanda de los chinos —que cada vez comen más carne y compran más automóviles—, pero que en su momento perforaremos más pozos y sembraremos más hectáreas, por lo que el aumento de la oferta conducirá de nuevo los precios a la baja.

La tercera postura es que la era de los recursos naturales baratos se acabó para siempre, que nos estamos quedando sin petróleo, sin tierras para expandir la producción de alimentos y, en general, sin un planeta para seguir explotando.
Mi opinión es que nos ubicamos entre la segunda y la tercera opinión.
Algunas personas muy inteligentes —entre ellas George Soros— creen que vivimos una burbuja de materias primas (aunque Soros dice que la burbuja aún se encuentra en su “fase de crecimiento”). Mi objeción con esta postura, empero, es ésta: ¿dónde están los inventarios?

Normalmente, la especulación impulsa los precios de las materias primas al promover la acumulación. Pero no hay indicios de acumulación de recursos en los datos: los inventarios de alimentos y metales se ubican en mínimos históricos o cerca de ellos, mientras que los inventarios petroleros muestran un nivel normal.
El mejor argumento a favor de la segunda teoría —que el agotamiento de recursos es real pero temporal— es el fuerte parecido entre lo que estamos presenciando ahora y la crisis de recursos de los 70.

Lo que más recuerdan los estadounidenses de los 70 es el disparo de los precios petroleros y las filas en las gasolineras. Pero también se registró una grave crisis alimentaria global que provocó mucho sufrimiento en las filas para pagar de los supermercados y, lo que es más importante, contribuyó al surgimiento de hambrunas devastadoras en naciones pobres.

En retrospectiva, el auge de las materias primas de 1972 fue probablemente resultado de un rápido crecimiento económico mundial que superó el ritmo de crecimiento del abastecimiento, combinado con los efectos del mal clima y los conflictos en Medio Oriente. Con el tiempo la mala suerte terminó, se destinaron nuevas tierras al cultivo, se encontraron nuevas fuentes de petróleo en el golfo de México y en el mar del Norte, y los recursos volvieron a ser baratos.
Sin embargo, en esta ocasión las cosas podrían ser distintas: las preocupaciones sobre lo que puede suceder cuando una economía mundial siempre en crecimiento empuja al límite los recursos de un planeta finito, parecen más fundamentadas ahora que en los 70.

Para empezar, no creo que el crecimiento en China disminuya marcadamente en el corto plazo. Eso representa un gran contraste respecto de lo acontecido en los 70, cuando el crecimiento en Japón y Europa, las economías emergentes de la época, retrocedió y con ello suavizó mucha de la presión sobre los recursos mundiales.
En tanto, cada vez es más difícil encontrar recursos. Los grandes descubrimientos de petróleo, en particular, son cada vez menos y más tardados, y en los últimos años la producción petrolera de nuevas fuentes ha sido apenas suficiente para compensar la declinante producción de fuentes establecidas.

Y el mal clima que azota zonas de producción agrícola esta vez empieza a lucir más fundamental y permanente que El Niño y La Niña, que arruinaron las cosechas hace 35 años. Australia, en especial, sufre ahora el décimo año de una sequía que cada vez parece más una manifestación a largo plazo del cambio climático.

Supongamos que realmente estamos llegando a los límites globales. ¿Qué significa?
Incluso si resulta que efectivamente estamos en el techo, o muy cerca, de la producción petrolera mundial, eso no significa que un día diremos “ay Dios, nos acabamos de quedar sin petróleo” y veremos como la civilización se colapsa hacia una anarquía estilo Mad Max.

Pero las naciones ricas enfrentarán crecientes presiones sobre sus economías derivadas del alza de los precios de los recursos naturales, lo que hará más difícil elevar sus estándares de vida. Y algunos países pobres se encontrarán viviendo peligrosamente cerca del límite, o por encima de éste.
No mire ahora, pero probablemente los buenos tiempos están llegando a su fin.

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